El socialismo alemán traduce del portugués. Alemania imita a Lula; y Lula sigue los pasos de Kok, de Felipe González, de Prodi y D’Alema, de Blair, de Fabius y demás izquierdistas neoliberales, incluido el extremo oriental del planeta China continental; que es comunista, pero nada idiota.
Desde hace más de diez años, los socialistas último modelo repiten su jugada: llegan al poder y cortan el cordón umbilical con los ultras y los sindicatos para realizar a todo vapor los cambios que exige la globalidad: un conjunto armónico de transformaciones que habían calificado duramente durante el ejercicio de la oposición; y que infaliblemente, cuando alcanzan el poder, pasan a cumplir: privatizan, adelgazan el Estado, abren la economía, bajan el déficit y la inflación, estabilizan la moneda; mejoran la competitividad, el nivel de inversiones y el empleo. Para hablar corto y claro: socialistas en el poder = Chicago boys.
Los radicales y los gremios que en cada caso votan engañados por los compañeros candidatos, cuando se despiertan y ven lo que pasa, hablan de estafa. Y tienen buena parte de razón, "los compromisos se contraen para cumplirlos".
Esta semana los dirigentes sindicales alemanes iniciaron una escalada verbal contra el plan de recortes sociales de la coalición del Gobierno (que integran los socialdemócratas (SPD) con "Los Verdes").
Sucede que en Alemania están pasando cosas inesperadas: el canciller socialista Gerhard Schröder hace punta en ¡la reforma de la seguridad social! Propone reformar recortando derechos adquiridos, a la manera brasileña que tramita Lula.
El presidente de la Confederación Alemana de Sindicatos (DGB), Michael Sommer, y el futuro jefe del poderoso sindicato IG Metall, Jürgen Peters, encabezan la rebelión.
Schröder intenta limar asperezas y acercar posiciones tras el recibimiento con abucheos que le dieron el Primero de Mayo.
En esa conmemoración, estando presente el canciller Schröder, Sommer llegó a establecer paralelismos entre la situación actual de ataques contra los sindicatos y la persecución sufrida en los tiempos del nazismo.
Media hora antes del acto central de la DGB en Francfort, al que asistieron Sommer y Schröder, el futuro presidente del IG Metall, Peters, que lleva camino de convertirse en la bestia negra del Gobierno y de la patronal, se extendía en el mitin de Hannover en las comparaciones entre el actual "desmantelamiento social" y los ataques contra los sindicatos y lo ocurrido hace 70 años; cuando el 2 de mayo de 1933, los nazis, recién llegados al poder, empezaron a mandar a los sindicalistas a campos de concentración.
La comparación no fue producto de la emoción del mitin del Primero de Mayo. Un día después de los mitines de la fiesta de los trabajadores, Sommer insistió en la sede de la DGB de Berlín en la comparación con los años treinta:
—"Hay paralelismos históricos, otra vez los poderosos intentan transformar las estructuras del Estado social".
Según Sommer, la discusión abierta ahora en Alemania recuerda aquellos tiempos. El dirigente sindical citó frases de un dirigente empresarial que en 1931 recomendaba centrarse en la lucha contra los sindicatos.
Según Sommer, la situación actual se asemeja y, al igual que entonces, ya ha empezado la lucha de los empresarios contra la autonomía en la negociación de los convenios colectivos.
Sommer advirtió contra los riesgos de sacudir los principios básicos de la democracia y dijo que los sindicatos se opondrán a todos los que lo intenten.
Las relaciones entre el SPD (más en concreto el Gobierno) y su canciller Schröder, se encuentran deterioradas por el proyecto de bajar los beneficios sociales previstos en la llamada "Agenda 2010".
Schröder defiende su proyecto con el argumento de que la modernización y puesta al día de Alemania exige esos recortes.
Los sindicatos y los sectores más tradicionales del SPD consideran las reformas de Schröder como la expresión del peor neoliberalismo y preconizan una política económica neokeynesiana, que fomente la demanda con inversión pública y sin disminuir el poder adquisitivo de los trabajadores.
La lucha está abierta y Schröder tiene varios frentes. La oposición cree que los planes de reforma oficial se quedan cortos y los sindicatos no están dispuestos a tragarse semejante sapo.
Una docena de diputados del SPD, a los cuales le pusieron el mote de "los 12 apóstoles", se opone a los planes del Gobierno desde dentro del gobierno.