Iglesia Católica preocupada por el desempleo

La Conferencia Episcopal del Uruguay (CEU), que reúne a los ocho obispos católicos del país, emitió hoy un mensaje por la celebración, el jueves, del Día Internacional de los Trabajadores, donde exhibió su preocupación por el desempleo, que en la última medición oficial se ubicó en 17,8%.

"Hoy la realidad del desempleo golpea fuertemente la vida de muchos uruguayos. Nuestra sociedad está deteriorada por la creciente precariedad del trabajo que va llevando a los hombres y mujeres de nuestra tierra a aceptar empleos en condiciones cada vez menos humanas, con tal de no caer en la indigencia total", expresó la CEU.

El mensaje agregó que "esta realidad socava los cimientos de la convivencia social pacífica, destruye la base misma de nuestro pueblo que es la familia, e instala entre nosotros una peligrosa competencia para sobrevivir".

Según los obispos "el desempleo es un problema humano y ético antes que económico (porque) esta misma precariedad del mercado hace que la lucha por conseguir un puesto de trabajo -y hasta de acumular más de uno para prevenirse- rompa la solidaridad mínima entre los trabajadores y disminuya la posibilidad de organizarse para defender sus derechos y asumir sus responsabilidades".

"La competitividad e inseguridad llevan al exceso de tiempo de trabajo y la ansiedad, no sólo peligrosos para la salud sino dañinos para la misma eficiencia económica que se pretende. Todo lo cual repercute sobre la estabilidad de las familias, desgasta e irrita a los matrimonios y destruye la esperanza de los hijos que no pueden recibir la atención debida", afirmaron.

Por eso "nuestros jóvenes (...) se imaginan sin lugar en su propia tierra, sin posibilidades reales de conseguir un salario digno, sueñan con la frágil ilusión del pasaporte a otras tierras y así arriesgan nuevas decepciones. Necesitamos generar condiciones que alienten el retorno de los que se han ido".

La CEU destacó entonces que "urge también hoy una seria obligación moral de aumentar la eficiente inversión pública y privada en empresas que produzcan bienes útiles de manera estable".

"Quienes prefieran no correr riesgos y mantener improductivo el capital deberían recordar aquellas palabras de Juan Pablo II: Sobre toda propiedad privada grava una hipoteca social ", expresó el mensaje.

AFP

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