BUENOS AIRES |
Miguel Álvarez Montero
Evita Perón era actriz y decididamente hermosa, sobre todo después que su rostro se afiló dejando atrás la redondez de sus años pre-Perón. Y en esa suerte de endiosamiento que le dispensó una amplísima mayoría de argentinos, tuvieron mucho que ver el hecho preciso de ser actriz, su hermosura y su "look" de reina, que ella supo cultivar vistiéndose majestuosamente y exhibiendo una colección de joyas propia de un museo de orfebrería. Desde entonces parece que los argentinos miran tanto a sus candidatos como a sus mujeres, y que estas —si son hermosas y han pasado por la celebridad farandulera, sobre todo— tienen su buena cuota parte en las preferencias electorales.
Está claro que para los argentinos esas mujeres deben lucir como reinas situadas por encima de la media popular. Si es así, las elevan a la categoría de ídolos. Algo hay de eso, al fin y al cabo, si se observa la inmensa popularidad de sus dos mayores exponentes de la farándula, Susana Giménez y Mirtha Legrand, vestidas siempre con mayor glamour que cualquiera, rubias y peinadas, enjoyadas y movilizadas en limusinas. La admiran observándolas desde abajo hacia lo alto, lo que se comprueba claramente con lo que la televisión nos trae: "Ay Susana, sos divina; yo te adoro", le dicen las mujeres que la llaman por teléfono a su programa, en una suerte de admisión de la superioridad de la "star".
LAS "CANDIDATAS". Zulema Yoma no marcaba ese perfil y por algo nunca la quisieron, pero Zulemita estuvo cerca, aunque su irremediable tosquedad le impidió alcanzar el grado de "glamour" que algunas revistas se empeñaron, sin suerte, en darle.
De alguna manera, Carlos Menem percibió el "factor femenino", y antes de lanzar su nueva candidatura se buscó su "reina", proveniente del mundo de la fama. La encontró en Cecilia Bolocco (37 años), una chilena rubia y bella, con título de "Miss Universo", animadora de televisión internacional (la CNN) y con suficiente carisma para hablarle "desde la altura majestuosa" a las mujeres del pueblo, las que la quieren así, bella e inalcanzable, las que quizás por ello (y por ella) sumaron votos a su marido.
Y por el lado de la otra fórmula ganadora también parece que el mismo "factor femenino" pudo tener su incidencia. La esposa de Néstor Kirchner es la senadora Cristina Fernández, una morocha de 50 años sin aspecto de reina sajona pero con "look" de actriz latina, conquistadora con la palabra, que habla y convence, que ríe y enamora. Es linda sin ser excepcional y tiene, sobre todo, carisma. Para algunos es como Hillary Clinton, que sabía cuándo mover los hilos de su marido.
LA SCIOLI. Pero en la fórmula oficialista se hace ver, también, la esposa del candidato vicepresidencial Daniel Scioli, la ex modelo Karina Rabolini, que impuso una marca de ropa con su nombre. Fue tapa de "Gente" infinidad de veces (lo que da un innegable sello de "bella"), reinó en las pasarelas de la moda en tiempos de otras "diosas" (como Carolina Peleritti, por ejemplo) y hasta puede recordarse que desfiló ataviada sólo con algunas pocas plumas en una scola do samba durante un carnaval carioca, atrayendo sobre sí no sólo infinidad de miradas, sino decenas de fotos en diarios del mundo que rescataron su impresionante figura. Karina Rabolini sigue siendo linda por donde se la observe, tiene un "look" tipo Bolocco (aunque más natural, menos estudiado) y hay que sospechar que tuvo también su incidencia en las preferencias femeninas. Al menos, cumple con los requisitos imprescindibles: belleza y pasado de fama en el ambiente farandulero.
¿Que si por ser como son lograron acarrearle votos a sus maridos? Parece factible. No en vano las tres tuvieron marcada presencia en la noche de las respectivas celebraciones y se encargaron de hablar por los medios en cuanto tuvieron la oportunidad. Cecilia no se separó del brazo de su marido durante el discurso celebratorio y hasta tomó el micrófono; Cristina compartió entrevistas con su triunfante esposo (podría decirse que en algunos casos habló más rato que él) y Karina se dejó ver bella y locuaz en la noche del hotel Intercontinental. Y, seguramente, acrecentarán su presencia en cuanto se lance de lleno la carrera del balotaje.