Entes y tarifas repelentes

| Uruguayos adoradores del monopolio: "nuestro costo-país es sagrado, y debe ser el menor posible"

Nunca pude comprobar si las personas que determinan los precios políticos en el Uruguay "oyen voces", como le sucedía a Juana de Arco; pero si no hay alguien bajado del cielo que los inspire, todo me lleva a pensar que esos precios faltos de inspiración divina y determinados al tun tun, resultan dos veces dis: disparatados y distorsionantes.

Es una desgracia que la veneración por los monopolios sea la única creencia compartida por el gobierno y la oposición.

Pero es así: todos los que mandan, más todos los que impiden mandar, se juntaron para que Ute, Antel, Ancap, el Puerto, Ose o los bancos oficiales impongan precios fijados a fuerza de ocurrencias burocráticas.

Este es un país rayado, en medio de las mayores libertades políticas, vive sometido a la tiranía de un Estado recaudador a lo loco.

No tengo comercio, no estoy en la industria y menos en la explotación rural, pero cuando ceno demasiado y tengo pesadillas, sueño que la Ute me corta la luz y que Ose me corta el agua y que el Brou me ejecuta por mal pagador y que Antel me deja ciego y sordo, sin Internet. En los momentos de lucidez, me pregunto: ¿Cómo hace este paisito para exportar en medio de este asedio de aberraciones?

Más de una vez publiqué esta frase admirable del señor Jiang Zemin, cuando mandaba en China continental:

—"Sin apertura, no conoceremos el desarrollo y abrirnos al mundo exige transformaciones estructurales que habiliten para la libre competencia. Las importaciones componen nuestro costo-país y nuestro costo es sagrado: debe ser el menor posible".

No tengo dudas: en China continental, si Antel cobrara veintidós veces el precio internacional por uno de sus servicios (como vi suceder) los directores de Antel serían fusilados.

El Uruguay es vulnerable y no puede competir ni recibir inversiones creadoras de puestos de trabajo, porque los precios más importantes de su economía (electricidad, combustibles líquidos, gas natural, telecomunicaciones, puertos o créditos) se fijan para equilibrar el Presupuesto de la Nación y mantener el lujo de los entes.

Hay que echarle un vistazo al monto de los sueldos y a los renglones de las planillas; los acomodos son legión. Basta ver los edificios de los bancos oficiales, de Ancap, de Antel, de Ute, de Ose; son tumbas asirias. Sólo que en cada pillo y sus ladrillos hay una gota de sangre de la exportación que fue devorada por las pirañas tarifarias.

La presente nota está escrita en homenaje a Mijaíl Górbachov que a mediados de los años 80 llegó a despejar la causa motora de la tragedia soviética: la formación administrativa de los precios.

ENSEÑANZAS VIENESAS. Cuando la revolución rusa tenía tres años de edad, el profesor Ludwing von Mises entendió completamente el plan marxista y auguró el porvenir: desastre.

Uno piensa en la cantidad de mártires y héroes que murieron por no escuchar a este austriaco genial nacido en Ucrania y duda de la inteligencia humana.

Bajo el nombre de "Guerra Comunista" los bolcheviques de Lenin nacionalizaron los medios de producción; declararon el fin de la economía del dinero; crearon la planificación centralizada y destruyeron la fijación de precios, creada por el mercado libre.

En 1920, Ludwing von Mises publicó un trabajo inicial, referido a los precios políticos; cincuenta páginas bajo el título de "Cálculo económico en la comunidad socialista" y allí estaban las ideas fundamentales que luego desarrolló hasta tipificar técnicamente el "caos planificado" (1940). Cuarenta y seis años después, Pravda el diario oficial del régimen soviético repetiría este mote llamándole "anarquía planificada" al mismo desatino.

—"Supongamos que no le damos importancia al hecho de que los gobernantes de las repúblicas soviéticas se preocuparan muy poco del bienestar de sus conciudadanos; descartemos la falta de incentivos personales en esa economía; incluso hagamos caso omiso a la total falta de preocupación por el consumidor; el problema básico continúa siendo el mismo: en cuanto a precios, el planificador (el burócrata) mejor intencionado, no sabe qué hacer" - así escribe el profesor Richard M. Ebeling en un precioso artículo referido a von Mises ("La imposibilidad del socialismo").

Hay un argumento decisivo en la tesis del austriaco: la planificación centralizada en el gobierno destruye la herramienta más importante para sincerar la economía: los precios de mercado formados por la competencia.

"La competencia entre las ofertas de diferentes bienes y servicios genera un precio de mercado. Y este precio contiene la información útil que aportan todos los competidores participantes en cada rubro de los negociados en el mundo.

Las alzas y bajas de los precios permiten que el empresario evalúe el valor relativo y el beneficio de utilizar tales o cuales medios de producción de manera alternativa.

Así se toman millones de decisiones para determinar qué se fabrica, en qué forma y al menor costo. Para que el sistema funcione internacionalmente, se hace necesario que el valor de mercado de todos los bienes y servicios, y de todos los medios de producción, estén reducidos a un denominador común que permita comparar.

Esto, a decir de von Mises, es lo que hace posible el "cálculo económico" en una economía de mercado. El libre mercado provee el método de participación universal, que contiene una masa de información y de trabajo, casi infinita.

Von Mises insistía: el problema con el socialismo es que provoca un corto-circuito en el proceso del "cálculo económico". Y lo hace aboliendo la propiedad privada de los medios de producción y alterando o impidiendo, el libre intercambio; y sin intercambios libres y generalizados, no hay precio de mercado y se pierde sabiduría en cantidad incalculable.

El planificador socialista (que puede ser un gerente de Ancap) está sólo intentando guiar la economía con los ojos vendados. No conoce la manera apropiada para producir más y mejor o para mejor servir a los consumidores. Es esto lo que distorsiona los flujos naturales y lleva a la anarquía o al caos planificado.

Para completar el "hecho von Mises" cabe transcribir un párrafo biográfico escrito por Ebeling en el artículo que hemos glosado.

—Von Mises "fue maltratado y odiado por gran parte de la comunidad intelectual, incluyendo a muchos economistas de todo el mundo. ¿Cuál fue su crimen? En una época en la que reinaba la ideología colectivista, en la cual el Estado era adorado como un dios a quien debía rendirse obediencia, Ludwig von Mises defendió al individuo y a su libertad de elegir o decidir contra los gobiernos omnipotentes (gobiernos totalitarios o crasamente equivocados, como es nuestro caso).

ATERRIZO EN LA PATRIA. Elijo un ejemplo colosal de fecha reciente. El conjunto empresarial que administra los combustibles en representación de todos los uruguayos (la Administración Nacional de Combustibles, Ancap) tomó las siguientes decisiones, incoherentes entre sí, ajenas al mercado que monopoliza y contrarias al interés nacional:

1) bajó en 3 pesos el litro de nafta porque el crudo cuesta menos;

2) prometió saber cual ha de ser el precio exacto del gas natural, para dentro de 90 días; puesto que todavía se ignora el porcentaje que habrá de fijar la ley que le imponga tributos); y

3) anunció que el precio del gasoil se mantendrá incambiado porque en este caso se compara con los precios de la región y resulta más o menos parejo.

PREGUNTO: ¿Cuál de los funcionarios de Ancap sabe lo suficiente para decidir de acuerdo con estos tres criterios diversos entre sí, lo que más le conviene a la producción nacional y a la exportación, al logro del menor costo-país?

¿Cómo pueden los comerciantes, industriales y productores del Uruguay organizar su actividad y hacer planes o contratar, cuando la energía depende de los criterios sorpresivos que de golpe y porrazo imagina Ancap? (Sin contar los criterios múltiples y novedosos que también pueden alterar las tarifas de Ute, que administra la energía eléctrica).

¿Quién puede trabajar pensando que la nafta va subir si sube en la región y que al mismo tiempo el gasoil va a bajar porque bajó el crudo, o al revés; o que a lo mejor suben y bajan al mismo tiempo la nafta, el gasoil y el gas natural, no se sabe cuál ni cuánto, ni cuándo? A traición bien pueden aparecer nuevos criterios de fantasía para valorar o depreciar cada cosa y fundir a unos y beneficiar a otros.

En el caso del gas natural que no envenena el aire, la empresa que refina petróleo anuncia impuestos futuros que equiparen su precio al precio de la nafta. ¿Por qué? El gas es más sano y más barato, el país lo compra gastando menos dólares. ¿La intención es intervenir para que la importación de petróleo se mantenga y que la importación de gas sea contenida. ¿Por qué?

En el ejemplo que elegí, uno en mil, no quise decir nada contra la gente de Ancap (hacen lo que pueden); estoy mostrando otra cosa: que las empresas públicas beneficiadas por los monopolios, se han convertido en un mamarracho anti nacional que nos lleva a la ruina.

Durante la primera Presidencia de Sanguinetti, poco tiempo después de ser nombrado Ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética, Eduard Shevarnadze visitó Montevideo y hubo una cena en su honor. El senador Flores Silva que estuvo presente, me contó entonces, una frase inolvidable de Shevarnadze. Dijo:

—"Nosotros nos equivocamos en la formación de los precios" - ¡Y era a mediados de los años 80!

Fue bastante después, que "Pravda", publicó un editorial donde se explicaba desembozadamente el error histórico en el cual había incurrido el socialismo ruso:

—"Ni uno solo de los 170 sectores esenciales (de nuestra economía) ha cumplido los objetivos del plan, ni una sola vez durante los últimos 20 años... Esto trajo una reacción en cadena de esfuerzos (estériles) y de desequilibrio que nos ha llevado a una "anarquía planificada"... El desequilibrio ha afectado cada poro de nuestra economía..."

La catástrofe soviética que llegaría a finales de la década, confirmó los dichos de Shevernadze, el comentario del diario y luego, las explicaciones perfectas que daría Mijaíl Górbachov en la "Perestroika".

Freidrich Hayek, austriaco y profesor de economía en Inglaterra, había escrito con mucha anterioridad "El camino de la servidumbre" (1944) y en su texto no citó los trabajos de su compatriota von Mises cuya tesis era la misma y muy anterior. Allí escribió Hayek:

—"Nuestra libertad dentro de una sociedad en régimen de competencia, se funda en esta elección: si una persona rehusa la satisfacción de nuestros deseos, podemos volvernos hacia otra. Pero si enfrentamos un monopolio, estamos a merced de ese monopolio". "Lo que entendemos por un precio justo... es el precio que existiría si no hubiera monopolio".

VIRGEN Y MADRE. La República Oriental del Uruguay, al iniciarse la posguerra 39-45 pudo leer textos magistrales y renovadores sobre la formación de los precios. También pudo contemplar y entender la desintegración de la Unión Soviética, cuya causa aclararon los gobernantes soviéticos. Pero NO. Prefirió no darse por enterada. La República Oriental del Uruguay no se deja penetrar por las enseñanzas útiles; aún ahora mantiene intacta su virginidad batllista, fiel a las empresas públicas monopólicas, creadas antes y después de la revolución rusa; primeras décadas del XX, cuando don Pepe Batlle nos puso a la cabeza del mundo.

Después de eso el mundo cambió al iniciarse la posguerra 39-45 (el milagro alemán y el milagro italiano fueron posibles porque se basaron en una doctrina nueva, liberal, que postulaba el libre mercado, como forma de desterrar la mentalidad totalitaria). Y ya hacia fines del siglo pasado, la globalización vino a dar otra vuelta de tuerca, con lo cual fue arrasado definitivamente el mito de los medios de producción en manos del Estado. Actualmente, China comunista privatiza a mas no poder.

Las nacionalizaciones y los monopolios (que fueron buenos en los años veinte) se han convertido pues, en la rémora de nuestra economía.

Sin embargo, al día de la fecha, una lluvia de referenda culmina la adoración de los monopolios uruguayos, que esquilman a la gente con sus precios políticos, que traban la reforma del Estado y que espantan las inversiones creadoras de puestos de trabajo.

Y así nos va.

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