Elisa Carrió, sin perder la fe

Elisa Carrió, paladín de la lucha antimafia y anticorrupción, reivindica a la mujer tanto como descree de la seducción femenina, luce un enorme crucifico y desafía las encuestas al no perder la fe en que dará "una sorpresa" en las elecciones del domingo y llegará al balotaje.

La opulenta y vehemente candidata socialcristiana, de 46 años, exhortó a los argentinos a "hacer memoria" y "votar con dignidad y con la conciencia" en las presidenciales del domingo, en las que está segura que dará "una sorpresa".

"Los que no tienen memoria, viven una agonía perpetua, los que la tienen miran hacia el futuro y hacen nuevos países", dijo la diputada de Afirmación para una República Igualitaria (ARI), para evitar "repetir errores históricos".

Carrió ve en el candidato y ex presidente derechista Carlos Menem (1989-99) a su máximo enemigo, pero la ilusiona enfrentarlo en una segunda vuelta (balotaje) el 18 de mayo, aunque los sondeos la hayan relegado de la punta.

"Sólo así (una eventual segunda vuelta Menem-Carrió) la opción será verdadera y los argentinos tendrán el desafío de elegir qué país quieren realmente. Menem es la mafia, si la gente lo vota es por el miedo al mal", repitió Carrió en la campaña.

Las últimas encuestas la ubicaron quinta, rondando el 12%, detrás de los punteros con virtual empate técnico: Menem, el progesista Néstor Kirchner y el derechista Ricardo López Murphy, y cerca del efímero ex mandatario peronista Adolfo Rodríguez Saá (populista).

Abogada, ex docente universitaria, diputada desde 1995, inteligente, buena oradora y lúcida en el análisis, Carrió propone a los argentinos instalar un "capitalismo humano" y hacer un "nuevo contrato moral" para salir de la crisis.

Asidua concurrente a misa y capaz de desviar un apretado recorrido de campaña para rezar en un santuario, Carrió exhibe sus crucifijos y lamenta que "los porteños crean que no se puede ser religiosa y progresista al mismo tiempo", dijo a la AFP esta mujer nacida en la provincia de Chaco (noreste), una de las más pobres del país, pero que hizo carrera política en Buenos Aires.

Divorciada y madre de tres hijos, alimenta un perfil poco femenino y desalineado, casi como provocación, mientras pretende captar el voto de las mujeres, a las que convoca como fuerza de cambio.

Ex dirigente de la Unión Cívica Radical (UCR, socialdemócrata), la tradicional pero alicaída segunda fuerza política de Argentina, supo interpretar la demanda de honestidad y transparencia de la sociedad, lo que la había catapultado a la cima de los sondeos en 2002.

Al fundar el ARI en 2001, Carrió tejió alianzas con los socialistas y otras agrupaciones de centroizquierda, pero las fue perdiendo en el camino a las urnas, mientras era acusada de personalista.

AFP

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