La fórmula mantiene su eficacia, aunque para su regreso llegue con un envase muy lustroso. En su mayor parte el show se apoya en la interacción entre lo que se proyecta en una pantalla y lo que Midachi realiza en vivo, teniendo en lo musical su permanente base de lanzamiento. El público seguidor del trío santafecino sabe bien lo que eso significa porque mucho de los personajes tuvieron su cuarto de hora en televisión y algunos, como la Tota y la Pochola, han construido su propia historia.
Lo que impresiona en primer lugar es el despliegue técnico. En eso se nota que el nuevo espectáculo no está producido únicamente para las provincias argentinas y Montevideo (los lugares por los cuales se ha mostrado) porque hay una fuerte apuesta a lo audiovisual y al entrecruzamiento de géneros musicales que van desde el merengue dominicano hasta Rada y Leo Maslíah. Es comprensible porque después de este fogueo el espectáculo se trasladará a Buenos Aires, Miami y posiblemente a España. ¿20 años no es nada? No, es bastante hasta para calcular el alcance de lo que se hace.
Pero más allá de lo aparatoso de la puesta (que incluye un circuito sonoro verdaderamente envolvente aunque no estuvo bien regulado en la noche inaugural del show), lo verdaderamente disfrutable está liberado a las aptitudes personales. Después de un tema musical grabado sobre los veinte años del grupo que sirve de prólogo al show (donde la platea es literalmente encandilada por las luces) aparece Dady Brieva en un monólogo que es muy disfrutable, donde trata de discernir las razones supuestamente ocultas en los "porque sí" de los padres de ayer, menos democráticos que los del presente, y los que sustentan a un espectáculo como el que ofrecen, sin despreciar algunas apreciaciones sobre represiones múltiples, como las sexuales. Sólo esa introducción vale más que la parafernalia técnica, con el agregado nada despreciable de las improvisaciones que el actor realiza a partir del poco recomendable espacio que tiene el escenario del Cine Plaza, donde el frente no puede usarse porque en la platea alta no se ve. Como es la tercera vez que pisa esas tablas, Brieva hizo de esas limitaciones uno de los temas del show avanzando a primera línea para recibir la rechifla de los espectadores ubicados en las alturas de la platea, que luego aplaudían cuando el actor se desplazaba hacia el fondo.
TALENTOS. No es novedad que lo actoral de los Midachi depende de Brieva, de que lo musical es provisto por Del Sel y de que las limitaciones hechas virtudes corren por cuenta del Chino Volpato. Pero en cada uno de esos atributos hay descubrimientos para hacer, más allá de la mencionada presentación de Brieva. Entre ellos, debe colocarse en la categoría de imperdible lo que hace Del Sel, un artista proclive a lanzar la risa antes que el chiste, con su composición de músico villero: probablemente en su histriónica "terrajada", debidamente condimentada por las curvas de una rubia enfundada en bikini y botas de plataforma y taco altísimo, se encuentre la mayor virtud de un espectáculo que transita por el humor agradable, previsible, que nace entrecruzado con el baile de varias muchachas y con los números de magia orientados por el especialista Emanuel.
Crítica | HENRY SEGURA
VEINTE AÑOS NO ES NADA
Dirección y guión. Midachi Trío Show.
Integrantes. Miguel Torres del Sel,
Rubén Enrique "Dady" Brieva,
Darío Elder "Chino" Volpato.
Participan. Orquesta de Aníbal Enrique Roca,
el mago Emanuel y las bailarinas Carla
Georgina Laplace y Romina Daniela Godoy.
Sala. Cine Teatro Plaza, hasta
mañana domingo.