La lucha política suele asociarse con un mundo no recomendable para el común de los ciudadanos. Mejor —dicen algunos— no meterse en un ámbito que lleva consigo la pérdida de la privacidad de las personas, frecuentar un círculo ampliamente criticado, y la necesidad de contar con un temple muy particular para soportar los momentos de dureza inherentes al oficio.
Todo esto ha llevado a que mujeres y hombres con vocación de servicio público opten por no adentrarse en la militancia política. Es así que se ha perdido para una actividad en esencia noble el concurso de valiosos uruguayos. ¿Es posible recobrar esta participación?
Esta semana se reanuda la actividad política y con ella el último tramo antes de las elecciones internas. Con ésta, con las características del debate que se procesará, se delineará voluntaria o involuntariamente el elenco político futuro. Cada colectividad, sus sectores y los candidatos que los representen, desde su discurso abrirán o cerrarán las puertas para que mucho ciudadanos, hasta quizás la presente generación, vuelquen su aporte y renueven la dirigencia o su ausencia haga perdurar la presente. En definitiva es en la interna que se configura el escenario futuro.
Las normas constitucionales que rigen la materia electoral dificultan, aunque no en forma insalvable, esta tarea. La existencia de elecciones internas puede ser un obstáculo al exigir una definición inicial —dentro de que partido se vota— para quienes se sienten atraídos por un candidato pero no necesariamente por el partido que integra, ni quieren compartir con quien expresamente no desean la comunión de un mismo lema. Para salvar esto habrá que recurrir a la interpretación que diera desde esta página Juan Martín Posadas entendiendo como verdaderas primarias a las elecciones internas. Si es así y así creemos que es, los dirigentes se enfrentarán al fuerte desafío de convocar para ganar la interna de un partido a los partidarios y a quienes no lo son ofreciendo altas dosis de probabilidad de victoria para que nadie se sienta incómodo en integrar un lema con quien no desea. Tendrá, también, que ser un buen candidato para superar posteriormente la nueva instancia, la de octubre, e ingresar al balotaje y además haber hecho todo esto sin lastimar la sensibilidad de los derrotados de adentro y de afuera para sumarlos en la segunda vuelta.
Todo esto no es para cualquiera, no es ganar una sino tres veces. Y pocos pueden hacerlo, muy pocos en cada partido.
Seguramente quienes tienen esta característica son los únicos que pueden llamar a integrar a los uruguayos que hoy no están en la actividad política. Traerán con ello la renovación de cuadros dirigentes, de estilos y conductas. El desafío es removedor y está en manos de unos pocos que cargarán con mucha responsabilidad y también con la oposición de quienes no querrán ceder sus espacios. La tarea no será fácil porque como en cualquier ámbito los cambios disparan resistencias y el político, que suele reclamarlo en su discurso, también lo resiste cuando ve amenazados sus espacios de poder.
La construcción de un discurso que haga posible esto deberá iniciarse desde un partido para saltar las fronteras de éste. Deberá, además, ser respetuoso de la verdad e inflexible con la demagogia. Todo esto se puede.