El caso del joven de diecisiete años que degolló a un niña de ocho en el barrio Estadio, ha conmovido profundamente no sólo a esa barriada sino a la sociedad entera. Por su crueldad, porque produce repugnancia sin límites, en razón de que es algo que choca de frente contra lo que es la naturaleza del uruguayo.
Cabe notar algo llamativo: la tremenda violencia y la juventud del homicida. Aquí vemos tendencias lamentables. La reiteración de conductas. Recordemos sólo uno más de estos actos marcados por la combinación de juventud y violencia: ocurrió a principios de este año, cuando una patota de entre 16 y 17 años de edad, entró por la ventana de una vivienda humilde, encontró a una señora de 81 años y como no había más que 150 pesos, aquellos desalmados la desnudaron, golpearon y torturaron hasta que quedó agonizante, en un charco de sangre. La pobre mujer murió doce días después. Los menores fueron atrapados por la policía y confesaron rápidamente su acción.
Se dice que la juventud es una promesa. Se dice que la juventud es el futuro. Pero, ¿es esta juventud el futuro? ¿Son estos menores la promesa de lo que vendrá?
No estamos ante el delito del desesperado sumido en un trance económico al que no le ve salida. Estamos frente a casos de sadismo psicopático, que deben ser encarados de manera muy especial. Algo que además se enmarca, como decíamos, en una tendencia hacia delitos gravísimos, muy violentos, innecesariamente violentos, que son protagonizados por menores de edad.
Ante la repetición de estas formas delictivas, surge la necesidad de replantear todo lo que pueda coadyuvar para poner freno a la creación de pequeños monstruos agresivos. Monstruos que ni siquiera necesitan un arma de fuego para su accionar, pues agreden con un cuchillo o un palo, como en los casos mencionados.
Tal vez no estén ajenos en todo esto el alcohol y la droga. Tampoco la influencia de mayores ya veteranos en el delito y el ambiente en que se mueven.
Pero estos hechos no pueden quedar en una condena penal, por dura que ella sea. Cada uno de los mismos necesita una profunda investigación, un profundo estudio, para lograr iluminarnos sobre las razones profundas de estas conductas. Sólo así los uruguayos aprenderemos a hallar los medios para alejar a nuestra sociedad de senderos de barbarie que se van esbozando en nuestro tiempo.