Hollywood al combate

| H.A.T.

Se podría hacer un libro con las controversias del cine americano, que suelen ser más interesantes que el cine mismo. Un capítulo sobre Productores versus Directores contendría buen material sobre Erich von Stroheim, Orson Welles y John Huston. El capítulo Libretistas estaría lleno de quejas, desde Scott Fitzgerald hasta Lillian Hellman. Otro capítulo sobre intérpretes y contratos hablaría de Judy Garland versus MGM y de Marilyn Monroe versus 20th Century Fox. Contaría cómo Joan Crawford se hartó de sus 17 años en la Metro (1925 a 1942), se fue a otras tiendas y conquistó así su único Oscar (en Warner, por Mildred Pierce, 1945). Detallaría como la misma Warner se peleaba con Bette Davis (hacia 1936) y cómo la empresa perdió en la justicia su pleito con Olivia de Havilland (en 1943), tras haberle querido forzar la prolongación de su contrato de siete años. El triunfo de Olivia fue aun mejor, al obtener una candidatura al Oscar por Nido de víboras (con la Fox, 1948) y un Oscar por La heredera (con Paramount, 1949). En Warner le daban malos papeles.

A eso seguirían los conflictos de todo Hollywood con el gobierno. Para hacer películas bélicas hacen falta aviones, helicópteros, cañones y barcos del Estado, pero el Ejército, la Marina y la Aviación exigen ver antes los libretos y eso lleva a deformar temas, retocando diálogos y personajes. Así lo cuenta ahora un artículo en el suplemento Qué pasa de este diario (abril 12). Quien se atreva a hacer el Libro de las Peleas deberá incluir dos o tres capítulos sobre las Listas Negras de 1947-1960, resumiendo una docena de libros ajenos. Es un tema complicado, del que circulan simplezas indocumentadas, pero hay que saber que esas listas fueron creadas por las empresas y no por el gobierno.

La última etapa de conflictos fue provocada por la guerra en Irak. Varios actores y actrices se pronunciaron contra esa conducta del presidente Bush y fueron calificados de "traidores" por algunos opinantes conservadores y de mucho poder. Trascendió que Sean Penn perdió un contrato en trámite y que Martin Sheen fue amonestado por la NBC. Ahora Susan Sarandon y Tim Robbins, que son casi un matrimonio, quisieron festejar los quince años de su colaboración en Bull Durham (La bella y el campeón, 1988), una película sobre baseball, escrita y dirigida por Ron Shelton, con Kevin Costner como estrella adicional. Todos ellos tenían prevista una fiesta en el Hall of Fame del baseball, para abril 26, pero el presidente de la entidad, Dale Petroskey, canceló el plan. De acuerdo a la información desde New York, publicada en este diario (abril 12), la carta de Petroskey a los intérpretes contiene pronósticos sombríos: "Creemos que sus críticas, sumamente públicas (...) pueden traer consigo peligros aun mayores para nuestros soldados en este conflicto". Es difícil ver este peligro, porque no era probable que la conducta de la guerra en Irak se viera condicionada por lo que alguien diga en New York. Pero es útil saber que Petroskey había integrado la Secretaría de Prensa en el gobierno de Ronald Reagan, o sea que es uno de los funcionarios que ve comunistas debajo de cada silla y que en nombre de la seguridad nacional aprueba la matanza de miles de inocentes y la destrucción de un país.

Shelton debutó en Bull Durham como guionista y director, obteniendo una candidatura oficial para el Oscar de 1988. En su obra inmediata hay otra película sobre baseball y tres sobre basketball, golf y boxeo. El rezongo de Petroskey debió haberle afectado, por la importancia del deporte en la vida americana. En Bull Durham hace decir a Sarandon: "Creo en la iglesia del baseball. He intentado otras religiones mayores y menores, pero la única iglesia que realmente alimenta el alma, día tras día, es la iglesia del baseball". La seriedad del tema para Estados Unidos queda medida también por la carta pública de Robbins. Allí se queja de que el baseball sea politizado y le dice a Petroskey que su lugar "debe estar con los cobardes y los ideólogos, en el salón de la infamia y la vergüenza". Sin perjuicio de lo cual, Robbins ya puede hacer una película sobre Bush, Petroskey y los suyos. Seguramente la está pensando, porque hay un tema allí.

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