Río de Janeiro | EFE. Las autoridades de Río de Janeiro han caído en contradicciones y evidenciado su desconcierto ante una ola de vandalismo que ahuyenta turistas y asusta a la población, y de la que hoy fue blanco una estación de servicio.
Fuentes policiales informaron de que seis surtidores de la estación de gasolina, situada en uno de los humildes barrios periféricos de la ciudad, fueron alcanzados esta madrugada por disparos hechos por pistoleros, lo que originó un principio de incendio. No hubo víctimas, pues la estación de servicio estaba cerrada.
Desde octubre pasado, cuando comenzaron los actos vandálicos en vísperas de las elecciones presidenciales que llevaron al poder al socialista Luiz Inácio Lula da Silva, más de cien autobuses públicos fueron incendiados y hoteles o sitios turísticos ametrallados.
A consecuencia de esos ataques dos personas murieron dentro de un ómnibus en llamas y diez policías fueron abatidos en hechos que fueron presentados como enfrentamientos con narcotraficantes.
Los daños materiales se calculan, hasta ahora, en unos diez millones de dólares.
En la mayoría de los casos, ocurridos de madrugada, los blancos fueron edificios prácticamente vacíos y los atacantes se limitaron a disparar contra las fachadas, sin intención aparente de herir a nadie.
Sin embargo, el miedo ha cundido entre la población, azuzado además por rumores que ya en dos ocasiones han llevado a cerrar comercios y escuelas.
Hasta ahora, todo había sido atribuido a distribuidores de drogas que operan en los barrios más pobres de la ciudad, pero esa versión ha comenzado a ser criticada por autoridades locales, que hasta han llegado a sugerir que detrás del vandalismo se esconden oscuros intereses políticos.
El vicegobernador Luiz Paulo Conde insinuó esta semana que unas prsuntas bandas armadas que vinculó con el alcalde de la ciudad, César Maia, estarían actuando para socavar la imagen de las autoridades del estado de Río de Janeiro, responsables de la seguridad urbana.
La gobernadora Rosinha Matheus evitó respaldar directamente esa hipótesis, pero dijo que "ninguna lógica explica el hecho de que los narcotraficantes disparen durante la noche contra edificios vacíos".
El alcalde Maia ha declinado hacer comentarios. "Cuando escucho esas cosas, tomo un tranquilizante y sigo trabajando", declaró.
Dentro del mapa brasileño, Río de Janeiro constituye la segunda economía regional, por detrás del poderoso estado de Sao Paulo, y es la puerta de entrada al país de más de la mitad de los cuatro millones de turistas que Brasil recibe cada año.
El director de la Asociación Brasileña de Hoteles, Alfredo Lopes, admitió que "las noticias han llevado a muchos extranjeros a pensar que la situación en la ciudad está fuera de control".
Prueba de ello también ha sido la decisión del gobierno brasileño de trasladar a Sao Paulo la XI Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo, que estaba prevista inicialmente para junio próximo en Río de Janeiro.