Crimen de la niña desata la ira entre vecinos del barrio Estadio

| Dos niños que vieron al adolescente en el momento del rapto relataron cómo ocurrió el terrible crimen de la pequeña

Pando | E. Barreneche

Sentimos un grito y los vimos. El Gordo J. tenía la niña agarrada por el hombro y con la otra mano trataba de taparle la boca para que no gritara mientras la arrastraba para adentro de su casa", relató el niño Andrew, de nueve años, uno de los testigos del secuestro de María Tatiana Rosadillo (8).

Eran más de las 17 horas del sábado 12. Andrew, Antoni (8) y Martín (9) jugaban a las jineteadas sobre las ramas de un árbol caído a metros de la casa del adolescente J.B.L. ubicado a poca distancia de la intersección de las calles Fachelli y Cópola del barrio Estadio de Pando.

Los tres menores continuaron mirando la escena sin demasiada sorpresa. En una zona llena de niños es común que alguien arrastre por la fuerza a un familiar hacia dentro de una casa.

"Vimos que la niña pataleaba y se movía intentando zafarse", contó Martín.

La puerta de madera de la modesta vivienda se cerró.

Los niños se encontraban a unos 15 metros de la entrada de la casa de madera del "Gordo J". Las paredes están despintadas por el clima y el tiempo. Es obvio que necesita unas manos de pintura.

A un metro de altura, un albañil poco hábil revistió de ladrillos las paredes. Algunos ladrillos cayeron y fueron colocados en el lugar pero sin cemento.

El techo de la casa es de chapa. En el patio de la vivienda hay varios objetos tirados al azar. La propiedad se encuentra en el límite entre el campo y los suburbios: el pastizal y las chircas del fondo así lo señalan.

"Callate, callate", se escuchó la voz del Gordo J. desde la calle, según Andrew. Enseguida los niños escucharon los gritos sofocados de la niña.

Este hecho llamó la atención de los tres pequeños. Al rato, se encontraron con Iván, de 11 años. Ivan es hermano de dos de los tres niños testigos de los hechos. Estos le preguntaron si el Gordo J. tenía algún familiar viviendo con él. Iván respondió que no.

Al caer la noche del sábado, varios parientes de María Tatiana, vecinos y policías iniciaron líneas de búsqueda de la menor en todo el barrio.

Iván participó en uno de los grupos. En un momento, recordó lo que le relató uno de sus hermanos y llamó a una tía de María Tatiana para trasmitirle esa información.

Con ese dato, las operaciones de busca de la menor se concentraron cerca de la casa de J.B.L. En la madrugada, el cuerpo sin vida de María Tatiana fue hallado en un predio baldío, a unos 40 metros del hogar del Gordo J.

Una fuente de la Jefatura de Policía indicó a El País que el Gordo J. es un muchacho de gran físico y no tuvo problemas para cargar el cuerpo de la pequeña hasta el terreno.

"Incluso no caminó demasiado, ya que la dejó a poca distancia de la calle", precisó.

María Celina de los Santos, madre de los dos de los tres niños que fueron testigos del secuestro de María Tatiana, está atemorizada. Piensa que en cualquier momento familiares del adolescente internado con medidas de seguridad en la Colonia Berro por homicidio, pueden adoptar medidas contra sus hijos.

RAPTO. A las 15 horas del sábado 12, María Tatiana charló largo rato con su padre, José Luis Rosadillo, un empleado de 30 años de la empresa Montelecnor S.A, que realiza trabajos de mantenimiento de las líneas de alta tensión de UTE.

Antes de salir a catequesis, el padre le ordenó que fuera hasta la parroquia y regresara enseguida. Por primera vez, María Tatiana iría sola al centro parroquial que quedaba a dos cuadras de su casa.

Su madre no podía acompañarla como era la costumbre, ya que debía buscar a José Luis a una mutualista, quién recibiría curaciones en una mano por un accidente de tránsito ocurrido el domingo 6.

"Al regresar a casa, yo no aguantaba el dolor en la mano. Me tomé varios medicamentos y me dormí. Me despertaron y me dieron la noticia sobre la muerte de mi hija. De ahí en más vivo en las nubes, no sé lo que me está pasando", dijo el padre de la menor ultimada.

Nadie sabe lo que ocurrió en dos cuadras. Al salir de catequesis, la niña acompañó a una amiga, Ana Lía y a Miguel, otro alumno de ese curso. Ana Lía se quedó en su casa, ubicada a pocos metros de la del asesino. María Tatiana y Miguel continuaron caminando hasta un almacén.

María Tatiana le dijo al menor que iba a comprar un kilo de papas para su madre con 15 pesos que llevaba consigo. El niño entró en el almacén y cuando salió la pequeña ya no estaba.

Horas después, la madre de María Tatiana dijo a la Policía que no le había ordenado ir al almacén.

¿Por qué María Tatiana rehizo el camino y volvió en dirección a la casa de su amiga?

No hay respuestas para esa pregunta. La hipótesis más firme es que pensaba hablar nuevamente con Ana Lía y fue interceptada por el Gordo J.

Los niños que jugaban en el árbol recordaron que el adolescente no les "sacaba el ojo de arriba", lo cual mostraría que J.B.L. había armado un plan meditado para llevar a la niña a su casa.

Una segunda hipótesis es que el Gordo J. atrajo a María Tatiana cerca de la vivienda, ya que se conocían pues el año pasado habían sido compañeros de catequesis.

Familiares amenazados

Vecinos y familiares de María Tatiana Rosadillo expresaron que adoptarán medidas contra el adolescente que ultimó a la niña en la noche del sábado cuando éste salga en libertad dentro de pocos meses al cumplir la mayoría de edad.

Desde la madrugada del domingo 13, el barrio Estadio de la ciudad de Pando está conmocionado por la muerte de la niña María Tatiana.

"Ese homicidio fue algo espantoso. Hace 27 años que vivo en este lugar y nunca pasó algo así", dijo Luisa D.S. una ama de casa de 39 años.

La ira invadió a los vecinos. Algunos se apostaron frente a la casa del asesino J.B.L. desde las cinco de la mañana del lunes 13 para esperar el comienzo de la reconstrucción del hecho.

Por la noche, decenas de vecinos insultaron a familiares del adolescente homicida cuando acompañaron a la Policía a realizar pericias forenses dentro de la vivienda.

Una fuente policial indicó que se encontraron pequeños rastros de sangre dentro de la casa, aunque el arma homicida aún no fue hallada.

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