Comisión para la Paz

A los dos años y medio de su establecimiento, la Comisión para la Paz ha hecho entrega de su informe final. El mismo sigue, en muchos aspectos, los resultados preliminares de su trabajo esbozados en un documento divulgado en octubre pasado. Junto con un detallado estudio sobre los casos concretos de desapariciones, la Comisión también dio a conocer recomendaciones sobre las consecuencias jurídicas de las mismas. Un tema que ha adquirido considerable importancia, como resultado del procesamiento de un alto funcionario del período de la dictadura militar, bajo el cargo de desaparición forzada.

La Comisión, que cesa al haber cumplido —muy satisfactoriamente— con su difícil tarea, fue creada por el actual gobierno en agosto del año 2000, a iniciativa del Dr. Jorge Batlle.

El propósito de esa tarea fue contribuir al establecimiento en nuestra sociedad de lo que el Presidente de la República denominó como un "estado del alma" que permitiera "sellar para siempre la paz entre los uruguayos". Quizás sea demasiado pronto como para que se pueda afirmar con total tranquilidad que hemos alcanzado tan positivo resultado. Sin embargo, es indudable que el informe constituye un aporte esencial en ese respecto.

Seguramente, la primera preocupación en este momento es por los familiares y seres queridos de los desaparecidos. También se abre ahora una nueva etapa, durante la cual será necesario considerar las consecuencias jurídicas de lo acontecido. Tanto en lo que se refiere a un conjunto de situaciones personales y familiares que, inevitablemente, se cristalizaron como resultado de la falta de certeza asociada con la desaparición de las víctimas, como en cuanto a los cargos presentados contra el Dr. Juan Carlos Blanco. La propuesta de crear una nueva figura jurídica de "ausencia por desaparición forzada" parecería ser una solución adecuada aplicable a este caso específico.

Si lo pensamos bien, una de las grandes lecciones que nos ofrece el trabajo de este grupo de personas, con antecedentes personales y raíces ideológicas muy diferentes, es que, existiendo buena voluntad y respeto recíproco, es posible coincidir y trabajar seriamente en beneficio de un interés común y valioso para nuestra sociedad.

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