WASHINGTON - Esta vez, los historiadores militares están estudiando los aciertos y no los errores: la audacia de la carga de tres semanas hacia Bagdad, la menor pérdida de vidas de lo que se temía, y el éxito en socavar el régimen iraquí sin la temida guerra urbana casa por casa.
"Los que trazaron los planes asumieron grandes riesgos y le acertaron totalmente", dijo el teniente coronel retirado James Carafano.
"Aun los más optimistas probablemente anticipaban más lucha", dijo, "y más del centenar de bajas estadounidenses que ha habido".
Los expertos pronostican que en la historia militar, esta guerra se destacará por el uso notable de fuerzas especiales, por los avances tecnológicos y las bombas de precisión que mataron y desmoralizaron a las fuerzas iraquíes, limitando las muertes de civiles en una ciudad de 5 millones de habitantes.
También puso a prueba una estrategia para evitar la lucha urbana: acordonar la ciudad y lanzar ataques selectivos para aplastar la voluntad del ejército enemigo y estimular la rebelión de los ciudadanos.
"Esta campaña se diseñó realmente para llevar una fuerza a Bagdad y demostrar al pueblo que el régimen ya no estaba a cargo", dijo Carafano, investigador del Centro de Evaluaciones Estratégicas y Presupuestarias, un grupo privado. "Evidentemente, funcionó".
Hace apenas una semana, el gobierno de George W. Bush era acosado por un grupo de comentaristas —militares retirados— y otros expertos preocupados de que los 200.000 soldados de la coalición enviados al desierto no fuesen suficientes. Cuando los invasores entraron el miércoles en Bagdad —recibidos con vítores y con mínima resistencia— los funcionarios del gobierno en Washington se sentían reivindicados.
Bush, quien a los 56 años de edad jamás conoció la experiencia del combate directo, hizo una cuestión de honor dejar que los militares condujeran la guerra, y no cometió el error del presidente Lyndon Johnson, quien durante la guerra de Vietnam en los años 60 organizó él mismo, minuciosamente, los planes de batalla.
Mientras advertía el miércoles que "la guerra no ha terminado", el secretario de Defensa Donald Rumsfeld dijo que los progresos "han sido poco menos que espectaculares". El vicepresidente Dick Cheney se jactó de "una de las campañas militares más extraordinarias jamás conducidas". AP