Más allá de los tres estrenos destinados al público infantil (La gran película de Piglet, Micaela y Los Thornberrys) y del aluvión propuesto por el festival, otras dos novedades cinematográficas se producen en esta jornada, con una apuesta fuerte a las posibles atracciones de sus protagonistas aunque en una el énfasis se pone en lo romántico y la otra se juega al suspenso. Pero, como se sabe, esas fronteras son bastante movedizas.
Es lo que ocurre con el joven individuo que es reclutado por un veterano de la CIA en El discípulo: pese a que el instructor (Al Pacino) la advierte que la desconfianza es un elemento esencial para operar dentro mismo de la organización, el recién llegado (Colin Farrell) no se resiste ni a su propio docente ni a una compañera de trabajo (Bridget Moynahan) de quien termina enamorándose. El peso del pasado es uno de los ejes de interés que mueve la película, aunque en primera instancia el mayor atractivo parezca estar en la revelación de los interiores de los operativos de reclutamiento que realiza la principal agencia de espionaje del mundo. Incluso para escribir el guión así como para recrear los cuarteles centrales la película contó con el asesoramiento de expertos de la propia Agencia de Inteligencia estadounidense. Pero el novel agente sabe que hay algo que solamente él puede enseñarse: no dejarse doblar por los recuerdos del padre muerto en un accidente aéreo cuando tenía doce años.
Claro que la piedra angular del film se encuentra en el duelo actoral. Según el director Roger Donaldson la reunión en la pantalla grande de Al Pacino y Colin Farrell logra potenciar al máximo ambas actuaciones. "Tanto Al como Colin son actores consumados. Ambos tienen una maravillosa conexión con su arte. La personalidad de Al sugiere un carácter volátil que va de la mano con una actitud autoritaria y misteriosa. El público siente que, cuando Al habla, sabe cosas que no va a decir nunca. ¿Quién mejor para representar a un espía?", asegura el cineasta australiano, un especialista en el cine de acción (El motín del Bounty, Sin salida) que ha pasado a ciertos ejercicios de terror (Especies).
CENICIENTA. Las ambiciones de Sueño de amor también están en la puesta actoral. Jennifer Lopez y Ralph Fiennes componen una pareja despareja. Ella es una trabajadora doméstica, empleada en un hotel lujoso y madre soltera: las dos primeras características hacen recordar deliberadamente a la Cenicienta, mientras que la existencia de un hijo parece herencia de la modernidad. Frente a ella se instala un hombre de características casi opuestas porque está dedicado a la política, tiene un buen pasar y pretende ser senador. Pasa lo obvio. Ella lo encandila pero con una ligera distorsión de la realidad, porque el hombre piensa que se trata de una huésped del hotel ubicado en Manhattan y la mujer se inhibe ante la posible revelación de su humilde origen social.
Si bien la anécdota parece una más dentro del frondoso archivo romántico de Hollywood, la variante parece estar en el talento de quien está encargado de dirigirla. Se trata del cineasta chino Wayne Wang, un predestinado al cine por decisión temprana de los padres que le pusieron el nombre del famoso John Wayne. Desde el punto de vista de un cinéfilo, la dirección de Wang probablemente sea el mayor foco de interés de la película, ya que se trata de un cineasta que se ha destacado en películas como Cigarros, sobre guión del escritor Paul Auster, El club de la Buena Estrella y Chinese box, entre otras.
Pero su nombre igualmente ha quedado en un discreto segundo plano en las campañas publicitarias que prefirieron poner su acento en los doce millones que se le pagó a Lopez, en la coincidencia de la producción con un período de buena presencia musical de la cantante que actúa y en el respaldo innegable que supone tener al lado al talentoso Ralph Fiennes. El actor inglés por un momento deja de lado las ambiciones manifiestas en trabajos anteriores como de El paciente inglés, Cumbres borrascosas, El bebé de Macon, El ocaso de un amor o El amanecer de un siglo. Claro que la opción por ese actor de estilo sobrio y mayormente elegante forma parte de la confrontación de personajes, donde Jennifer aporta su perfil latino, muy sensual y popular.