CONSULTORA SERAGRO
A pesar de las limitaciones iniciales para realizar los embarques en esta etapa —en la que se requiere doble cuarentena de los animales—, el restablecimiento de esta vía de tránsito supone un gran paso en la normalización del comercio regional de carnes y haciendas.
Se espera que a esta medida la siga la autorización para vender carne con hueso, y pronto —cuando la OIE reconozca nuestro status de país libre de aftosa con vacunación—, se levanten todas las restricciones.
UN POCO DE HISTORIA. La exportación de ganado en pie estuvo firmemente restringida en nuestro país, hasta los primeros años de la década del 90, cuando las políticas desreguladoras para el sector, posibilitaron el libre tránsito de todas las categorías de hacienda hacia el exterior, con la sola limitación de los aspectos sanitarios y comerciales en cada caso.
De esa forma, la industria nacional debía enfrentar la competencia de sus colegas de la región, lo que establecería probablemente un piso a las cotizaciones de los ganados gordos. De modo similar, los invernadores nacionales se equiparaban a los de los países vecinos y ya no tendrían una oferta cautiva, a la cual podían fijarle los precios en los años de abundancia de ganado.
El nuevo estatuto fue muy bien aprovechado por el sector ganadero cuando entró en vigencia el plan Real, en la primavera del año 94; entre setiembre de ese año y marzo del siguiente, se exportaron más de 250 mil reses para faena a Brasil. El episodio volvió a repetirse, pero en la dirección Oeste, cuatro años más tarde, con exportaciones de cerca de 90 mil reses de invernada —mayoría terneros/as—, hacia Argentina, en el 98.
Antes de que la aftosa nos cerrara nuevamente las fronteras, la región oficiaba como válvula reguladora de los precios, impidiendo que los valores del ganado se derrumbaran por factores circunstanciales, lo que tradicionalmente tenía un efecto devastador y duradero en el sector.
No es necesario que hayan grandes transferencias de animales; bastan unos pocos camiones cruzando los puentes para que los mercados respondan, y se tengan que adecuar a la nueva situación.
CARNE. Como es normal, al día de hoy, los ganados valen promedialmente más en Uruguay que en Brasil; tanto los gordos como la reposición. Sin embargo, con la valorización que tuvo el real en estas últimas semanas, la relación se invirtió. Los novillos gordos en zonas ganaderas de Brasil valen unos 57 dólares la arroba de carne (15 kgs.), o sea 3,8 reales el kg., que a 3,23 = U$S 1.18 el kg de carne en 2da. balanza; bastante más que acá.
La revaluación de la moneda es fundamental: a 4 reales el dólar, con una inflación contenida, no hay manera de exportar nada a Brasil, pero hoy el dólar vale unos 3,20 reales: bajó en tres meses un 20 %, lo que aumenta la capacidad de compra de productos importados del consumidor brasileño que tiene sus ingresos en reales.
Pero lo más importante será la venta de carne con hueso, que se supone que será el paso siguiente: claro que una vaca que se exporta en pie se lleva sus huesos, pero al animal vivo se le puede hacer un estudio serológico que corrobore que no tuvo nunca aftosa, y a la carne no.
La relación de precios del ganado no permite vender fluidamente para allá, pero la carne es otra cosa; la gran expectativa es volver a colocar los asados en Rio Grande del Sur. Los asados se exportan a un precio muy bajo para Argentina —unos U$S 650 la tonelada FOB—, dado que es el único destino al que podemos exportar ese corte con hueso, porque supuestamente se dirige directamente al consumo: va para el fuego de las parrillas, no va a ser desosado en ninguna planta.
El asado tiene un 40 % de merma si se deshuesa, además del costo del trabajo, y lo que se obtiene es un producto de bajo valor; la única forma de valorizarlo es la clásica, característica de esta región: a las brasas y con hueso.
LECHEROS. Donde más claramente se siente el impacto de los cambios en la frontera brasileña es en el ganado Holando. Hace muchos años que Brasil es el gran mercado de exportación para las vaquillonas lecheras de nuestro país. Se trata de un negocio complementario de la remisión de leche fundamental para el ingreso de los productores, y también para la regulación del precio de todas las categorías lecheras, aún de las que se comercializan en el mercado interno. El cierre de las exportaciones en pie por la aftosa se dio muy inoportunamente, ya que coincidió con un precio muy bajo de la leche pagada al productor, por la debilidad de la demanda interna y externa de lácteos. Como resultado, el precio de los ganados lecheros, de todas las categorías, se desplomó el año pasado, y recién ahora se viene recuperando. Esta noticia contribuirá seguramente a consolidar la suba, considerando que el valor de los buenos animales lecheros en Brasil duplica a los que hoy se obtienen en nuestra plaza.
Como se aprecia en cuadro adjunto, la exportación de ganado lechero a Brasil tuvo momentos de intenso movimiento, y es probable que vuelva a recuperarse, ya que hay muchos tamberos que estarían dispuestos a reducir su rodeo, si las condiciones económicas se lo permiten.
En Argentina y en Brasil, la soja desplazó a la lechería de muchos buenos campos. Acá, además de la agricultura, es la invernada ganadera la que está compitiendo con la lechería.