JORGE SAVIA
Ni bien terminó el partido, el botija Diego Peinado habló por la Radio Sport 890 con el Dr. Jorge Da Silveira, y lo primero que le dijo fue que "nosotros sabíamos que ellos tienen gente grande y que podíamos tener problemas de estatura".
Así le ganó Nacional ayer a Miramar Misiones. Más allá de que la fiesta tricolor fue completa, porque O’ Neill jugó bien, hizo una diferencia, y Abreu metió un gol, que en definitiva es el aporte que todo hincha tricolor espera del "Loco", el equipo de Carreño quebró mediante esa vía, a un rival prolijo, que en los primeros 45’ —hasta que lo desmoronaron los dos goles adversarios, convertidos en el mejor momento del cuadro de Villa Dolores— llegó a imponer la audacia, el orden y la precisión de su fútbol, y sólo le faltó peso en su último intento de llegar a Munúa.
Lo que ocurrió con Nacional, que recién "engranó" y tuvo mayor volumen de juego y funcionamiento de conjunto en el complemento, cuando Scotti sustituyó a Juárez y las líneas del equipo quedaron mejor balanceadas, o más compactas, porque el elenco tricolor pasó a jugar con dos puntas y reforzó el mediocampo con el ingreso de Scotti, lo que liberó más a O’ Neill, que con el soporte de otro volante de marca al lado suyo tuvo mayores oportunidades de manejar la pelota con la clase y precisión que se le conoce, fue algo si se quiere lógico, por dos razones:
1) porque Nacional puso en la cancha 9 jugadores y les agregó al isabelino y al "Loco" como si fuesen dos frutillas encima de una torta, mientras que enfrente suyo tuvo a un equipo que —con la salvedad de la perdida de su goleado— desde hace bastante tiempo viene jugando junto; y 2) porque en el segundo tiempo, por contrapartida de lo que hizo Carreño al poner a Scotti tratando de "cerrar" la victoria, y amén de que Miramar Misiones acusó en sus movimientos el golpe anímico de los dos goles tricolores, Marcenaro intentó que su equipo por momentos jugara con tres puntas, como consecuencia de lo cual el mediocampo "cebrita" dejó más y mayores espacios que los que había dejado en los primeros 45’.
Mirado desde ese plano, entonces, hasta se podría llegar a la conclusión de que el partido se repartió en un tiempo para cada uno. En el primero, el trámite registró una primacía de Miramar Misiones; y en el segundo, de los tricolores. Pero en dos jugadas de pelota quieta que —justo es enfatizarlo— fabricó, protagonizó, en los últimos 10’ del período inicial, Nacional hizo pesar la contundencia que les había faltado a los "monos", y de esa forma concretó la victoria.
Por eso lo del botija Peinado fue todo un diagnóstico. La fiesta fue total. Porque Abreu volvió y metió un gol. Y porque O’ Neill también volvió y fue el mejor de los tricolores. Pero, pese a todo, Nacional se abrió paso hacia la victoria, con una jugada de pelota quieta que nació en un foul cometido para que Guerrero no concretara un desborde y en la que Juárez y Eguren cabecearon uno atrás de otro en el área rival sin que los neutralizara ningún defensor de Miramar Misiones.
Después vino todo lo demás. El segundo gol con la gravitación de O’ Neill para rematar otra pelota quieta y la definición de Abreu con el clásico oportunismo del "Loco". El golpe acusado por Miramar Misiones. Y la afirmación del equipo de Carreño para los últimos 45’. Pero eso, a los efectos de la resolución del partido, fue un complemento. Un adorno. Nacional quebró la pulseada a su favor, por la estatura —y también la grandeza futbolística— de varios de sus jugadores.