CRITICA/GUILLERMO ZAPIOLA
EL LADRON DE ORQUIDEAS
Adaptation
Director. Spike Jonze.
Guión. Charlie Kaufman, Donald Kaufman
Producción. Jonathan Demme, Charlie
Kaufman, Vincent Landay
Elenco. Nicolas Cage, Tilda Swinton, Chris
Cooper, Meryl Streep, Jay Tavare.
l Estados Unidos 2002.
Tiene su ingenio esta comedia muy excéntrica acerca
de un escritor cinematográfico enfrentado al fantasma
del bloqueo creativo. El libretista del film, Charlie
Kaufman, le otorgó su propio nombre al protagonista y
canalizó a través de él algunas de sus inquietudes,
pero el resultado está lejos de ser una crónica sobre
hechos reales, exhibiendo en cambio una abundante
dosis de fantasía.
Kaufman tuvo problemas para confeccionar una
adaptación del libro de "no ficción" de Susan Orlean
llamado justamente El ladrón de orquídeas, y lo que
escribió en cambio no es un guión sobre él sino una
explicación de por qué no pudo hacerlo. En la película
se describe a sí mismo (a través de uno de los dos
personajes interpretados por Nicolas Cage) como un
individuo depresivo, inseguro, que se niega a aceptar
las presiones comerciales de Hollywood pero al
mismo tiempo no sabe muy bien qué hacer con su
tema. Una parte de esos desconciertos aparecen
discutidos con un hermano imaginario llamado Donald
(también interpretado por Cage) que es su estricta
contracara: un tipo divertido, seguro de sí mismo, más
dispuesto a aceptar los condicionamientos de la
industria del entretenimiento.
En torno a ese eje que incorpora también los
encuentros con productores, un profesor de guión, y
hasta el protagonista real del libro original y su autora,
encarnados respectivamente por Chris Cooper y Meryl
Streep (que aparecen empero involucrados en una
historia inventada), el film construye una estructura en
la que hay varias capas de ficción. En el plano "real" se
sitúan el libretista Charlie, sus colegas y
colaboradores y hasta la periodista Streep. En un
segundo nivel de ambigüedad está el hermano mellizo
Donald, que puede existir o no, y hay todavía un tercer
repliegue que ilustra los vaivenes del libreto que el
Charlie está escribiendo, con vacilaciones y cambios
sobre la marcha. Y todavía se suma alguna derivación
final de corte policial que ha generado discrepancias.
Tras su talentoso debut en ¿Quieres ser John
Malkovich?, el director Spike Jonze y su libretista
Kaufman parecen muy preocupados en demostrar que
son inteligentes y originales, que hacen un cine
"diferente" a pesar de moverse dentro de las
estructuras de la industria cinematográfica.
Ciertamente, no cualquiera empieza una película con
una secuencia de créditos que resume en pocos
minutos la historia del universo, desde el Big Bang
hasta la semana pasada, para establecer la idea de
"adaptación" que luego se desarrolla en varios planos
de la historia. Pero si algo cabe objetarle a su nuevo
film es que esta vez el esfuerzo se nota: por momentos
resulta más empeñoso y elaborado que
verdaderamente creativo.
De a ratos pueden ser, sin embargo, muy graciosos. El
asunto incluye una amplia broma sobre Hollywood y
sus clisés, desde la insistencia en que toda historia
tiene que tener su cuota de romance, intriga, sexo y
acción. Mientras el ficticio Charlie intenta conservar su
integridad artística, su mellizo, doble y contracara
Donald apela a lugares comunes... y le funciona.
Cualquiera se enoja, claro. Esa zona del film, que se
extiende hasta las iracundas intervenciones del
profesor de guión ("nunca, nunca, nunca utilizar la voz
en ‘off’ para informar lo que piensa un personaje"),
lanza sobre su espectador una cuota de reflexión
inteligente.
Sin embargo, esta buena película parecería mejor si
sus autores no estuvieran tan convencidos de que es
realmente grande. Jonze y Kaufman insisten más de lo
debido en su ingenio y se permiten alguna broma que
puede convertírseles en un ‘boomerang’. Sin duda
tienen razón cuando señalan que el clisé más repetido
del cine es la historia de ‘serial killers’, seguido de
cerca por los asuntos de personalidades múltiples (y
ahí están David Cronenberg y Brian De Palma,
aludidos bastante claramente en el film, que no nos
dejan mentir). Sin embargo, el tercer clisé detrás de
esos dos (y primero del cine intelectual) es a estas
alturas el de la "ficción dentro de la ficción". Todo El
ladrón de orquídeas incurre en él.
Nicolas Cage compite por el Oscar a mejor actor (y es
probable que no lo gane) por su doble labor en este
film: no está mal, pero mucha gente puede pensar que
con uno solo alcanza. Es más divertido ver a Meryl
Streep en un papel fuera de su cuerda habitual,
exhibiendo rasgos de doblez y maldad y hasta
incurriendo en la droga, y es por cierto interesante lo
que hace Chris Cooper, un secundario con
personalidad propia. Podría ser el Oscar en su rubro,
aunque Christopher Walken es un competidor temible.