Impulso para Saddam Husseim

Algo estuvo ausente en la vasta oleada de manifestaciones en contra de la guerra en Irak, efectuadas el fin de semana pasado: Iraquíes. A lo largo de Europa y Estados Unidos, dos millones o más de manifestantes tomaron las calles para denunciar los planes de la administración Bush enfocados al desarme de Saddam Hussein (el presidente iraquí). Las enormes multitudes de manifestantes, destacaron informes noticiosos, abarcaron toda clase de personas: "Estudiantes universitarios, parejas de adultos maduros, familias con niños pequeños y grupos que representaban a organizaciones laboristas, ambientales, religiosas, empresariales y cívicas", según lo publicado por el The New York Times.

Pero, ¿dónde estaban los iraquíes? ¿Dónde en este magnífico coro de pasión antibélica estaban las voces de esas personas para quienes Irak no sólo es una causa, sino una patria? Más de cuatro millones de iraquíes han huido de esa patria desde que Saddam llegó al poder, en 1979. Decenas de miles viven en Estados Unidos y cientos de miles más en Europa. Con todo, prácticamente ninguno participó en las manifestaciones efectuadas durante el fin de semana. ¿Acaso no les importa Irak?

Por supuesto que sí. Es por ello que se mantuvieron al margen.

"Me siento tan frustrado por las alarmantes opiniones de la mayoría del pueblo británico, de sus medios de comunicación y de sus políticos", escribió B. Khalaf, expatriado iraquí, quien es neurólogo en Londres, en el diario The Guardian. "Quiero decirle a toda esa gente que está en contra de la probable guerra, que si ustedes creen.... que están sirviendo al interés del pueblo iraquí, no es así".

Otro iraquí en el exilio, Rania Kashi de 19 años de edad, escribió una carta abierta en la que preguntaba dónde estaba el movimiento antibélico durante la guerra de Saddam en contra de Irán, en el decenio de los ’80, la cual ocasionó la muerte de un millón de iraquíes e iraníes. O durante su ataque sobre el pueblo de Halabja, cuando miles de kurdos iraquíes fueron sofocados con gas hasta provocarles la muerte.

Si el sufrimiento del pueblo de Irak significaba algo para los manifestantes, dichos lamentos del corazón pudieran haber ocasionado retorcimientos de vergüenza, o cuando menos segundas consideraciones. No obstante, existe poca evidencia de que la campaña en contra de la guerra se interese por aquéllos a quienes Saddam ha herido.

En ninguna parte se podían ver pancartas proclamando: "Opuesto a la guerra Y opuesto a Saddam", como tampoco "Saddam debe desarmarse" o "Justicia para las víctimas de Saddam". Ninguno de los oradores era kurdo iraquí o chiíta, ni disidente. Ninguno había sobrevivido a las cámaras de tortura de Saddam ni a los ataques con gas neurotóxico.

Pasa (el movimiento antibélico) sin decir que muchas de las personas entre las muchedumbres eran gente con buenas intenciones que sólo desean impedir la guerra. Pero, sin importar qué pudiera haber en sus corazones, pueden ser juzgados solamente por sus acciones, y por sus acciones del fin de semana pasado se declararon en favor de Saddam.

A medida que iban inundando las calles, mientras clamaban por la paz a cualquier precio, fortalecían a uno de los déspotas más crueles del mundo. Las manifestaciones fueron un potente impulso para Saddam y una punzante traición hacia el afligido pueblo de Irak. Es por ello que se transmitieron en vivo por la televisión iraquí. Y es la razón por la que iraquíes libres se mantuvieron lejos.

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