Una piedra preciosa

CRITICA/ Eduardo Roland

NOCTURNE

Autores. María Teresa Lara, Martín Rojas

Marta Valdés, Charlie Haden, etc.

Producción. Charlie Haden y Gonzalo

Rubalcaba

Edita. Verve (Universal)

l Estados Unidos, 2001

Si bien Charlie Haden —uno de los grandes contrabajistas de la historia del jazz—ha editado dos nuevos trabajos, es necesario detenerse en este álbum en donde el músico estadounidense se dedica mayoritariamente a versionar boleros cubanos y mexicanos a la manera de baladas de jazz. Desde ya, el resultado es excelente y no se precisa ser un escucha de jazz para disfrutarlo.

El romance de Haden (Shenandoah, Iowa, 1937) con la música de origen latino no es novedad: como bien saben los jazzófilos, la mítica Liberation Music Orchestra creada por él en 1969 proponía una estética inédita que mezclaba conceptos vanguardistas con influencias cubanas y canciones populares españolas.

Para la realización de Nocturne, Haden se asoció con Gonzalo Rubalcaba (La Habana, 1963), brillante pianista del cual Haden ha sido una especie de padre artístico, introduciéndolo hace década y media en Estados Unidos.

La elección de los músicos estuvo a cargo de Haden y Rubalcaba, procurando que todos dominaran el pulso latino a la vez de tener probadas credenciales jazzísticas. De hecho, salvo Pat Metheny y Joe Lovano (dos íconos del jazz actual) el resto son músicos de origen latinoamericano, como el baterista Ignacio Berroa, el saxofonista David Sánchez y el violinista Federico Britos... Sí, el veterano músico uruguayo residente en Miami que tocó en el Jazz Tour Edición Verano a principios de enero. Un violinista con una increíble versatilidad, capaz de ejecutar en los más diversos estilos de manera irreprochable.

En los tres temas que participa, su sonido comunica una buena cuota de sensualidad, a través de un exquisito manejo de ciertas asperezas muy bien dosificadas y de una capacidad melódica impregnada de un romanticismo más cercano a la canción popular mexicana (filtrado por la escuela violinística del jazz francés) que al romanticismo europeo de los compositores cultos.

Nocturne consta de 11 temas que rondan los seis minutos cada uno. Ocho son boleros del repertorio tradicional (Arturo Castro, Armando Manzanero, Tania Castellanos, etc.), dos pertenecen a Charlie Haden (Moonlight, Nightfall) y uno a Rubalcaba, Transparence.

La estructura instrumental que sostiene los 66 minutos de música es el trío Haden-Rubalcaba-Berroa (contrabajo, piano y batería) al que se van sumando músicos, por regla general uno por tema.

El guitarrista Pat Metheny se integra en el segundo tema, Noche de Ronda, aportando su inconfundible toque altamente melódico, esta vez usando guitarra española para no desentonar con una propuesta que sería enteramente acústica si Rubalcaba no utiliza un ‘colchón’ de cuerdas provenientes de un sintetizador en un par de temas.

El gran saxo tenor de Joe Lovano aparece en cuatro composiciones y su impronta inmediatamente insufla vientos jazzísticos a la brisa fresca del bolero, ya sea por la forma de soplar o por las notas que elige para armar las frases.

Las dos apariciones de David Sánchez —también con saxo tenor— son impecables, se trata de un saxofonista con un sonido transparente, potente, que dibuja las frases con una gran precisión. ‘Sus vientos’ son evidentemente cálidos y nos transportan a la esencia de la canción popular romántica. Su solo principal en Tres palabras de Osvaldo Farrés es antológico, uno lo podría escuchar durante horas sin cansarse.

La atmósfera de todo el disco es calma, cadenciosa y muy respetuosa del espíritu del bolero. Todo de excelente factura, como sólo los verdaderos maestros pueden lograrlo. El trío funciona a la perfección, de la mano de un Charlie Haden liderando desde su sutil contrabajo que se mantiene siempre moderado, con un sonido profundo y haciendo uso —como ha sido tradicional en él— de los registros medios y graves.

Capítulo aparte merecería Gonzalo Rubalcaba, que al rondar los 40 años da muestras en este álbum de haber alcanzado una madurez que le sienta muy bien. El virtuoso pianista privilegia ahora la musicalidad por sobre las acrobacias con que solía encandilar al público. Su participación en Nocturne es mesuradamente perfecta desde que abre el primer track, sólo con el piano, hasta los acordes finales del último tema.

Por último, Ignacio Berroa cumple de forma muy correcta su papel como baterista de baladas, usando las escobillas de forma notable y marcando con Haden el ‘tempo’ preciso de cada pieza. Además, Berroa aporta a través del uso del bongó un condimento imposible de dejar de lado cuando de boleros se trata.

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