NACIO UN ENEMIGO

| Tacuarembó ya sacó patente de candidato. Tuvo contra las cuerdas y casi le gana al tricampeón Uruguayo

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TACUAREMBO | EDWARD PIÑON

Gustavo Méndez ya pitó el final. Hay unas 5.000 personas que se ponen de pie en el estadio "Raúl Goyenola" para ofrendar una sentida ovación a los hombres que protagonizaron un partido espectacular frente al campeón uruguayo.

Los jugadores de Tacuarembó levantan las manos y se funden en un imaginario abrazo con los hinchas que pueblan las tribunas. Todos comienzan a darse cuenta que en los pagos más grandes del Uruguay empezó a gestarse una apuesta grande al buen fútbol y, principalmente, al juego de protagonismo ofensivo.

Respetando la orden que su técnico Jorge González colocó en la agenda horaria, en la que dejó en claro que a la hora 16.10 había que "salir a ganar", los hombres de la furia roja y blanca salieron con todo en busca del partido y lo tuvieron ahí. Estuvo muy cerquita. Tan cerquita que, por ejemplo, le faltó un centímetro a Cor, un milímetro a Reyes o un segundo más a Píriz para dar el puntillazo que les hubiese permitido doblegar totalmente a Nacional.

En una lucha sin tregua de juego de ataque, en un ida y vuelta sostenido, en un partido donde ninguno dio lugar para el descanso, porque ni siquiera se demoró en los saques de costado o en los tiros libres que se produjeron en la mitad de la cancha, Tacuarembó jugó mejor que Nacional porque "lo agredió" casi constantemente en los puntos flacos.

La habilidad de Erpen, la profundidad y movilidad de Reyes, así como la velocidad y talento de Píriz provocaron enormes grietas en la retaguardia tricolor y, obviamente, fueron las que desencadenaron las expulsiones de Curbelo y Lugano. Es que el dueño de casa fue una máquina infernal de atacar a todo tren, a todo ritmo, y para colmo de males con jugadores que llevaron la pelota al pie y siempre de cara al área.

Entonces, por más que los dirigidos por Daniel Carreño también hicieron de las suyas, en especial por la enorme capacidad de Julio Rodríguez para armar el juego a toda velocidad y por la fantasía de Horacio Peralta, el equipo del "Culaca" González fue más agresivo, más peligroso en cada arranque. A tal punto que por momentos la libreta de apuntes del periodista registró tres o cuatro jugadas consecutivas que bien pudieron terminar en la red.

La historia no terminó de esa forma porque Leonardo Romay estuvo muy atento y porque al rojo y blanco le faltó puntería y hasta buena fortuna en algunas ocasiones.

Lo mejor de todo fue que el espectáculo fue electrizante. Mantuvo el vértigo hasta el final y el resultado pudo modificarse hasta en los últimos minutos. Para ello trabajaron los dos, porque si bien los locales gozaron de muy buenas oportunidades, los tricolores no se resignaron y también lograron gestar buenos contragolpes que bien pudieron castigar la falta de puntería de Tacuarembó.

Unas 5.000 personas se pusieron de pie. Los jugadores de Tacuarembó levantaron los brazos y el abrazo con los hinchas se puede sentir, ver. Una furia roja y blanca amenaza convertirse en gran protagonista del Torneo Apertura. Y no es para menos, tiene que ser grande porque nace en los pagos más grandes del Uruguay.

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