La agencia Gallup International consultó a 30.000 personas en 41 países de los cinco continentes para conocer su opinión sobre una guerra en Irak.
El Uruguay figura en esa lista con un 79 por ciento de entrevistados que rechaza la guerra.
El empinado porcentaje que en este país apuesta a las gestiones diplomáticas y no a la opción armada, lo ubica en segundo lugar entre los vecinos latinoamericanos: el primero es la Argentina, con un 89 por ciento de ciudadanos que se oponen al conflicto.
Puede ser interesante saber que hasta en España —cuyo gobierno se alineó desde hace semanas con el plan de intervención norteamericano— hay un 74 por ciento de personas en contra de él, lo cual coloca al presidente Aznar en una posición por lo menos incómoda.
En EE.UU., según la encuesta, un 21 por ciento "está totalmente en contra de un ataque".
Los alarmados ante la proximidad de una guerra que podría crecer y extenderse más de lo que suponen los mandos anglosajones, no son sólo los particulares consultados por tanteos de opinión.
El papa Juan Pablo II se ha pronunciado al respecto señalando que "un ataque sería injusto e injustificado", ha enviado al cardenal Roger Etchegaray a Bagdad "en una misión al límite de la esperanza", mandará a otro purpurado —Pío Laghi— a hablar con el propio Bush y recibió anteayer al viceprimer ministro iraquí Tarek Aziz, un católico del rito caldeo, que en ese viaje a Italia fue a rezar ante la tumba de San Francisco en Asís, la ciudad del "santo de la paz", y en su audiencia vaticana habría sugerido al pontífice la eventualidad de que él mismo viaje a Bagdad en un épico gesto pacificador.
La posición de la Santa Sede también marca un contraste embarazoso para la actitud del gobierno italiano, que a través de Berlusconi apoya los planes del Pentágono.
No resulta fácil para un sector de la opinión pública occidental juzgar debidamente el arrebato belicista de Washington y Londres.
Desde hace un siglo, esa opinión se ha formado en la certeza de que los aliados anglosajones han sido el bando "bueno" de todas las guerras: combatieron en 1914 al Káiser, en 1939 al Führer, en 1950 a los stalinistas norcoreanos y desde 1964 a los comunistas vietnamitas, por no hablar del eje de tensión de una Guerra Fría que durante cuatro décadas opuso a esos líderes occidentales con las potencias marxistas y sus satélites.
Ese largo enfrentamiento se mantuvo en nombre de elevados principios (la libertad contra la opresión, la democracia contra el totalitarismo) debajo de los cuales figuraron motivos menos luminosos: la vieja hegemonía de ciertas potencias europeas, los intereses del capitalismo en buena parte del planeta, el formidable negocio armamentista, la necesidad de afianzar zonas de poder militar, la herencia histórica del "destino manifiesto".
Ahora, los partidarios de una guerra en Irak buscan catequizar a esa misma opinión pública coloreando el mundo en blanco y negro, satanizando al Islam como un foco de fanatismo del que emergen los peores atentados terroristas y favoreciendo con ello la confusión de mucha gente desinformada: pocos reparan en las mayores contradicciones de esa estrategia (Arabia Saudita figura como aliada de Estados Unidos, aunque de ella salieron 15 de los 19 terroristas del 11 de setiembre) y pocos desconfían de sus verdades a medias (el régimen pakistaní, igualmente alineado con los norteamericanos, es más intolerante que el iraquí, lo cual demuele la justificación de que esta guerra se librará para deponer a un tirano).
Desde Miami, el columnista Mario Diament alude a esa guerra y dice que atacar a un país como Irak "que tendrá una expectativa de muertes civiles de seis cifras, es tan inexplicable como es asombroso el hecho de que sea justamente el hombre que llegó a la Casa Blanca gracias a que un grupo de personas de avanzada edad en la Florida se confundió al picar las boletas electorales, sea hoy uno de los presidentes más poderosos de la historia moderna".
Ese mandatario, según informa el Oxford Dictionary of Phrase, Saying and Quotations, se ha hecho famoso por su inefable visión de la realidad mundial ("Africa es un país que sufre padecimientos" dijo al hablar de ese continente, "Mantenemos buenas relaciones con los grecianos" afirmó sobre los griegos, "¿También ustedes tienen negros?" preguntó al presidente brasileño Cardoso).
Ese norteamericano vive y gobierna rodeado por un círculo de ultraconservadores (el ministro Rumsfeld, la asesora Rice, el vicepresidente Cheney) y enfrenta hoy a un bloque internacional que no quiere la guerra, donde figuran Alemania, Rusia, Francia y China, por lo menos. Pero igualmente habrá guerra, porque esa poderosa camarilla así lo resolvió.
De manera similar comenzaron otras calamidades hace 89 años en Sarajevo y hace 64 en Varsovia.
La lluvia de misiles sobre Bagdad podrá abrir la puerta a una tercera catástrofe.