Un clima de convulsión social se apoderó hoy de La Paz debido a un motín policial, la demanda de renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y enfrentamientos entre el Ejército y la Policía que cesaron en la noche y dejaron un saldo de al menos 14 muertos, más de 50 heridos y edificios públicos en llamas.
Tras más de cinco horas de encarnizados choques, una precaria calma se ha instalado en La Paz, cuya plaza de armas, sede de los poderes de la nación, permanece bajo control militar.
Pero, la violencia popular ha tomado las calles céntricas de La Paz, donde turbas, apostadas en esquinas, iniciaron fuegos en el edificio de la Vicepresidencia de la República, una oficina bancaria y la sede de tres partidos políticos.
Ante la ausencia de control policial y militar, algunos pobladores saquearon comercios, amenaza que podría reavivarse en horas de la noche.
Y en vísperas de un paro nacional convocado por la Central Obrera Boliviana, cuyo líder, Saturnino Mallcu, exigió la dimisión de Sánchez de Lozada, la espiral de violencia parece trasladarse a las ciudades de Santa Cruz (este) y Cochabamba (centro), desde donde se han reportado disturbios.
La ola de violencia se desató luego de que el presidente Sánchez de Lozada aprobara una escala tributaria que grava los salarios de los trabajadores en 12,5%, que luego se vio obligado a anular para pacificar el país.
Un compungido Sánchez de Lozada clamó "que pare la violencia" y que el retiro del proyecto tributario "dé lugar al diálogo franco", mientras una turba incendiaba las sedes de la Vicepresidencia de la República, el Ministerio de Trabajo y de los tres partidos cogobernantes.
Como prevención a otros brotes de violencia, el gobierno desplegó contingentes de soldados a la entrada de La Paz, paso obligado al aeropuerto internacional, mientras unidades policiales de Cochabamba, Santa Cruz, Tarija, Oruro y Potosí se encontraban en estado de alerta, según las autoridades.
En la ciudad de El Alto, vecina de La Paz, civiles se enfrentaban con palos y piedras con tropas del Ejército, con un saldo no precisado de heridos, al igual que en la central plaza de San Francisco, escenario de las principales luchas sindicales.
Mientras tanto, la Central Obrera Boliviana (COB) demandó la renuncia de Sánchez de Lozada y ordenó un paro nacional el jueves.
El líder opositor Evo Morales, jerarca de un poderoso sindicato de cultivadores de coca, se unió también al pedido de la COB.
Las protestas contra el Gobierno estaban respaldadas por la Confederación de Empresarios Privados (CEPB), que cuestiona severamente las medidas económicas.
La aplicación escalonada de tributos y la abolición del crédito y débito fiscal por las compras es "una tácita reducción de los salarios y una medida (...) que provocará recesión", afirmó el vicepresidente de la institución, Roberto Mustafá.
El poderoso gremio de los choferes ordenó para el jueves "el repliegue de todas las unidades de transporte público", según su secretario ejecutivo, Angel Villacorta.
El Ministerio de Educación dispuso, entretanto, la suspensión de las labores escolares en La Paz, el miércoles y jueves, debido al clima de inseguridad prevaleciente en la capital.
Un Estado Mayor del Pueblo (EMP), formado a mediados de enero a raíz de un corte de rutas por parte de productores de coca en la región central del Chapare, convocó, entretanto, al corte nacional de rutas contra las reformas tributarias.
Delfín Olivera, dirigente del EMP, que aglutina a sindicatos del país y está liderado por el diputado socialista Evo Morales, urgió al Gobierno a revisar sus medidas.
La comunidad universitaria lanzó también una convocatoria a los estudiantes para acatar el paro de 24 horas decretado por la COB, mientras la Iglesia católica llamó a la pacificación del país.
A raíz del motín policial, las tareas de erradicación de las plantaciones de coca del Chapare habían cesado y los 3.000 hombres de la Fuerza de Tarea Conjunta y de la Unidad Móvil de Patrullaje Rural se encontraban replegados en el cuartel de Chimoré. AFP