DAVOS y PORTO ALEGRE | AP
Los capitanes de la industria y la política de todo el mundo acudieron a la localidad suiza de Davos para analizar la deprimente situación de la economía global, influida por el estancamiento de Estados Unidos, la amenaza de una guerra con Irak y la repercusión de la crisis venezolana sobre el precio del petróleo.
El Foro Económico Mundial volvió a la tradicional sede de Davos tras ser organizado el año pasado en Nueva York como muestra de solidaridad debido a los ataques terroristas del 11 de setiembre.
Si el clima que rodeó la primera jornada en Davos fue de incertidumbre sobre el futuro, el clima que dominó el paralelo Foro Social de Porto Alegre no fue mejor, ya que la lluvia aguó a muchos participantes la fiesta inaugural.
La cita brasileña comenzó con la manifestación de una heterogénea multitud internacional, en la que se veían piqueteros argentinos, zapatistas mexicanos, campesinos brasileños sin tierra y comunistas uruguayos.
En la marcha, los participantes dejaron ver su preocupación por un sinfín de asuntos, entre ellos la guerra en Irak, la causa del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, la "pesadilla" del ALCA y, sobre todo, la ausencia de Lula.
El presidente brasileño, una de las estrellas del Foro Social desde su creación, hace tres años, viajará en esta oportunidad a Davos para compartir mesa con la crema empresarial del mundo.
La decisión le ha costado un disgusto a la izquierda latinoamericana ya que la reunión de Porto Alegre nació, precisamente, para eclipsar el brillo de la cumbre financiera en Suiza.
"Voy a Davos para demostrar que otro mundo es posible", se excusó ayer Lula en declaraciones a la prensa en Brasilia.
Davos, mientras tanto, esperaba impaciente la llegada del presidente de Brasil, donde ya es considerado como la gran estrella del Foro este año.