GUSTAVO TRINIDAD
Adrián está rodeado, sabe que hay que moverse rápido, sin distraerse ni dar importancia al sonido de las balaceras. Desplazarse en lo posible sin mochila y andar con lo justo. Procurarse un perro entrenado. Colaborar con los que armados, cuidan la retaguardia y moverse entre rejas, muros, cerrojos y alambres de púa. No se trata del personaje de una película de ciencia ficción instalado en un futuro apocalíptico.
Adrián Sosa (37), es analista de sistemas y hace quince años decidió junto a su flamante esposa instalarse en una zona que todavía no era conocida como "El cuarenta semanas". Aunque tristemente famoso por ese nombre, el asentamiento que rodea la cooperativa donde vive Sosa se llama en realidad "San Antonio" y según los vecinos crece sin detenerse y en los últimos tiempos más a prisa. "A principio de este año aún podía verse un canchita de fútbol, hoy tapada de ranchos" indicó Sosa.
Según estimaciones del Centro Comunal 13 hay al menos 350 familias establecidas allí y no menos de 1.000 personas. El "San Antonio" crece por la crisis económica, que se apura en arrastrar a decenas de familias hasta el lugar. Pero el problema de la seguridad parece crecer en relación geométrica.
MENORES Y AJUSTES. Sosa coincide con el comisario Jorge González, titular de la Seccional 8a., en que los distintos procedimientos policiales han llevado tras las rejas a gran cantidad de delincuentes mayores de edad que operaban en la zona. Pero dos problemas persisten: los menores infractores y los constantes "ajustes de cuentas".
En el "Cuarenta Semanas" hay deudas que se pagan con la vida y esto es causa de constantes tiroteos en la zona. Lo que además denota la existencia de una gran cantidad de armas en el asentamiento.
Sosa ha sido robado reiteradas veces pero lo peor fue un día en que, "volvimos a casa y no teníamos nada, se habían llevado el televisor, grabadores, garrafas, video, nos habían desvalijado". Su madre fue víctima de un violento arrebato cuando dos menores la tiraron al suelo para robarle la cartera. Pero la experiencia de Sosa no es más que el común denominador del lugar.
"Cada vecino tiene su propia experiencia de haber sido robado o arrebatado. Cada día, a lo sumo día por medio, hay un robo en la cooperativa", cuenta Sosa. Algunas veces si se trata de objetos pueden volverse a conseguir no sin pagar algún dinero por ello. Para esto hay que hablar con alguien que viva en el asentamiento y establezca los contactos.
La venganza es uno de los códigos establecidos por los delincuentes. Sonado fue el caso de un vecino que vivió meses con una guardia 222 en la puerta de su casa, hasta que no aguantó más y se fue a vivir al departamento de Colonia. El hombre había denunciado un robo con nombre y apellido.
"Muchas veces las amenazas recaen sobre los hijos menores de una familia. Si tenés un problema con uno, lo tenés con su hermano, con su primo, con toda la familia. Se cultiva un rencor que es "para siempre". "La gente trata a toda costa de evitar este tipo de problemas", explica Sosa.
ANIMALES. "Lo peor es que somos animales de costumbre y entonces tomás con naturalidad cotidiana el vivir escondiéndote de la delincuencia. Te acostumbras a los policías que escoltan a cobradores, los repartidores de la revista del canal cable, los del agua mineral, los del supergás, todos llegan escoltados con policías", cuenta Sosa. Si el vecino decide salir con su familia y quiere encontrar sus pertenencias al regresar debe dejar indefectiblemente a un vecino o amigo dentro de la casa. Por otra parte como Sosa trabaja en la noche, espera la hora exacta en su casa y sale corriendo para alcanzar el ómnibus, "no se puede andar en la vuelta y estar parado en una esquina", explica resignado Sosa.
En la cooperativa hay un grupo de vecinos organizados que se turnan para vigilar armados los fondos de la misma, donde están los garajes y los nichos donde se arroja la basura. Allí, a menos de veinte metros de las viviendas, un vecino fue baleado en una rapiña, en momentos en que guardaba su auto.
"Los menores saltaban el muro y se escondían esperando la oportunidad. Ahora se montan guardias de tres vecinos armados que vigilan esa zona. Si ven que alguien salta el muro y se esconde le advierten que fue visto y algunas veces disparan al aire para avisar que están armados. Muchas veces les devuelven los tiros", indicó Sosa que no participa de estas guardias ya que trabaja en horas de la noche.
Sosa opina que la seguridad había mejorado con la presencia de una patrulla de la Guardia de Coraceros que además estaba a cargo de la comisaría móvil existente en el lugar. La camioneta patrullaba con varios efectivos y las puertas corredizas abiertas, había otros que a pie cubrían la zona con perros, "pero solo se mantuvo unos meses", se lamenta.
Cuando retiraron los Coraceros el Ministerio del Interior se excusó diciendo que los precisaban en las cárceles, según indicó el vecino a El País. Sosa sostiene que la acción policial ahora dejó de ser preventiva y aunque se responde eficazmente a las urgencias, se lo hace luego de que el delito fue consumado.
COMISARIA. Para el comisario González, titular hace un año de la Seccional 8a., la comisaría móvil instalada hace cuatro años en el lugar ha sido fundamental para reducir al mínimo el accionar delictivo. "Hemos minimizado las rapiñas a transeúntes y al transporte que eran el mayor problema", expresó González
Sin embargo a pesar de los controles que se practican la policía reconoce que persisten algunas rapiñas sobre todo a taximetristas.
En cuanto a los menores González se enfrenta a un problema que no es nuevo. "Se practican a diario detenciones de menores que son elevados al Juez de Menores, pero ocurre que fugan fácilmente de Iname y a las pocas horas están devuelta en la zona. Ese es un problema que no tiene solución inmediata así tal cual están las cosas", reconoció el comisario.
Sin embargo el balance es altamente positivo para González. "Ello se nota por ejemplo en el sensible descenso de las rapiñas que ocurrían a diario en las inmediaciones de la Cancha de la Luz, en el cruce del arroyo Miguelete y José Batlle y Ordóñez. Hemos dispuesto una patrulla de a pie, integrada por dos policías que recorren la zona en los tres turnos, es decir que se cubren las 24 horas del día. Allí las rapiñas practicamente han dejado de ocurrir", indicó González.
Por otra parte en la misma intersección se daban una cantidad alarmante de rapiñas a taxis. "Para contrarrestarlo hacemos controles a diario de taxis y ómnibus, sobre todo en la tardecita y noche, donde muchas veces identificamos al pasajero como un rapiñero conocido o descubrimos que viaja armado", explicó González.
De todas formas el problema, aunque en menor medida, persiste porque hay taximetristas incautos que llegan a entrar al barrio muchas veces por la calle Silva. "En esos casos se escapan a nuestros controles y muchas veces son víctimas de rapiña", reconoció González.
Pero el titular de la Seccional 8a. destacó que desde hace dos años una importante cantidad de delincuentes mayores de edad que albergaba el Cuarenta Semanas han terminado tras las rejas y salvo los problemas internos, la zona está controlada. "Tenemos un sistema de rápida respuesta conociendo la peligrosidad de la zona y si el caso lo amerita trabajamos conjuntamente con la Guardia Republicana y los Grupos de Apoyo", indicó González.
Sin embargo para Sosa, con tres hijos a su cargo, la percepción es otra. "Nosotros sentimos que día a día se incrementa la inseguridad. La zona podrá estar controlada respecto a una situación explosiva, pero nosotros vivimos acá, y solo viviendo acá se puede entender de lo que hablo. Estamos rodeados".
Destacados de 2002
RAPIÑA. En la esquina de José Batlle y Ordoñez y Rambla Costanera un hombre fue abordado por tres sujetos cuando cargaba chatarras en su camión. Los delincuentes armados despojaron al trabajador de $ 50.000 y se dieron a la fuga.
BALEADO. El taximetrista Roberto González López (53), fue baleado en una mano por un delincuente que lo sorprendió cuando el trabajador se detuvo en los semáforos allí existentes en la esquina de Batlle y Ordóñez y Spikerman
CAPTURADOS. La policía capturó a dos jóvenes que poco antes habían rapiñado a un repartidor. Otros dos delincuentes lograron huir tras tirotearse con los uniformados. Se les incautó una escopeta.
BALEADO. Juan Antonio Geogia Amaral de 42 años recibió un impacto de bala en el muslo derecho y otro en la mano izquierda, en la esquina de Máximo Santos y Pedro Fuentes. Declaró a la Policía que solo recordaba que transitaba por el lugar y luego que fue auxiliado por los vecinos
HOMICIDIO. En la esquina de Behiring y Máximo Santos varias personas se dieron a la fuga cuando vieron un móvil policial, momentos en que trasladaban el cuerpo de Mario Alberto Cáceres en una bolsa de arpillera. Cáceres fue muerto de un balazo en la cabeza en un ajuste de cuentas por parte de un menor de 16 años fugado del Iname.
APUÑALADOS. Dos personas fueron apuñaladas y otra herida de arma de fuego durante una pelea que se originó entre hinchas del Club La Luz y Platense cuando jugaban un partido por el campeonato de la Divisional C..
HOMICIDIO. Gregorio Dos Santos de 28 años fue muerto de tres disparos de una escopeta calibre 16, cuando se desplazaba en una moto en Mariscal Foch y Haig. Dos Santos recibió un balazo en el cráneo y dos en el pecho.