Una marca INDELEBLE

| Los que se tatúan, así como los que tatúan a los demás, hablan de esta moda y también de otros adornos, tan en boga y a la vista en verano, cuando la ropa se aliviana.

Alvaro Casal

Los tatuajes se han generalizado. Lejos están los días en que estas marcas sobre la piel se limitaban a una escasa gama de uruguayos: tal vez algún marinero o alguien que había estado en tierras lejanas y volvía con un recuerdo impreso sobre su cuerpo.

No sólo los tatuados han ampliado los sectores de sus anatomías para que los tatuadores puedan explayarse en mayores diseños, sino que no existe vergüenza de mostrar las ilustraciones que éstos dejan para la eternidad.

El psicólogo Gustavo Ekroth dice que "el hombre siempre utilizó decoraciones en el cuerpo. No es una costumbre nueva, sino que se trata de comportamientos bastante arcaicos. Eso sí, tal vez haya un resurgimiento del tatuaje, dado que la tecnología mejoró. Y hay otros factores".

Ekroth menciona "el aprendizaje imitativo". Explica, "uno imita a un actor famoso o a un cantante, por ejemplo. El imitado tiene que tener un status elevado. Esto es algo natural; no es malo."

"Piercing". Ekroth reconoce que los tatuajes son a menudo complementados por lo que se llama "piercing", o sea la perforación de partes del cuerpo donde se adosan desde aros hasta decoraciones metálicas más elaboradas. "En Alemania vi el colmo", dice. "Una persona se había hecho incrustar en el cráneo bases metálicas roscadas, donde era posible atornillar diferentes decoraciones de metal. De esa manera se podía modificar la decoración y pasar de adornos de un centímetro, a otros de 15."

Entre los motivos de estas acciones, Ekroth enumera: "embellecerse, vanidad, llamar la atención..."

"Lo clásico, cuando se le pregunta a alguien que se ha sometido al tatuaje o piercing, es que diga ‘No dolió mucho’; como que el que se lo hace fuera muy valiente".

Mirame. "Hay múltiples factores", reflexiona el psicólogo que tiene en su haber varios libros, entre ellos "La locura uruguaya". "A veces, el que no se puede comprar una Ferrari, se hace implantes". Y continúa con su línea de pensamiento: "Cuanto más desagradable e impresionante, mejor. La idea es llamar la atención y puede ser que guste. Es como la ropa. La vemos como algo normal, cotidiano, que embellece. Esto también puede ser encarado así. Usar este tipo de cosas sirve para que la persona se sienta más linda, más valerosa, más mirada...".

Imaginando posibilidades, Ekroth explica: "En una reunión puede despertar una charla. Puede ser una forma de enganchar una conversación. Por lo demás, le da una identidad al usuario; que lo recuerden como ‘el de la caravana en el labio’, o cosas por el estilo. Entonces, la persona sale del anonimato. Pasa a ser único. Y se da sobre todo en los jóvenes, en un momento de inseguridad, de crisis. Después que logran una identidad, muchas veces, se lo quieren sacar".

Para cerrar, Ekroth menciona que a su entender, la moda del tatuaje y el "piercing" vino de Europa, pasando por Estados Unidos.

En cada barrio. Los émulos uruguayos de "El hombre ilustrado" imaginado por Ray Bradbury, hoy ya no tienen que recorrer mucho para hallar quien les haga un bello tatuaje o un "piercing". En cada barrio hay uno o más expertos en la materia.

En la calle Zelmar Michelini, entre 18 de Julio y San José, existe un local que ha cubierto sus vidrieras con fotografías coloridas de cuerpos desnudos mostrando versiones diversas de tatuajes. Hay también imágenes de rostros y de cuerpos con "piercings". En una bandeja reposan varios accesorios metálicos que taladrando el cuerpo humano, pueden ser agregados a la anatomía.

Siempre hay chicos y chicas admirando aquella exposición sobre la cual un cartel proclama "Rino, tattooing, piercing".

Al entrar, el dueño del local, Damián Magliano (23), detiene su labor para atender amablemente al periodista. Hay un aspirante a tatuado que queda sentado, con un diseño floral, a medio hacer en el brazo derecho. Magliano le indica a uno de sus ayudantes que lo termine.

Sin parar. Es que el trabajo no se detiene, explica Magliano (él mismo tatuado en un brazo y una pierna y con un aro protuberante en el medio del labio inferior). Siempre hay a quien tatuar. Por eso trabaja de 10.30 a 20.00 horas sin parar, de lunes a sábados, reclutando uno o más ayudantes, si la labor lo supera.

Damián Magliano dice: "Desde los 14 años me dedico a tatuar. Empezó como un hobby en el fondo de mi casa, con amigos; luego fui evolucionando. Ahora tengo equipo importado".

A esta altura, pasea la mirada por sus agujas activadas eléctricamente, por los frascos de pinturas multicolores, por la camilla donde realiza sus incursiones más dificultosas sobre los cuerpos humanos.

"Cada vez hay más gente que se quiere tatuar. Es que si te hacés uno, después te querés hacer otro. El tatuaje te identifica, te destaca. Y cada artista tiene su estilo".

El se considera un artista y rechaza trabajar sobre la base de moldes. "El ‘transfer’ se aplica sólo si se quiere algo simétrico. Yo trabajo "freehand" con la mano alzada. Es un arte. Es un cuadro que queda en la piel de otra persona. A veces, algunos quieren una marca, una identificación, un nombre. Pero el arte es otra cosa. Como es permanente, la persona tiene que elegir bien".

¡Cuidado! Damián pone énfasis en que quien se vaya a tatuar elija un trabajador cuidadoso y aséptico. "Las agujas descartables son los pinceles en este arte y hay que usar guantes y esterilizar todo".

¿Qué se siente al ser tatuado? Magliano explica: "No es dolor; es una sensación de ardor. Llega el momento en que uno dice que es suficiente, que por hoy ya está. Por eso los grandes tatuajes se hacen en varios días".

Según este tatuador, los precios de su arte son bajos: "Para lo que dura, no sale nada. Por ejemplo, un tatuaje sencillo cuesta 300 pesos. ¡Mire si será barato! Uno más elaborado puede llegar a 2.000 pesos o más. Pero el arte, a veces, no se cobra ..."

Acerca de las posibilidades de que alguien, una vez tatuado, quiera borrar los diseños, Damián hace una mueca de disgusto, como si lo desaprobara, y dice: "Se borra con láser, se quema, es difícil".

Según él, cada vez mejora más la tecnología y cada vez hay más artistas. Por ende, "cada vez va a haber más tatuajes".

En cuanto al "piercing", asegura que "es un accesorio, es un adorno en el cuerpo que después de curado es como parte de ese cuerpo. Se perfora con un catéter descartable y se coloca el adorno".

En la lengua. Preguntado sobre si esto no deriva en inflamaciones o infecciones, dice que las inflamaciones más comunes ocurren cuando se colocan en las cejas o la lengua, pero que no es serio. "Uno se adapta" afirma el artista. "Si se quita el adorno, la piel se aprieta, se cierra. Pero colocado, uno se olvida que lo tiene. No duele, ni nada. El uso del "piercing" aumentó últimamente; en las chicas, en especial. Y en todo el cuerpo, hasta en los genitales o en los pezones. Pero lo más común sigue siendo en las cejas y en el ombligo. Después, en orden de importancia, los labios y los pezones; más en los de los chicos que en los de las chicas".

Damián es un tatuador de alma, más que un colocador de adornos metálicos."Todos los días hago tatuajes. Piercing, no tanto. No tiene arte. Es sólo estético."

La clientela parece ser fundamentalmente joven. Y los tatuados y adornados que se encuentran en la vía pública, suelen ser sí, muy jóvenes. Diego Stratta (20), sin embargo, tiene experiencia con personas mayores: "Mi padre tiene 42 años y hace un mes le hice su primer tatuaje. El padre de Damián tiene más de 60 y él también lo tatuó. Pero sí, la mayoría son jóvenes".

Un TabU. Diego Stratta colabora con Damián, en largas jornadas porque el trabajo los supera: "Es que ahora el tatuaje dejó de ser un tabú. La gente está con la mente más abierta, al punto que el domingo tengo libre aquí y entonces trabajo en mi casa".

En sus ratos libres, se hace tatuajes a sí mismo. Muestra un brazo y una pierna tatuados y explica: "Voy a agregar diseños propios en la espalda. Es que el tatuaje es un vicio. La gente viene a hacerse algo chico y después vuelve a hacerse más, también porque ve que la sociedad acepta esto. Y va a llegar el día en que va a ser raro el que no tenga tatuajes".

Stratta destaca que hay que tener mucho cuidado al tatuar y que la higiene es fundamental. Aconseja que después del tatuaje la persona se lave tres veces al día y que esté atenta por veinte más. Otra cosa: los tatuajes se afectan con el sol intenso; expuestos durante años, empalidecen y hay que repasarlos.

Evidentemente, le agrada lo que hace. Sonríe cuando afirma: "Lo mejor es que uno tiene que adaptarse a lo que le piden. A veces traen un retrato o dibujito y hay que hacerlo. Otras veces se puede ser creativo y la persona pasa a ser un lienzo".

Al dejar atrás a estos artistas de la piel, el periodista observa con mayor atención a la gente que circula por el Centro. Nunca había notado que existieran tantos tatuados y decorados con colgantes. Pasa un hombre en musculosa trepado en una moto. Exhibe dragones respirando fuego desde sus brazos. Algo así como un profeta, asoma su mirada triste del bíceps de una chica. Otra, más discreta, sólo tiene visible una pulsera tatuada en un tobillo.

¿Será verdad que hay un tatuaje en el futuro de cada uno?

El asombro de Herodoto

En el siglo V antes de Cristo, Herodoto salió a conocer el mundo. Su enfoque era griego, por lo tanto consideraba al tatuaje un estigma, pues en la Grecia antigua, se aplicaban dichos dibujos sólo a los esclavos.

Pero al empezar a andar, Herodoto se dio cuenta que en otros parajes el tatuaje tenía otros sentidos. Los escitas eran afectos a los tatuajes y procuraban reproducir sobre su piel la imagen de los animales que cazaban.

En Tracia, Herodoto se asombró y dejó escrita esta frase: "El tatuaje se considera una distinción entre los tracios. Quien no presenta marcas en su piel, demuestra no pertenecer a la nobleza".

¿Qué habría escrito el historiador griego si hubiera podido conocer los tatuajes uruguayos de hoy?

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