Independencia o muerte

Es claro que hoy importa. ¿Cómo no nos va a importar la conmemoración del acto de mayor heroísmo conocido en defensa de la independencia de la patria, a cargo de la guarnición militar que tuvo a su cargo la defensa de Paysandú ante la invasión local y extranjera? Aquel 2 de enero de 1865, hace hoy ciento treinta y ocho años, el General Leandro Gómez caía fusilado por las fuerzas sitiadoras. "Aquel drama espantoso inusitado en sus alternativas lúgubres que tuvo por escenario los muros de Paysandú" —nos dice el General (R) Luis Abraham en su análisis militar de la epopeya ("Revista Blanca, segunda época, Nº1)— "es tal vez el episodio más grandioso que se registra en los anales sudamericanos. Aníbal Barrios Pinto, en "Paysandú en escorzo histórico" afirma que "la Defensa de Paysandú no ha sido considerada como un suceso más de los enfrentamientos de nuestros partidos tradicionales, sino como un hecho de singular heroísmo y de altísimas y ejemplares virtudes morales de quienes sostenían la plaza, lo que le ha dado al acontecimiento histórico el carácter de epopeya uruguaya. Y efectivamente así lo fue, y reconoce el escritor colorado Pedro Leandro Ipuche que la Defensa de Paysandú es una gloria nacional "por lo que es de lamentar que esta de hoy, fecha patria por esencia, afirmación grandiosa de nuestra soberanía e independencia, no figure como tal en el calendario oficial y tenga que ser una colectividad histórica, que fue sí la gran protagonista de esa epopeya pero no quiere acapararla para sí sino que la brinda a todos, la que tenga que ocuparse de su reivindicación. Es que fue sin duda una causa nacional, y hoy es patrimonio de los uruguayos sin exclusión alguna.

No pretende ser éste un mensaje de exaltación partidario pero la gesta de Paysandú, con la caída del último bastión de las fuerzas de la legalidad que resistían la invasión de Venancio Flores apoyado por Mitre y por la armada imperial brasileña, una cabal demostración de por qué sobreviven dos colectividades tradicionales, separadas y distinguidas por rasgos característicos, muchas veces opuestos. Los blancos que así lo sienten se estremecen aún con el recuerdo de la proclama del Jefe que hacía saber a sus valientes que su resolución de morir por la patria salvaba la República, concluyendo "Mis amigos ¡Mis hijos! El recuerdo de vuestro heroísmo en defensa de la independencia oriental queda grabado en mi corazón para siempre" (En ruinas de Paysandú, 20 de diciembre de 1864). LEANDRO GOMEZ

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