El personaje del año: Roberto Lavagna

Alejado del exitismo apresurado de otros miembros del gabinete, el ministro de Economía supo ganarse el respeto del establishment y revertir los más pesimistas pronósticos sobre su gestión. Lo logró con perfil bajo e indicadores que invitan a confiar en que la lenta recuperación está en marcha.

"No vaya a creer, yo soy mucho más pro mercado de lo que muchos suelen creer."

Roberto Lavagna se autodefinía así ante este cronista, en una de las primeras entrevistas que dio como ministro de Economía y cuando, tal como él lo cuenta, su figura aún generaba fuertes dudas entre los economistas más tradicionales del establishment.

El último jueves dio otra definición de lo que para él debe ser la gestión en tiempos de zozobra: "A la economía argentina y sobre todo a nuestra gente, todo lo que no genere intranquilidad les es bienvenido", dijo sonriente en ocasión del tradicional saludo de fin de año con la prensa, cuando comentaba con qué cautela debía manejar la información sobre eventuales fallos de la Corte sobre la redolarización.

Ocho meses después de haber asumido en medio del incendio, el ministro puede hacer gala de que su estrategia, basada en un estilo pragmático y prudente, le dio resultado.

"Me parece muy bien que muchos de los economistas que cuando asumimos advertían sobre la hecatombe hoy estén manejando pronósticos para el año que viene incluso más optimistas que los nuestros", agregó en el brindis, sin ocultar cierta ironía a la que suele ser afecto cuando se siente seguro de manejar la situación. A fines de abril, con la renuncia de Jorge Remes Lenicov, el dólar y los precios amenazaban con desatar otra espiral hiperinflacionaria, mientras en el Gobierno algunos referentes del duhaldismo estudiaban alternativas para "vivir con lo nuestro", o mejor, sin el Fondo Monetario.

Hoy, la híper no es más que un fantasma y el dólar ya no sube, sino que el Banco Central tiene que tomar medidas para que no baje más de lo que el Gobierno desea, interesado en mantener un tipo de cambio alto para favorecer las exportaciones. A diciembre, el BCRA logró recuperar reservas que había perdido en los largos meses de intervención en el mercado, y hasta los depósitos bancarios mostraron cierto crecimiento. A un año de que el efímero gobierno de Adolfo Rodríguez Saá declarara el default, los argentinos están inmersos en un debate sobre cuál es el estado real de la economía.

El presidente Duhalde y Lavagna proclaman a los cuatro vientos que terminó la recesión. Según analistas independientes, eso no deja de ser más que una expresión de deseos. El argumento de Lavagna, su "vaso medio lleno", muestra lo siguiente: entre julio y setiembre la economía experimentó un crecimiento —muy tenue, pero expansión al fin— del 0,2% medido sobre el segundo trimestre de este año. En la comparación con el período inmediato anterior, ya el segundo trimestre de este año había mostrado una variación positiva del 0,8%. Como el ministro aspira a que el último cuarto del año muestre la misma tendencia, "tres trimestres seguidos de recuperación marcan el fin de la recesión", dicen los oráculos económicos.

Lavagna, hay que reconocerlo, fue tal vez el más cauto dentro del Gobierno con respecto a los pronósticos. Esa fue su actitud al hablar de la reactivación, pero también cuando, ante la insistencia periodística, repite hasta el cansancio que no se puede ponerle fecha a un eventual acuerdo con el FMI, que algunos colegas de gabinete y ex presidentes del Banco Central dieron varias veces por descontado.

Lavagna es peronista, pero no llegó al cargo por su cercanía con Duhalde, sino con Raúl Alfonsín. En su historial se puede leer que se recibió, en 1966, de licenciado en Economía Política y completó en 1969 un posgrado en la Universidad de Bruselas. Fue investigador asociado en Harvard y coordinador de una maestría en La Sorbonne.

En 1973, con el reverdecer del peronismo en el poder, fue director nacional de Política de Precios. Pero fue su gestión al frente de la estratégica Secretaría de Industria y Comercio Exterior, en 1985, su pase a las ligas mayores. Ya en febrero de 2000 fue designado embajador ante la Unión Europea, en Bruselas, y ante la Organización Mundial de Comercio (OMC), en Ginebra. Un ámbito en el que se fogueó en las artes de la negociación internacional y que le permitió seguir de cerca la evolución de las ideas y las prácticas económicas en el mundo.

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