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¿Por qué llegan esos pensamientos intrusos justo antes de dormir?

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Pensamientos que no dejan dormir. Foto: archivo

DAR VUELTAS EN LA CAMA

Por qué al apoyar la cabeza en la almohada llegan esos pensamientos que hablan de sucesos negativos del pasado o de un eventual futuro.

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Adentrarse en la cama significa, para la mayoría, eludir por un momento las trincheras de la cotidianidad. En un mundo tan trepidante como el que habitamos, el silencio del dormitorio nos brinda la ocasión de reflexionar sobre nuestras vidas o sobre aquellos problemas importantes que tarde o temprano habremos de resolver. Al menos hasta que el sueño, irremediablemente, nos acaba venciendo.

Algunas personas, no obstante, viven este mismo momento como algo turbulento y muy difícil. Tan pronto como su piel acaricia las sábanas, un batallón de pensamientos intrusos, de preocupaciones e imágenes incómodas recorren con estrépito cada rincón de su vida mental. A veces permanecen hasta bien entrada la noche o, incluso, siguen vibrando al amanecer.

En general, se trata de una experiencia que se describe como desagradable y que puede motivar un notable deterioro de la calidad de vida a medio plazo. Por todo ello, es posible que en ocasiones nos preguntemos por qué ocurre y qué podemos hacer para evitarlo. En este artículo trataremos de arrojar luz sobre tales incógnitas.

¿Qué es la rumiación?

Para comprender mejor este problema debemos saber, primero, qué es la rumiación.

Como fenómeno clínico, describe una sucesión de pensamientos invasivos y perseverantes que versan sobre sucesos negativos del pasado o de un eventual futuro. Estos acaban precipitando una intensa activación (fisiológica y cognitiva).

La activación, en las últimas horas del día, obstaculiza el delicado proceso que conduce al sueño.

Algunos investigadores consideran que la rumiación es un mecanismo dirigido a facilitar la resolución de problemas. Aunque su naturaleza inflexible no suele producir alternativas rápidas, eficaces ni eficientes.
De hecho, puede llegar a trazar un ciclo recursivo de dudas que crecen exponencialmente y que tornan la situación original en un embrollo cada vez más difuso e irresoluble, lo que paradójicamente empeora todavía más las preocupaciones.

Las personas que padecen un trastorno de ansiedad tienden a identificarla con facilidad e, incluso, la reconocen como el preludio de un agravamiento en sus síntomas.

No obstante, la rumiación tiene la capacidad de irrumpir en cualquiera cuando las circunstancias se alinean. Así, se alza como una de las causas más frecuentes de insomnio en la población general.

Posibles causas.

No es fácil señalar una única causa por la que estos pensamientos emergen, pues se trata de un problema que ocurre en individuos y momentos muy dispares.

No obstante, quienes ostentan una actitud extremadamente perfeccionista pueden referirlos con mayor frecuencia. Les sucede porque tienden a enfrascarse en la búsqueda de soluciones inequívocamente beneficiosas allá donde todas las posibles vías de acción albergan una pérdida o renuncia.

También puede ser común en personas que sufren un trastorno de ansiedad generalizada, una entidad clínica cuyo síntoma central radica en preocupaciones que se extienden a un abanico amplio de situaciones cotidianas.

Quienes padecen trastorno obsesivo compulsivo o estrés postraumático son igualmente vulnerables, dado que en ambos casos se aprecian pensamientos intrusivos e indeseados con profundas resonancias afectivas.

Más allá de estas condiciones de salud mental, se sabe que una exposición excesiva a estimulación física o mental en las horas previas a acostarse (visualización de una película excitante, lectura de una obra intelectualmente compleja, trabajo en una tarea extenuante, ejercicio agotador, etc.) implica un aumento en la probabilidad de acabar “dando vueltas” en la cama, pues dispara niveles de activación incompatibles con la fisiología del sueño.

Por otra parte, el distrés o estrés negativo también puede relacionarse con el fenómeno de la rumiación nocturna. Este término precipita un estado subjetivo de alerta ante situaciones que son valoradas como desbordantes en relación con los recursos percibidos como disponibles.

Estas experiencias promueven sensaciones de intenso desasosiego e indefensión, algunas de las cuales conectan íntimamente con los estados depresivos.

Otras circunstancias aparentemente inocuas, como dormir en un lugar diferente al acostumbrado, también generan ocasionalmente esta incómoda situación.

Además, hacer uso de dispositivos electrónicos que emiten luz sobre la retina (móviles, tabletas, etc.) interfiere en la síntesis central de la melatonina, una hormona que requiere de la más absoluta oscuridad y que contribuye decisivamente a mejorar la calidad del sueño.

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