VIAJES
Cuba quiere reactivarse en el sector turístico y superar los números de prepandemia.

Suena el tiple y unas manos chocan con la conga mientras aparece una voz que, como las olas del mar, viene y va: “De Alto Cedro voy para Marcané, llego a Cueto, voy para Mayarí”. Compay Segundo tiene la capacidad de transportar a Cuba a quien le escuche. Ni siquiera es necesario estar allá.
Ese es la seducción de la cultura cubana, de su historia, de su gente y su temple, de su dignidad. Cuba, tan pequeña y tan vasta, tan musical y tan cañera.
La isla ofrece muchos destinos y caminos, pero todos, sin duda, conducen a La Habana. Para los amantes de la literatura y el ron, desandar los pasos del escritor Ernerst Hemingway es una obligación. Por eso llegan a La Bodeguita del Medio, El Floridita o Dos Hermanos. Al primero para un buen Mojito, al segundo por un refrescante Daiquirí y al tercero por un Cuba Libre.
Los seguidores de la lucha cubana y los amantes de la historia también tienen su ruta en la capital. El Museo de la Revolución, que resignificó el antiguo Palacio Presidencial del dictador Fulgencio Batista, el Centro Fidel Castro Ruz, la casa de Ernesto El Ché Guevara o la Plaza de la Revolución, donde el mayor de los Castro, aún muerto, llenó el sitio el 30 de noviembre de 2016 días después de fallecer.
La Habana tiene muchos lugares para conocer, calles para recorrer, rones para probar y tabacos para fumar. Aquí le contamos algunos sitios que quizá no aparezcan en las primeras recomendaciones de páginas turísticas y que seguro querrá conocer cuando esté allá.
El Cañonazo.
A las 9:00 p.m., quien esté cerca del malecón, escuchará un estruendo. No es para asustarse, la ciudad está a salvo. Este sonido data de 1774, cuando terminó la construcción de la Fortaleza San Carlos de la Cabaña, un fortín que protegía a La Habana de piratas y enemigos, junto a otras fortificaciones.
El Cañonazo, como es conocido este ritual de siglos, indicaba la hora de apertura (4:30 a.m.) y cierre (9:00 p.m.) de las puertas de las murallas. Desde 1898, solo se hace el cañonazo de la noche, que fue suspendido durante la Segunda Guerra Mundial para ahorrar pólvora. Finalizado el conflicto, la tradición continuó. Un tamborilero, un portaestandarte, un oficial, un farolero y artilleros reproducen con indumentaria militar colonial y en marcha esta herencia que dejaron los españoles.
Cementerio Cristobal Colón.
Los cementerios no son solo lugares para ritos fúnebres, también son museos de arte religioso con mausoleos y panteones para visitar. Y el de Colón, en La Habana, es uno de ellos. Además, es considerado el museo a cielo abierto más grande del continente y el tercero en el mundo. Este camposanto, construido entre 1866 y 1886, cuenta con 57 hectáreas de extensión.
¿Qué visitar específicamente de la necrópolis? La entrada de tres arcos, con una escultura en mármol de Carrara en el centro que representa a las tres virtudes teológicas: fe, esperanza y caridad.
También están las tumbas de los escritores Alejo Carpentier y José Lezama Lima, del campeón mundial de ajedrez José Raúl Capablanca, la poetisa premio Cervantes Dulce María Loynaz, entre otras. El sepulcro más visitado es el de Amelia Goyri de la Hoz o La Milagrosa. Entre datos curiosos, la primera persona en ser enterrada en el cementerio fue su arquitecto, el español Calixto de Loira y Cardoso.
Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.
Este teatro está bautizado en honor a la bailarina cubana Alicia Alonso, famosa por interpretar a Giselle y Carmen, unas de las obras del ballet más importantes de la historia. Tras el triunfo de la Revolución, Alonso se convirtió en la directora y coreógrafa del Ballet Nacional de Cuba, que tiene como sede el Gran Teatro de La Habana. La construcción de la edificación, entre 1907 y 1914, se hizo alrededor del Teatro Tacón (1838).
Esta curiosidad convierte al Teatro Alicia Alonso en el más antiguo en funcionamiento del continente. Actualmente, el sitio cuenta con tours guiados que incluyen la subida a la terraza. Desde allí, se podrá tener la mejor vista del Parque Central, el Capitolio, el Museo de Bellas Artes y el Hotel Parque Central.
Bosque de La Habana.
El calor puede llegar a agobiar en la capital cubana y, aunque la ciudad se encuentra a orillas del mar donde sopla el viento, a veces se deseará estar a la sombra. El Bosque de La Habana, pensado como Parque Metropolitano, es el mejor sitio para escaparse un rato del sol, incluso del ajetreo de la ciudad.
Ubicado junto al río Almendares, que separa a los barrios Vedado y Miramar, se encuentra este lugar de casi nueve hectáreas donde el verde no termina y las ramas de los árboles parecen caminar. El Bosque de La Habana es clasificado como Paisaje Natural Protegido y preserva 87 especies de fauna local.
Coppelia.
En esta lista no podía faltar la recomendación gastronómica. Si se viaja a La Habana, es imprescindible comer ropa vieja y moros y cristianos (arroz con fríjol negro), pero si algo es motivo de orgullo para los cubanos es Coppelia, una empresa estatal, fundada en junio de 1966, que sirve el mejor helado de la isla. La sede de Coppelia en La Habana, conocida como la Catedral del Helado, es una de las tiendas más grandes del mundo de este postre tan apetecido.
Esta heladería queda en el barrio Vedado, en el sector conocido La Rampa, diagonal al hotel Habana Libre y muy cerca del Hotel Nacional, otro imperdible para tomar un cocktail. En Coppelia trabajan 400 empleados y se calcula que se atienden a 35.000 clientes al día. Así que prepárese para hacer fila. La heladería fue un proyecto personal de Fidel Castro, quien quería competir con EE.UU. por hacer el mejor helado y ofrecer gran variedad de sabores. El nombre lo escogió la secretaria de Presidencia, Celia Sánchez, inspirándose en su ballet favorito, Coppélia. Banano, guayaba, rizado chocolate, entre otros sabores podrá probar.