REDES SOCIALES

Erradicar el contenido nocivo, la titánica tarea de una latina que supervisa a Facebook

Moderar discusiones sobre libertad de expresión y derechos humanos en internet es una labor pionera que inicia la Junta de Supervisión independiente de Facebook.

Catalina Botero Marín. Foto: archivo
Catalina Botero Marín. Foto: archivo

En los más de 15 años de Facebook, el gigante de las redes sociales, nunca en su historia hubo un momento más determinante para el principio universal y fundamental de la libertad de expresión de más de 2.400 millones de usuarios en esa red que la llegada de una junta de supervisión externa.

Este órgano independiente se ha construido en los últimos 18 meses y presentó un grupo de expertos excepcionales que tiene en sus manos abordar los debates más profundos en materia de internet, derechos digitales y humanidad virtual a la luz de los principios universales de los derechos humanos. Aunque su alcance se limita a Facebook e Instagram, el reflejo de un modelo de autogestión más transparente en tiempos donde las redes sociales juntas llegan a la vasta mayoría de la población conectada en el mundo (4.000 millones de personas), marca una senda profunda de incidencia sobre lo que la sociedad espera de estas enormes empresas y con optimismo lo que se desea construir de esa aldea global que es internet: menos cámaras de eco y más inteligencia colectiva.

En ese escenario de talla mundial, entre una nobel de paz, jueces internacionales, una exprimera ministra de Dinamarca y líderes en la lucha de los derechos humanos, una colombiana es codirectora de la Junta de Supervisión y es la única mujer latinoamericana en ese grupo de 20 miembros, que con el tiempo llegará a 40.

En sus manos, por el modelo de gestión con el que operará la institución, pasarán las principales discusiones de contenido de la red y derechos humanos de Latinoamérica.

Catalina Botero Marín (54), reside en Bogotá y es decana de derecho de la Universidad de los Andes. Ha sobresalido en diversos cargos como Relatora Especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de Estados Americanos (OEA) entre 2008 y 2014 o conjuez de la Corte Constitucional de Colombia en 2015 y 2016. Entre una agenda apretada de trabajo y estudio, Botero se ha encargado de denunciar incontables situaciones como miembro de la Junta Directiva de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) y socia fundadora del Centro de Estudios de Derecho, Justicia y Sociedad (DeJusticia). En exclusiva para el Grupo de Diarios América (GDA), integrado por El País de Uruguay, El Tiempo de Colombia, El Universal de México, O Globo de Brasil, El Mercurio de Chile, El Nacional de Venezuela, La Nación de Costa Rica, El Nuevo Día de Puerto Rico, El Comercio de Perú, La Prensa Gráfica de El Salvador y La Nación de Argentina, la abogada Botero explicó cuál será su misión dentro del organismo y la impactante expectativa que rodea al mismo.

–¿Cuál es el poder que tiene este nuevo organismo sobre Facebook, qué significa esa última instancia?
– La Junta de Supervisión tiene dos funciones: el resolver casos y el hacer recomendaciones. En la primera, el consejo resuelve casos de reportes de contenido en última instancia. Esos casos pueden venir de cuando Facebook elimina un contenido y un usuario apela la decisión ante la Junta o también es posible que el propio Facebook refiera el caso. La decisión que toma el consejo es de obligatorio cumplimiento, como lo establecen las mismas reglas que puso Facebook cuando anunció la creación y el compromiso con esta institución. En las recomendaciones, la Junta puede dar consejos para reformar las políticas de Facebook. Aunque no son de carácter obligatorio lo que se genera es una discusión pública en la que la red social se va a ver compelida a responder públicamente y dar buenas razones sobre sus decisiones o enfrentarse a un costo reputacional muy alto. Para ellos, después de tanto esfuerzo e inversiones en este camino no sería tan fácil no responder públicamente a la junta o hacerlo de forma insuficiente.

–¿Qué garantiza la independencia de este organismo?
– Este modelo no funciona si el mecanismo de autoregulación no es independiente. Las garantías son las mismas que tiene un poder judicial de un país. Facebook destinó un patrimonio autónomo e irrevocable que administra una fiducia, por lo que la red no puede ejercer ningún tipo de presiones presupuestales. No trabajamos para Facebook, no nos contrata y no le respondemos por nuestras obligaciones. Los mandatos son fijos por 3 años y renovables por un máximo de 9 años, sin que Facebook tenga injerencia. La única forma en la que no ocurre la renovación es por un incumplimiento grave dentro de la Junta. Por otra parte, el consejo no decide como personas independientes. Los casos se analizan en grupos de 5 representantes elegidos de forma aleatoria, con excepción de la obligatoria presencia de 1 miembro de la región desde la que surge el contenido. Cuando se toma la decisión, se mantiene la privacidad de quienes deciden.

–¿Con la junta de supervisión, Facebook promete no tener prejuicios y aplicar las mismas reglas para la derecha, el centro y la izquierda. ¿Cómo garantizar esto?
– El grupo de miembros pasó por un proceso de selección riguroso. Con el fin de ser muy plural, se escogió a personas con distintas experiencias, profesiones, orígenes y de ideologías diferentes. Mientras que el sector más conservador critica la elección de personas más liberales, las organizaciones más liberales critican la elección de individuos más conservadores. Es muy bueno que haya distintas corrientes de pensamiento. Sin embargo, hay dos cosas que tenemos todos en común: en el trayecto de nuestras vidas hemos demostrado que somos independientes y que obedecemos a nuestra consciencia y principios; y segundo, todos hemos estado del lado de la defensa de la libertad de expresión, ejerciendo algo que en derecho constitucional se conoce como el principio del ‘Deber de ingratitud’, lo que significa que tenemos la responsabilidad de moderar sin tener que agradecer estar ahí o permitirnos hacer el trabajo.

–¿Cómo garantizar que los principios de transparencia, libertad de expresión y diversidad no se diluyan entre el lobby político o el del mundo de los negocios?
– Es posible que haya intentos de abordar a los miembros por parte de esos grupos de lobby y es imposible evitar que sean abordados. Eso es algo que ocurre con jueces y reguladores en el mundo. La garantía está dada por el perfil de quienes estamos allí. Primero porque nuestras decisiones deben estar soportadas con argumentos y con deliberación profunda, rigurosa y seria, pero también porque estas personas han estado sometidas a esas presiones durante sus carreras y han mostrado que no ceden y responden a sus principios. La mejor manera de resolver una tensión sobre derechos es poner todos los argumentos sobre la mesa a dialogar. Si hay contraargumentos, sin necesidad de atribuir la identidad, se referenciará en los documentos públicos que salgan de cada decisión. Además de que nuestras decisiones son públicas y Facebook debe contestarnos públicamente, de forma anual realizaremos un seguimiento de las respuestas que emitan.

–Usted misma ha definido este rol como un gran reto, ¿qué tipo de cosas espera afrontar los próximos 3 años en el puesto?
– Es muy difícil responder a la inmensa expectativa que esta Junta genera. Entre Facebook e Instagram se pueden estimar más de 3.000 millones de usuarios, que diariamente someten millones de solicitudes de moderación. La junta no podrá resolver todos y cada uno de los casos sino centrarse en aquellos que representen un daño efectivo en la vida real de las personas y sus derechos humanos, en los más emblemáticos. Lo que significa que el tipo de casos que van a llegar son los más difíciles, los que no se moderan por la inteligencia artificial o por las personas que aunque han sido entrenadas para moderar no tienen todas las herramientas para tomar decisiones sobre derechos fundamentales. Por último, tenemos el reto de diseñar formas de deliberar con un grupo de 20, que en el futuro serán 40 personas, que viven en husos horarios distintos, que tienen ideologías distintas, con historias y perspectivas distintas. No es sencillo, pero en las condiciones de la pandemia es aún peor. De resolver ese desafío procedimental depende la buena deliberación, y de allí la toma de decisiones.

–¿Cuáles identifica que sean los principales problemas de contenido de Facebook?
– Por ejemplo, esta semana, la comunidad científica y algunas de las universidades escribieron a las plataformas para pedir acciones. Dicen que el sector se está jugando la vida tratando de atajar el virus y que las redes no están atajando información falsa, incluso cuando está en contra de las recomendaciones de las autoridades de la salud. En Facebook, la desinformación puede ser moderada, pero la pregunta fundamental es cómo lo están haciendo. La llegada de la junta analizará los debates de fondo. No podremos abordar esta preocupación viendo casos de si el jengibre cura el virus, o si la terapia de frío o si el microondas, pero si podremos hacer recomendaciones políticas para guiar las decisiones y considerar también las recomendaciones científicas. Son tensiones muy delicadas pues tratan de ponderar el derecho de libre expresión con los otros derechos humanos que pueden verse afectados. Creo que hay dificultades en el contenido que tiene que ver con incitación a la violencia, el contenido de explotación de menores y el contenido que discrimina de forma dañina, aún sin provocar explícitamente la violencia. Por ejemplo, hay publicaciones que parecen no incitar a la violencia pero pueden terminar teniendo impactos directos.

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