Y los vampiros terminaron aburriendo a su creadora

Stephenie Meyer. Foto: Difusión
51042510 The Host Premiere held at The Arclight Theatre in Hollywood, California on March 19th, 2013. The Host Premiere held at The Arclight Theatre in Hollywood, California on March 19th, 2013. Stephenie Meyer FameFlynet, Inc - Beverly Hills, CA, USA - +1 (818) 307-4813
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La autora de la saga Crepúsculo habla de su nueva novela, La química.

Los millones de fanáticos de Stephenie Meyer esperan cierto aliento supernatural en sus novelas, con vampiros y hombres lobos e incluso híbridos entre vampiros y hombres lobos. Debido a esto, una gran cantidad de aficionados se sorprendieron al saber que su nuevo libro, La química —editado en Uruguay a través de Suma de Letras—, es un intrincado thriller de suspenso sobre una interrogadora altamente calificada que se esconde después de que sus jefes en una secreta agencia gubernamental intentan matarla.

Es un punto de partida inesperado para Meyer, cuyas novelas de vampiros para adultos jóvenes han vendido más de 155 millones de copias en todo el mundo y han ayudado a estimular todo un subgénero, el romance paranormal. Crepúsculo se convirtió en una de las franquicias de entretenimiento más lucrativas de la industria editorial con cuatro novelas, una novela extra de la saga y cinco películas de éxito que recaudaron 3.000 millones de dólares, y eso sin contar todos las camisetas "Team Jacob" y "Team Edward" y el resto del merchandising.

Entonces, ¿por qué Meyer decidió escribir una película de espías, un género ultramasculino notoriamente cerrado, sobre todo para los autores de sexo femenino?

"Me aburro un poco", dijo en una entrevista telefónica desde su casa en Arizona. "Las historias como que se agotan, y querés hacer algo muy diferente. Es como que después de helado, querés unos pretzels".

La astuta protagonista de la novela, que atiende como Alex, es una química brillante y paranoide, entrenada para torturar a sospechosos de terrorismo con sus insoportables y artesanales cócteles químicos. Después de que su jefe se vuelve contra ella, se une a Kevin, un exagente de la CIA que también está huyendo de sus patrones. El plan de escape se vuelve más complicado cuando Alex se enamora del gemelo idéntico de Kevin, Daniel. Ahí sobrevienen tiroteos, escapes de último momento, secuestros, disfraces, torturas y asesinatos.

Algunos de los lectores más fieles de Meyer han respondido con entusiasmo al nuevo concepto. "No soy de leer libros de misterio o series, pero si lo escribió Stephenie Meyer voy a leerlo", dijo Jessica Haluska, una blogger de libros que vive en Chattanooga, Tennessee.

Aún así, algunos fans de Crepúsculo preferían el helado. El año pasado, después que Little, Brown and Co. anunciara la nueva novela de Meyer, algunos "twi-hards" (la línea dura de fans de Crepúsculo) salieron al ataque, quejándose de que debería dedicarse a terminar Sol de medianoche, su estancado recuento de Crepúsculo desde la perspectiva del vampiro Edward. "Probablemente nunca agarraré un libro de ella de nuevo a menos que sea Sol de medianoche", escribió un lector en el sitio Goodreads.

Pero Meyer, de 42 años, parece tener resaca de vampiros. De hecho, la tapa de La química, no menciona para nada a Crepúsculo. Meyer dice que hace tiempo dejó de intentar complacer a sus devotos o agradar a sus críticos, que son muchos y hacen bastante ruido.

Meyer ya se ha aventurado en un género distinto antes con El huésped, su novela de ciencia ficción y su primer libro para adultos. Se vendieron 6,5 millones de copias en todo el mundo, apenas una fracción de las ventas de Crepúsculo.

La química es un salto aún más grande, con Meyer haciendo pie en un género dominado por autores de marca como Lee Child y Daniel Silva. Little Brown imprimó medio millón de ejemplares de tapa dura, buscando atraer a los lectores de suspenso y los fans de Crepúsculo.

"Los fanáticos que crecieron con Crepúsculo ya no están leyendo novelas de adultos jóvenes", dice Jodi Reamer, la agente literaria de Meyer.

La escritora tuvo la idea de La química en 2010, durante una congelante y lluviosa noche de rodaje de Amanecer, la cuarta película de la saga Crepúsculo, en Squamish, Columbia Británica. Temblando de frío frente a los monitores, Meyer pensó en un agente femenina —parte Jason Bourne, parte Bill Nye, el científico mediático— con un talento especial para torturar. Entusiasmada le contó la trama en detalle a Meghan Hibbett, su socia en Fickle Fish, su productora de cine.

Al principio imaginó la historia como una película que su compañía podría producir, pero la trama se hizo demasiado elaborada para meterla en un guión. Dejó a un lado la idea y se dedicó de lleno a la producción.

Años más tarde, Meyer volvió a la idea y decidió escribirla como novela. Con un horario de trabajo vampiresco —un hábito residual de cuando escribió Crepúsculo, mientras con su marido criaban tres hijos—, trabajó en La química desde las nueve de la noche hasta las tres de la mañana. La trama fluyó rápidamente, pero le costó idear formas inusuales para matar, mutilar y torturar, por lo que consultó a varios expertos en bioquímica y biología molecular.

Meyer está dándole vueltas a su próximo proyecto. Una de las ideas es escribir otra vez algo completamente diferente: una fantasía, ambientada en un mundo de oscuridad y sufrimiento, donde hay magia al alcance de sólo unos pocos. Probablemente no será de interés para aquellos que aún quieren más vampiros.

"Sé que no atrae a los mismos lectores", dijo, "pero no es por eso que escribo".

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Stephenie Meyer. Foto: Difusión

STEPHENIE MEYER

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