Jorge Abbondanza
Los norteamericanos pueden perder la cabeza al enfrentar la cultura europea, con sus antiguos y perversos valores. Como reflejo del puritanismo, esa embriaguez suele radicarse en los terrenos eróticos. Ya lo decían Henry James en el siglo XIX y Sinclair Lewis en el siglo XX, pero lo repite Woody Allen en el siglo XXI demostrando que el espíritu provinciano del Nuevo Mundo sigue subordinado al magnetismo del Viejo. Algo de eso asomaba en las tres películas que Allen hizo en Inglaterra, pero se amplía con esta filmación en España donde dos muchachas norteamericanas llegan a pasar el verano y sucumben por turno ante la seducción de un pintor catalán, lo cual desordena sus emociones y puede cambiar sus vidas.
A medio camino entre la sátira de costumbres amorosas y un manual sobre la inestabilidad sentimental, el resultado prueba dos cosas. La primera es que el ingenio de Allen -ante todo el de sus diálogos- se ha apagado con los años, y la segunda es que el tono de comedia dramática que elige aquí no parece agudo sino bastante insulso. Al margen de dos o tres momentos resueltos con gracia, el planteo incluye mucho rasgo convencional y gastado. Pero todo resucita de pronto cuando aparece en escena Penélope Cruz, en un papel de esposa enloquecida que la actriz compone con fantástico temperamento, enriqueciendo situaciones que (inesperadamente) se ubican más cerca de Almodóvar que del propio Allen.
VICKY CRISTINA BARCELONA
Ficha
España/EE.UU. 2008. Título original: Vicky Cristina Barcelona. Dirección y libreto: Woody Allen. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Intérpretes: Rebecca Hall, Scarlett Johansson, Javier Bardem, Penélope Cruz.
Atención a...
Las bellezas visuales de Barcelona y de Oviedo, que Allen sabe elegir para adornar su película, revelando de paso su propio deslumbramiento ante ciertos paisajes catalanes y asturianos.