Gustavo Laborde
Beatriz Flores Silva se apresta a filmar su tercera película. Este nuevo proyecto comenzará a rodarse el próximo otoño y lleva el título provisorio de Masángeles. A diferencia de sus películas anteriores, en las que una protagonista femenina llevaba adelante la historia, en este film la directora contará los avatares de varios integrantes de una familia entre los años 1966 y 1973. Pese a la significación histórica de estas fechas, la directora se apresura a aclarar que no es una película política, sino que la convulsión social de estos años sólo será el telón de fondo sobre el que se recorta una historia familiar. Esta coproducción entre Uruguay, España, Bélgica y Venezuela se estrenaría en setiembre de 2006 o abril de 2007.
—Usted definió su nueva película como una "tragicomedia épica neurótica". ¿Qué quiere decir?
—Es la historia de una familia de neuróticos, en la que todos son muy diferentes y todos tienen una meta muy clara de lo que quieren. De alguna manera son muy egoístas, por lo que cada uno se encuentra muy solo. Por esas casualidades de la vida, a esta familia viene a parar una niña de 7 años que tiene que convivir con ellos y que, a diferencia de todos, no es para nada neurótica. Ella tiene otras metas más esenciales como amar y preocuparse por los demás. Quiere decir que esta película oscila entre el altruismo y el egoísmo de sus personajes. La trama se desarrolla entre 1966 y 1973, es decir desde el día en el que gana las elecciones el General Gestido hasta el día del golpe militar.
—¿Es una película política, o esos hechos son sólo el telón de fondo?
—No es una película política sino una película sobre una familia, pero con ese cuadro de época detrás, va a tratar los diferentes posicionamientos que cada integrante de la familia va a tomar: uno se va a hacer tupamaro, otro se va a corromper, otra se va a dedicar a consumir y consumir como nueva rica, a otra no le va a importar nada, etcétera. Es como tener los diferentes representantes de nuestra sociedad en una misma familia. La niña, que cuando termine la película va a ser una adolescente, es como un personaje ideal, que va a tener mucha recepción y todos se van a sentir identificados con ella. Habrá referencias a gente en particular, a los partidos políticos y esas cosas, pero es una reflexión sobre esa época, sobre las cosas que cada uno estaba haciendo en esa época y sobre las cosas que podríamos haber hecho. Pero no es una película de denuncia.
—Claro que con su historia familiar, con miembros de destacada actividad política como su padre y su hermano, muchos van a querer leer entre líneas.
—Todo artista se basa en su memoria afectiva. Y a veces uno se refiere a una cosa y para otro es evidente que te referís a tal otra. Una vez me preguntaron por qué había elegido a una actriz parecida a mí, por Mariana Santángelo. Ella, para mí, no tiene nada que ver conmigo. Creo que se dio un fenómeno de trabajo donde yo le transmití mucha energía y puede haber existido una empatía, pero no con ella, sino con su personaje, porque tampoco ella se parece nada a su personaje. Siempre pasan esas cosas, es el riesgo que se corre. Yo viví esa época, conozco la política porque mi padre y mi hermano se dedicaron a la política, pero no es una película sobre mi familia. Mi familia es mucho mejor que la familia de mi película.
—Parece una película bien diferente a las que venía haciendo. Sus dos films anteriores se centraban en una heroína y en una línea de tiempo más acotada.
—Es un gran desafío para mí, porque yo venía haciendo películas más tradicionales. Esta es una película coral, es decir que tiene varios personajes. Es un proyecto bastante grande y ambicioso desde el punto de vista artístico.
—La película va a demandar una recreación de época. ¿Va a usar imágenes de archivo, por ejemplo?
—Puede que use alguna imagen de archivo, pero no lo tengo definido todavía. En cuanto a la recreación de época, como todo sucede adentro de una casa, va a ser bastante acotada. Es decir, no voy a tener muchos problemas en ese rubro. Tengo otros problemas, pero no ese. Por suerte, he contado con apoyos como el de la Academia Real de Artes de Holanda, que me becó durante doce meses para desarrollar el guión con una especialista en películas corales y con otro especialista en género, para afinar el abordaje de la tragicomedia. También fui seleccionada para un taller llamado Director Coach in Program, que es un programa en el que te ayudan a perfeccionar las características artísticas de tu película. En ese taller grabamos algunas escenas de la película, con actores holandeses, para ver si funcionaban algunas cosas. Realmente este es un proyecto que he preparado mucho.
—¿Cuándo comienza el rodaje?
—Se va a rodar el año que viene, íntegramente aquí en Montevideo. Actualmente estoy en el proceso del montaje financiero, porque si bien gané varios apoyos por concurso como el de Ibermedia y otro del Ministerio de la Comunidad Francófona Belga, que es de 500 mil euros, pero que es para gastar en Bélgica, ya sea en técnicos belgas o en pos producción. Pero todavía necesito financiar el rodaje aquí, en Montevideo. Ahora regreso a Bélgica y vuelvo en diciembre, para iniciar todo el proceso de casting, organización de rodaje y todas esas cosas. El proyecto es una producción entre Bélgica, España, Uruguay y Venezuela.
—¿Va a utilizar actores de esos países?
—Básicamente van a venir técnicos extranjeros. Con respecto a los actores, es posible que haya un actor español por el régimen de coproducción, pero no va a haber actores belgas, aunque es posible que sí haya argentinos. Yo busco los actores dentro del área del Río de la Plata por el acento, no puedo tener un cubano o un venezolano para que haga el papel de un político uruguayo de los años ’60, pero sí puedo tener a un argentino. Quizá pasa como en la película anterior que los protagonistas fueron argentinos, o quizá no. Mi obligación es que el actor corresponda lo mejor posible al personaje y con el que mejor pueda trabajar para obtener a ese personaje. A mí me gustaría hacer todas mis películas con Margarita Musto, pero no siempre tengo un papel para ella. Lo mismo me gustaría trabajar con Augusto Mazzarelli o Juancho Saraví. Cuando yo usé actores argentinos como protagonistas de En la puta vida, no lo hice porque pienso que no hay buenos actores uruguayos, ni que estos fueran mejores, sino que ellos correspondían mejor a lo que yo quería, desde mi punto de vista, pero bueno, yo soy la directora.
—¿Es difícil dirigir niños?
—Mis cosas son difíciles siempre. Pero no es tanto lo de dirigir niños, sino que tengo que elegir a dos actores para varios personajes, porque tengo dos edades diferentes, cuando empieza y cuando termina la historia. Es decir, ambas tienen que ser parecidas, buenas y maravillosas. Por eso no puedo estar fijándome si es uruguayo o argentino. Espero que se entienda que mi obligación no es contratar actores uruguayos, sino hacer una buena película.
—¿Qué presupuesto tiene este film?
—Más o menos un millón y medio de dólares. Pero hay que tener claro que eso no significa que ese dinero sea contante y sonante, sino que eso es lo que cuesta, aunque muchas cosas se obtienen por otro tipo de arreglos en los que no necesitás desembolsar el dinero. Es un proceso muy difícil esto. Pero esto no debería ser tan difícil, ahora el cine uruguayo está en otro momento y la gente llena las salas para verlo y se ha comprendido que el cine es un diálogo de sociedad. Tiene que haber una política gubernamental que facilite las cosas, incluso el presidente Tabaré Vázquez dijo en su discurso de asunción que la ley de cine era prioridad para este gobierno. Sería bueno que así como gané por unanimidad un concurso en Bélgica por el que me dieron un dinero, también pueda haber una instancia similar en Uruguay, no digo por un monto tan grande porque Uruguay no es Bélgica, pero por un monto que te pueda dar otras cosas.
"Al cine uruguayo le va bien, pero se hace a puro pulmón"
—¿Cómo ve a nivel creativo el cine uruguayo actual?
—Creo que hay muchísima creatividad. Uruguay tiene actores increíblemente imaginativos, técnicos que se han desarrollado muy bien, creo que se ha tomado gran conciencia de la profesionalización que tiene que haber para hacer cine. En eso creo que han influido mucho las instituciones formativas, como la Escuela de Cinemateca y las universidades donde se enseña audiovisual. Estas cosas han desarrollado mucho la creatividad de los organizadores, porque esto es un arte, pero también es un oficio. Como todo, esto hay que hacerlo con regularidad. En ese sentido me parece importante que haya realizadores que ya vayan por su segunda o tercer película y que sean realizadores con propuestas artísticas muy diferentes entre sí, lo que propicia la diversidad dentro de nuestra identidad cultural.
—A eso se suma el interés del público, que apoya masivamente el cine nacional.
—Sí, nosotros con En la puta vida tuvimos 140 mil espectadores, lo que marcó que por primera vez una película uruguaya le ganó a las películas norteamericanas. Fue la película más taquillera del año. Tuvimos el 45% del mercado y le ganamos a películas súper taquilleras y costosas como Pearl Harbor, por ejemplo. Sé que otras películas uruguayas también han tenido muy buen público. Creo, porque no he estado en Uruguay, que ninguna llegó a los 140 mil, pero sí han tenido buena respuesta. Y hay otras cosas, como dijo Martín Papich, del Instituto Nacional del Audiovisual, las películas uruguayas tienen un promedio de 17 premios internacionales. Eso es realmente bueno y en el extranjero se está empezando a hablar del cine uruguayo. Es decir, al cine uruguayo le está yendo mejor que al país, pero a base de mucho pulmón. Pero los pulmones tienen un límite. Creo que tenemos que pasar a otra etapa, porque ya hemos dado muestras de que se puede hacer.