Esta tarde a las 19 horas se abre una muestra de obras de Luis Arbondo (1939-2006) que comprende pinturas y objetos realizados por el artista a partir de 1967. Se realiza en el Museo de Arte Contemporáneo de El País (18 de Julio 965, piso 2).
Esa selección, que la curadora Pilar González no se atreve a llamar retrospectiva -porque faltan piezas de alguna etapa de la carrera de Arbondo- abarca sin embargo los grandes períodos de esa trayectoria. Una de ellas es la de las telas de gran formato que inscribieron al pintor en la corriente de expresionismo abstracto de la década del 60, cuando esa tendencia estaba en pleno auge a escala internacional, donde Arbondo figuró junto a eminentes colegas nacionales y que colocó a este plástico desaparecido en un primer plano de atención de la crítica y el público. Los grandes esquemas de trazo negro sobre fondo blanco, caracterizaron el trabajo de un Arbondo juvenil, revelando la energía de su instrumental y la creciente madurez de su lenguaje, doblemente sugestivas en un momento donde el Uruguay se desestabilizaba.
Esa crisis del país determinaría pocos años después el exilio de Arbondo, que pasó a radicarse inicialmente en Milán y luego se quedó durante casi dos décadas a vivir en España (Madrid, pero después Barcelona como sede definitiva). Allí continuó trabajando y exponiendo en forma colectiva o individual, hasta que en 1993 se produjo su regreso al Uruguay, período encabezado por una gran muestra en el mismo Museo de Arte Contemporáneo que ahora lo recuerda, y que marcó su reencuentro con este medio. Su modalidad expresiva atravesó un lento regreso a la pintura figurativa, como etapa por dentro de un lenguaje siempre inquieto -que supo virar de varias maneras a lo largo de su vida- y que en un período final desembocó en las encantadoras cartulinas caladas, donde perforaba y plegaba paisajes urbanos, armándolos a menudo según la técnica de las viejas publicaciones literarias donde la obra se levanta al abrirse las hojas que la encierran.
Al margen de esa producción que ahora perdura en la memoria de muchos contemporáneos, Arbondo fue un individuo cálido, sensible y comunicativo a quien los colegas y amigos apreciaron particularmente. Nacido en Artigas, se había formado con Domingo de Santiago y Marco López Lomba en la Escuela de Artes Aplicadas de la Universidad del Trabajo, de la cual egresó en 1956 para emprender su tarea personal con unos años iniciales en el campo de la escenografía teatral para grupos independientes (que entonces habían hecho eclosión). Frecuentó asimismo el área del diseño gráfico y la diagramación, rubros que no abandonó durante su estadía en Europa. En su extensa lista de actividades cabe señalar su presencia en la Feria Nacional de Artes Plásticas de la Plaza de Cagancha (a partir de 1963), sus viajes de estudio a Chile, Perú y Bolivia, su concurrencia al Salón Nacional y su vínculo con la Galería U de Enrique Gómez, con la que expuso en el país y fuera de él. De eso pasaría a numerosas muestras en Europa y a la continuidad que tuvo su faena artística durante los trece años de su regreso al Uruguay.
Parece muy alentadora la política del MAC, de exponer la obra de talentos desaparecidos como Arbondo (y como será dentro de poco Carmen Garayalde) para que su recuerdo no se borre y su obra tampoco.
Camino: El Museo de El País continúa con la revisión de la obra de talentos desaparecidos.