Quillermo Zapiola
Michael Moore suele ser un fastidio necesario, y vuelve a serlo en "Capitalismo, una historia de amor", su más reciente documental que ha llegado al mercado de DVD.
El título ya lo dice casi todo, y acaso la única duda sea dónde está la "historia de amor" prometida. Aunque ya se sabe que Moore es, sobre todo, un humorista, virtud con la que, junto con cierto ingenio para plantear preguntas molestas, suele disimular la frecuente superficialidad y demagogia de sus análisis.
Si en Roger y yo el tema era el cierre de una planta de General Motors y su influjo sobre los habitantes de su población de Flint; si Bowling for Columbine era una excesiva generalización sobre las raíces de la violencia social (y una atroz simplificación de la historia de los Estados Unidos); si Fahrenheit 9/11 decía alguna cosa inteligente sobre los efectos de los atentados del 11 de septiembre en la sociedad norteamericana; si Sicko cuestionaba con argumentos atendibles las fallas del sistema de salud norteamericano (aunque idealizaba en cambio el de cierta isla caribeña cercana, fingiendo que los nacionales son tratados igual que los turistas), Capitalismo, una historia de amor enarbola algunos buenos argumentos acerca del poder corporativo y la forma en que estorba a la gente común.
No es por cierto casual que el film incluya la voz e imágenes de Franklin Delano Roosevelt pronunciando su último discurso del Estado de la Unión en 1945, y algunos imágenes que se añadieron de inmediato. El presidente estaba demasiado enfermo para concurrir al Capitolio en persona, y su alocución fue transmitida por radio. Roosevelt pidió a la empresa de noticieros fílmicos Movietone que rodara algunas escenas adicionales, y en ellas reivindicó lo que definió como "un segundo Bill of Rights" que debía incluir los derechos a la vivienda, el trabajo, la educación y la salud. El material nunca fue exhibido hasta que los colaboradores de Moore lo desenterraron, y su alegato sigue siendo vigente. Solo por él, el film tendría ya algún interés.
Hay otras cosas, claro (¿alguien sabía que hay empresas norteamericanas que adquieren pólizas de seguros para sus empleados?; obviamente, las beneficiarias son las propias empresas, que obtienen réditos si el empleado muere). Uniendo esos y otros datos (ilustrados por una serie de historias personales a veces conmovedoras) con la cita de Roosevelt, el punto de vista de Moore resulta claro: frente a la casi supresión del Estado propuesta por "neocons" y sucursales, reivindica una dosis de intervencionismo rooseveltiano (algún especialista dirá "keynesiano") para hacer frente a los problemas. También le reprocha a Obama falta de decisión al respecto, aunque le concede el beneficio de la duda (cosa que nunca ha hecho con los republicanos).
Quienes desde la extrema derecha suelen ver en él a una suerte de "comunista antiamericano" (ver la comedía Un cuento americano de David Zucker; aparece a cada rato en cable) deberían acercarse sin prejuicios a este documental y enterarse de lo que piensa realmente el católico Moore. Tiene claro que el capitalismo genera problemas, pero el socialismo no está por cierto en su horizonte. En realidad, eso lo deja con más preguntas que respuestas, pero en sí mismo no está mal, y la película tampoco. Hay reiteraciones y más imágenes de Moore de las necesarias, pero ya se sabe que Michael no puede con su lado narcisista.