Un reencuentro con terrores infantibles

| El terror se impone como una tendencia predominante en la industria cinematográfica norteamericana

SOBRESALTOS. Un héroe asustado y traumatizado (Barry Watson), o cómo protegerse de la terrible amenaza del Cuco 200x140
SOBRESALTOS. Un héroe asustado y traumatizado (Barry Watson), o cómo protegerse de la terrible amenaza del Cuco

GUILLERMO ZAPIOLA

Varias generaciones de niños uruguayos y de otros lados han sido asustados por él, aunque ahora no esté de moda. En el Río de la Plata se lo llamaba el Cuco, y aunque nunca se supo exactamente qué era se sabía que había que tenerle miedo. La versión anglosajona del misterioso personaje que se desplaza en la oscuridad y amenaza a los niños desde armarios y roperos se denomina Boogeyman, y ese es justamente el título (y el tema) del film terrorífico que en su estreno del último fin de semana se colocó a la cabeza de la taquilla norteamericana. Los cables de agencia que han informado al respecto han atribuido con algún error a Sam Raimi, ese especialista en asuntos de miedo, su realización: de hecho, Raimi es uno de los productores. El film, en el que actúan Barry Watson, Emily Deschanel y Lucy Lawless, ha sido dirigido en realidad por el menos notorio Stephen T. Kay.

HISTORIA. El film propone una versión particularmente peligrosa y sangrienta de su personaje. La historia se centra en un joven (Watson) traumatizado por el recuerdo de una terrible experiencia infantil que, muchos años después, debe superar sus miedos y, vuelto a su antigua casa paterna, hacer frente a la monstruosa entidad, acaso real, acaso imaginaria, que entrevió una vez en su habitación de niño.

Hasta los ocho años, el protagonista se dormía todas las noches con una historia habitualmente terrorífica contada por su padre. Hasta "aquella noche" en que la historia dejó de ser imaginaria para convertirse en real (¿o no?). En el recuerdo del personaje al menos, "algo" salió del ropero y se llevó al padre. El hombre no volvió a ser visto.

El niño, ahora crecido, nunca se recuperó de esa experiencia. Se ha pasado la vida intentando evitar que el Boogeyman pudiera ocuparse de él: ha eliminado todo rincón oscuro en su departamento, no hay roperos, y la cama está en el piso para que nadie o nada pueda ocultarse debajo. Al comenzar el film el personaje debe abandonar esa relativa seguridad y pasar la noche en la habitación de huéspedes de la casa de los padres de una amiga: allí despertará cubierto de sudor tras padecer un extraño sueño con su madre.

Las cosas empeoran después, porque la madre muere y el hombre debe volver a la casa paterna para hacerse cargo. Luego del funeral, la psiquíatra que lo atendió de niño le aconseja pasar una noche en la casa para superar sus miedos de infancia. Empiezan a pasar cosas raras, claro: el hombre se siente vigilado, luego comienza a desaparecer la gente. Sólo hay una solución: tomar el toro por las astas y hacer frente al misterioso habitante de los roperos. De a poco el film construye su mecanismo de tensión, hasta un duelo decisivo.

TAQUILLA. Los sociólogos deberán proporcionar las explicaciones del caso, pero todo indica que ha comenzado en los Estados Unidos un período de auge (comercial, al menos) para el terror adolescente. Es demasiado temprano todavía, tal vez, para hacer afirmaciones categóricas, pero acaso valga la pena recordar que los períodos de expansión del terror cinematográfico suelen coincidir con momentos de particular tensión social o política: los monstruos del expresionismo alemán anticiparon el nazismo, la Edad de Oro del género en los Estados Unidos (el cine de la empresa Universal en los años treinta) coincide con los coletazos de la Gran Depresión, el "período Hammer" en Inglaterra corresponde a la crisis del Imperio Británico, los arrestos demoníacos de Hollywood en los setenta, iniciados por El exorcista, prolongaron las inseguridades de Watergate y de la crisis del petróleo (y no hay que olvidar que el diablo de El exorcista llegaba de Irak). Quizás los miedos contemporáneos de una sociedad amenazada por el terrorismo fundamentalista y embretada en una guerra de final imprevisible estén encontrando también sus vías de expresión más o menos inconsciente.

Explicaciones a un lado, es un hecho que varios films de terror se han colocado a la cabeza de la taquilla norteamericana en las últimas semanas, o un poco más. En los alrededores de Halloween fue The Grudge. "americanización" de un film japonés de culto que integra un fenómeno más amplio: el rebote sobre la producción norteamericana de la oleada de horror nipón que comenzó con Ringu y ha proseguido con algunos films de Kiyoshi Kurosawa. Más cerca estuvo Mente siniestra, el film con Robert De Niro que actualmente se exhibe en Montevideo. Ahora le toca a este Cuco anglosajón.

Es seguramente muy deliberada la serie de referencias al género que el film maneja como guiñada a sus aficionados: un seguidor del cine de terror ha podido señalar momentos que remiten a Poltergeist (una habitación ventosa), Identidad (un motel amenazador y gente asustada en él), Pesadilla en lo profundo de la noche (una bañera inquietante), la ya mencionada The Grudge (una casa muy, muy perversa) y hasta a ¿Quieres ser John Malkovich?, que no era una película de terror pero en la que también pasaban cosas muy extrañas. Es decir, a casi todo el cine que tenga algo que ver con el asunto. A prepararse para los sobresaltos.

De cineasta de culto a la gran producción

Sam Raimi es en realidad solamente (o nada menos que) uno de los productores de Boogeyman, pero su nombre es el que ha sido destacado en los cables de agencia y hasta en la publicidad del film. Se comprende: Raimi ha pasado últimamente de cineasta terrorífico "de culto" a mimado de la producción "mainstream", especialmente a partir del momento en que dirigió las dos exitosas películas del Hombre Araña.

Nacido en 1959, Raimi ganó una primera fama marginal con su baratísimo film de terror Diabólico (1980), que conoció un par de secuelas de mejor nivel (Noche alucinante, 1987; El ejército de las tinieblas, 1992). En el medio había hecho la errática comedia negra La academia más loca del mundo (1985), y en 1990 dirigió el sombrío ‘comic’ Darkman, donde había un abundante componente cinéfilo, que incluía referencias a El fantasma de la Opera y Museo de cera, pero sobre todo un excepcional control narrativo para mover una historia de terror y suspenso. En 1995 incursionó con similar vocación cinéfila en una "parodia seria" del ‘spaghetti western’, Rápida y mortal, protagonizada por Sharon Stone. También hizo el policial negro Un plan simple, el asunto romántico de Enamorado y la historia de suspenso sobrenatural de Premonición, antes de encontrarse dos veces con el Hombre Araña.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar