Un paseo de la fama con celebridades impensadas

MATÍAS CASTRO

Más o menos un mes atrás recibí una invitación que incluía la siguiente frase: "Como en Hollywood, pero en Malvín Norte". Se trataba de la invitación a la inauguración del Paseo de la Fama uruguayo. Recordemos antes que el Paseo de la Fama original, el de Hollywood, es una sección de una avenida en Los Angeles, que está adornada con baldosas que tienen estrellas dedicadas, justamente, a las estrellas del cine. Conseguir una estrella en ese lugar es todo un reconocimiento a la carrera y también la consagración del estatus de famoso de la persona en cuestión. Se trata de algo que puede existir allí donde durante décadas se ha movido una industria multimillonaria en torno a la fama de los actores y su divismo.

En cuanto a la invitación que comparaba Hollywood con el barrio montevideano, refería a la inauguración de El Paseo de la Fama en Uruguay. Y se inauguró. "100 estrellas con 100 personalidades de la talla de Alberto Kesman, Sara Perrone, Verónica Lavalle, Humberto De Vargas, Abel Duarte, Sonia Breccia, Jorge Rama, Christian Font, Oscar Álvarez, Lina Paccella y la Wanda Nara uruguaya", decía la tarjeta digital. El Paseo en cuestión era, en realidad, una intervención urbana creada por un artista local, que resolvió dar una respuesta irónica al intento casi agotador de construir nuestra propia galería de famosos. Por si cabían dudas sobre la ironía y la visión un tanto agria del asunto, la invitación decía "Fin de año con las estrellas de la Suiza de América".

La idea tenía su gracia. Tal vez a algunos les parezca una falta de respeto, pero el hecho de que exista una cosa así es también un reflejo de cómo mucha gente ve esta cuestión de las celebridades del país del mate en la rambla. Los famosos aquí no pueden comportarse como verdaderas estrellas porque las dimensiones del país no permiten tal cosa. Que haya famosos (de la televisión, de la música o del cine), no quiere decir que tengamos con que sostener el modo de vida que requieren las llamadas estrellas. Y tampoco es tan necesario llegar a tenerlas.

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