Un joven Mussolini revisado en el cine

JORGE ABBONDANZA

Benito Mussolini (1883-1945) fue una de las estrellas políticas del siglo XX a través de los 21 años que duró en Italia el régimen fascista, y ha quedado ubicado en una primera fila de los déspotas junto a Hitler y a Stalin, por lo menos. Su brutal dictadura ha figurado en numerosas películas, con un punto alto en El proceso de Verona de Carlo Lizzani (1963), donde se recreaba la etapa final de su régimen. Ahora se anuncia una evocación de su etapa juvenil y del comienzo de su carrera, que se titula Vincere (Vencer) dirigida por Marco Bellocchio, un realizador con prestigiosa trayectoria desde 1965 (I pugni in tasca, La Cina é vicina).

Hombre de singulares contradicciones, Mussolini parecía un payaso cuando se lo veía gesticular durante los discursos que pronunciaba desde el balcón de Palazzo Venezia, envaneciéndose de sus propias palabras, aunque con esos desplantes enardecía a la multitud. Por otro lado era un individuo cultivado, que se había iniciado en filas socialistas practicando un anticlericalismo y un sentimiento republicano que después abandonó. De hecho, fue el único de los dirigentes europeos que en la reunión de Munich entre las grandes potencias (1938) dominaba las lenguas de todos los presentes (alemán, inglés y francés, además del italiano). Al margen de ello, cometió cuatro disparates históricos: pretendió reconstruir la hegemonía romana sobre el Mediterráneo, quiso armar un imperio con la conquista de Albania y Abisinia, se asoció con Hitler y entró a su lado en la Guerra Mundial. Así le fue.

Lo que Bellocchio cuenta en Vincere es el romance casi secreto que un Mussolini juvenil mantuvo con Ida Dalser, muchacha de Trento a la que había magnetizado con su elocuencia. Esa amante -con la que tuvo un hijo- era además una mujer temperamental, capaz de hacerle frente con una energía que llevó a la discordia de la pareja. Y así Ida Dalser encabezó la lista de mujeres que han figurado en la vida del Duce, desde su cónyuge Donna Rachele hasta Margherita Sarfati y la devota Claretta Petacci, que lo conoció cuando era una colegiala y lo acompañó hasta la muerte.

Interpretada por Filippo Timi y Giovanna Mezzogiorno, la película agrega a sus tramos de ficción un valioso material documental, en parte conocido y en parte inédito, en el que figura un curioso discurso del líder fascista hablado en alemán. Con todo ello, Bellocchio enriquece su retrato de Mussolini y le cuelga el irónico título de Vincere, como reverso de la derrota en que se desplomaría el dictador a partir de 1943. Porque según Bellocchio, esa derrota ha funcionado para los italianos "como una expiación, por haber creído en aquel hombre y haberlo obedecido". Puede ser útil para el público de hoy revisar esa figura que supo meterse a un país tan ilustre en el bolsillo.

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