Un hombre, su caballo y el desierto

| El film cuenta la historia de un jinete que participó en una de las carreras más difíciles del mundo

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GUILLERMO ZAPIOLA

Lo que cuenta Océano de fuego, película dirigida por Joe Johnston y protagonizada por Viggo Mortensen que se estrena mañana en varias salas montevideanas, se proclama real aunque quizás no lo sea. El dato resulta empero totalmente irrelevante: la función del cine de ficción no es contar las cosas tal como ocurrieron sino mentir convincentemente, y de esa manera alcanzar una manera indirecta y elusiva de la verdad. Cuando lo logra, el resultado recibe el nombre de arte.

En todo caso, las tradiciones de varias tribus indígenas norteamericanas han conservado la historia o la leyenda de este Frank T. Hopkins que Mortensen interpreta, correo a caballo y explorador mestizo del ejército de los Estados Unidos que debió ocultar como un secreto vergonzoso su sangre mezclada (era hijo de un blanco y una india lakota), fue testigo de la masacre de "nativos americanos" perpetrada por las tropas norteamericanas en Wounded Knee, se hundió en el alcoholismo, se convirtió en un número más en el espectáculo del Viejo Oeste dirigido por el coronel William "Buffalo Bill" Cody, y se redimió al ser convocado a participar en la carrera del título, una travesía épica de cuatro mil ochocientos kilómetros por el desierto de Arabia. Si se acepta la versión de Hopkins y de los indios, el personaje no solamente habría sido el primer no musulmán en intervenir en esa carrera en todo un milenio, sino que con su "mustang" Hidalgo habría derrotado a los jinetes locales y sus fogosos caballos árabes.

ESPECTACULO. Fuentes árabes han puesto en duda que Hopkins haya siquiera participado en la competencia pero, realidad o ficción, había aquí material apto para un relato de aventuras, y el director Joe Johnston es un experto en el género: su filmografía incluye títulos como Querida, encogí a los niños, Jumanji y la tercera entrega de Parque Jurásico, en las que dejó muestras de su gusto por la acción y la fantasía.

Esta vez Johnston se encuentra entre las manos con un tema que le permite algunos despliegues de violencia en los Estados Unidos (concretamente, la masacre de Wounded Knee, algo así como el Salsipuedes norteamericano) y deriva luego hacia un asunto de "cowboys versus indios" (bueno, versus árabes) entre cabalgatas, tormentas de arena y la reiterada intervención de humanos hostiles. Ya se sabe que con tecnología digital se consigue cualquier cosa: ha podido señalarse que algunas secuencias de despliegue físico del film son realmente espectaculares.

También hay gente amistosa, claro. Quien invita a Hopkins a participar en la carrera es un poderoso jeque interpretado por el veterano Omar Sharif, arquetipo del oriental seductor desde los tiempos de Lawrence de Arabia. Y un par de mujeres se cruzan también en el camino del protagonista: una dama inglesa (Louise Lombard) que trata de preñar a una de sus yeguas con el gran campeón árabe; la hija del jeque (Zuleikha Robinson) dispuesta a transgredir algunas tradiciones islámicas sobre sumisión femenina. Tan importante como los personajes humanos es por supuesto el propio caballo Hidalgo, un animal de raza mezclada que ha podido ser entendido como una suerte de contracara o complemento del ambiguo héroe encarnado por Mortensen.

Ha habido unos cuantos elogios críticos para esta aventura épica e hípica. El argentino Adolfo C. Martínez, en La Nación de Buenos Aires, habla de "una excelente reconstrucción de época", "una deslumbrante fotografía" y "una banda musical de primer nivel". También elogia la composición de Mortensen, quien según él "aporta a su papel una sutil tonalidad que nunca lo convierte en un simple héroe, sino que lo supone un ser necesitado de emociones para continuar su vida de peregrino".

Por su parte, el habitualmente sensato crítico norteamericano Roger Ebert, del Chicago Sun Times, se ha dejado seducir por el resultado. Según él, Océano de fuego posee "la pureza y simplicidad de algo que pudieron haber hecho Douglas Fairbanks o Errol Flynn", ubicándose en una tradición muy clásica de cine de aventuras. Ebert advierte igualmente que el film está dirigido a quienes conservan en un rincón de su corazón un espacio para "los valientes cowboys, las hermosas princesas y los nobles caballos". Son mucha gente, claro.

El actor y su personaje

Durante una entrevista exclusiva concedida en Buenos Aires a El País, Viggo Mortensen (que nació en Nueva York de madre norteamericana y padre danés, pero vivió mucho tiempo en la Argentina) habló largamente del personaje que interpreta en Océano de fuego. Según él, Frank T. Hopkins es "un héroe arquetípico que va a un lugar del mundo desconocido para él y se porta con cierta dignidad. Es obvio que él no puede saber cómo funcionan las cosas en otra parte del mundo, y aunque no conoce esa cultura, se interesa por ella, está con los ojos abiertos y aprende de ella".

Mortensen dijo también que se trata de "una película de aventuras como las que se hacían antes, como las de los años cincuenta. Es una película hollywoodense al estilo de la vieja escuela". Sin embargo, "aún así tiene cierta subversión. Toca temas, ideas y cosas que no suelen esta presentes en las películas de Hollywood, como que se escuche hablar el idioma árabe, o que se muestre la matanza indígena de Wounded Knee. O que se muestre a Hopkins como un hombre complicado, que miente por razones económicas". En opinión del actor, lo menos importante es saber si el protagonista gana o no la carrera: ""Es el ciclo clásico de cualquier cuento de héroes. Hay un desafío, y no importa tanto si tiene éxito o no, sino la experiencia que queda de ese reto. Luego vuelve a su tierra, a su pueblo, y comparte lo que ha ganado".

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