Un concierto en "plan de tocar mucho"

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ALEXANDER LALUZ

Convencido. No hay otra palabra para sintetizar el perfil de alguien que hace de una Temporada de conejos un disco "espeso", "abigarrado", "que no se agotara en la primera escucha" y provocador esas (saludables) buenas ideas.

Martín Buscaglia es quien se hace responsable de estos dichos. Y también del plan musiquero, para "sacarse las ganas", a la hora de hacer su presentación oficial en sociedad, y jugando ahora sí de locatario, luego de llevarlo por España, en marzo, y el mes pasado a Argentina. El lugar elegido es La Trastienda; el día y la hora, este sábado a las 21 horas.

"La idea -promete Buscaglia- es tocar mucho, este nuevo disco entero y lo que venga", con el plantel renovado de sus Bochamakers. Ellos "ahora son Mateo Moreno en el bajo, Martín Ibarburu en batería, y Matías Rada (el hijo de Rubén) en la guitarra, que será su debut oficial en escena". La lista de invitados para esta salida de conejos viene nutrida: "en total vamos a ser como once o doce músicos sobre el escenario. Estarán Nico Ibarburu, un coro que monté para la ocasión, estar Eli-u que también canta en el disco, va a tocar Herman Klang en teclados".

Lejos de ese clisé (no siempre ajustado a la realidad), del toque entre amigos, algo caótico, improvisado, este concierto será la consecuencia naturalizada de un trabajo disciplinado, meticuloso. Primero, en la elección del repertorio: todo Temporada de conejos (2009), más una selección de sus ediciones anteriores (El evangelio según mi jardinero, de 2006, Plácido Domingo, Ir y volver e ir, Plácido Domingo o Llévenle, su disco debut, de 1996). En este plan, su concepto es (felizmente para la escucha inteligente) claro y rotundo. No se trata de un repaso mecánico de hits ni, en el caso de Temporada..., de un "profesional" ejercicio reproductivo: el mismo sonido logrado en el estudio trasladado, casi sin cambios, al escenario.

Y el argumento, más simple aún: "Porque las canciones están continuamente mostrando nuevas facetas, y eso es lo que me mantiene interesado en tocarlas. No me interesa reproducir exactamente un disco. Me parece que una grabación y un concierto son instancias bien diferentes, y cada una con sus posibilidades, recursos".

En otras palabras, una forma de asumir la independencia como valor real, tangible, y reactivar las defensas contra la vieja (y tan mimada por la gran industria) máquina de hacer chorizos. "Me parece -insiste y con razón- que si una canción está buena soporta casi cualquier cosa que vos le quieras hacer y hasta en muchos casos lo agradece. Porque está bueno que una canción que vos escuchaste en el disco, con un arreglo de cuerdas y una programación, por ejemplo, la puedas escuchar en vivo con un ukelele y te pase lo mismo u otras cosas equivalentes". Una razón más que suficiente para creer que el postulado de la "obra abierta" de Umberto Eco, sigue gozando de buena salud.

Temporada de conejos, incluso a pesar de haber sido gestado y parido en un año muy agitado (lanzamiento del DVD con los Bochamakers, proyectos de producción para otros artistas, giras), tiene ese sello inquieto, provocador aunque con ingredientes algo diferentes.

"Siento que ahora estoy en un proceso, y con este disco más que con ningún otro, de construir las canciones. No me interesaba que fuera un proyecto evidentemente cancionero, por más que en el fondo lo es. Los primeros temas que aparecen, por ejemplo, no tienen estribillo, hay letras que parecen improvisadas y después de varias escuchas te podés dar cuenta de la lógica interna que tienen". Y ese trabajo constructivo tenía un objetivo: hacer "un disco espeso, que no fuera super claro, que no se agotara en una primera escucha. No me preocupa que pueda ser menos gente la que lo escuche. Lo que sí me importaba y me importa es que lo escuchen los que realmente quieran escucharlo, y tengan cosas para congeniar con él".

El resto correrá por cuenta de las múltiples lecturas. Incluso, al no ser un disco de canciones emblemáticas, hiteras, las respuestas, o mejor: las múltiples respuestas, ya han llegado. "Uno viene y me habla de un tema, después viene el otro con otra canción que está en las antípodas de la primera. Y es lo que quería: hacer un disco abigarrado, con mucha información". Para eso, el estudio montado al lado de su casa, fue el espacio para estimular la investigación sonora y trabajar en la convicción conceptual de la obra. Y, no sólo de paso, capitalizar las colaboraciones de socios creativos, y amigos, como Kiko Veneno, Martín Ibarburu, Eli-u, entre otros.

Kiko Veneno: voz y poesía admirada por Buscaglia.

Las nuevas cabezas de los Bocha

Martín Ibarburu

Es el socio que tiene Buscaglia en el estudio montado a pura tecnología, al lado de su casa. También, el baterista de todos, y, claro, también en los "Bochamakers".

Mateo moreno

Hombre y nombre de bajos, pero también del canto, la composición y la producción. Lleva ahora su toque inteligente, swingueado, y también sus coros a este lúcido proyecto de Buscaglia.

Matías Rada

Es el hombre que debuta en el concierto del sábado, y en un papel para el que Rubén Rada, su padre, le tiene plena confianza (y por algo lo recomendó) humana y musical: el de guitarrista.

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