Tres siglos después: Dietrich Buxtehude

HUGO GARCIA ROBLES

LAS COLUMNAS

Apesar que Dietrich Buxtehude había nacido en 1637 en la localidad que hoy se llama Bad Oldesloe, originalmente danesa, a partir de 1668 se radicó en Alemania. Su obra está inserta en el rico legado organístico protestante, ya que en la Iglesia de Santa María, de la ciudad de Lübeck ejerció una fecunda tarea musical. Allí casó con la hija de su predecesor, el maestro organista Tunder, según la costumbre de resonancia medieval que alcanza al período barroco y que el propio Bach debió enfrentar. Buxtehude en Lübeck no solamente ejerció su talento como organista y como compositor.

Creó las veladas musicales, verdaderos "conciertos espirituales", para voces e instrumentos que, desde 1673 realizó en Adviento, durante los cinco domingos previos a Navidad. Para cada domingo de ese tramo del año litúrgico compuso un ciclo de cantatas. En 1705 Juan Sebastián Bach acudió a uno de esos conciertos y pudo escuchar la cantata que Buxtehude compusiera con motivo de la muerte del Emperador Leopoldo I. La admiración de Bach por Buxtehude hizo que recorriera a pie los trescientos cincuenta kilómetros que separan a Lübeck de Arnstadt, donde entonces residía.

Es evidente la influencia que el estilo de Buxtehude ejerció sobre el arte de Bach. Ese estilo revela una personalidad poderosa, dueña de una gran capacidad imaginativa creadora, al mismo tiempo su expresividad se aproxima a la manera emotiva del romanticismo. La armonía de sus obras contiene elementos de gran audacia y a pesar que las dedicadas al órgano son típicas del arte barroco germano, en sus cantatas y composiciones vocales pesa más la influencia de los maestros italianos como Carissimi. Maestro que, como se sabe, es uno de los pilares de la cantata y el oratorio y que ejerció su magisterio a través de discípulos de toda Europa.

Buxtehude, al igual que Marco Antonio Charpentier en Francia y Alessandro Scarlatti en Italia, no pudo eludir esa impronta. Dietrich Buxtehude falleció en Lübeck el 7 de mayo de 1707.

Gracias a la infatigable Cristina García Banegas el aniversario de los tres siglos de la muerte del gran maestro no pasará en silencio. El Segundo Festival Buxtehude convoca a la propia organista y directora, al barítono Ulrich Schrader y al Cuarteto de Cuerdas Barrocas, quienes desarrollan el acontecimiento desde el pasado domingo 4 de noviembre.

El próximo será en la Iglesia de San Antonio y Santa Clara (Hermanos Capuchinos), Canelones 1660, esquina Minas, a la hora 20. Además de Buxtehude se interpretan obras de los compositores de su tiempo, en un acontecimiento que cuenta con los auspicios del Ministerio de Educación y Cultura y de la Intendencia Municipal de Montevideo y la presencia de La Spezia.

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