GUILLERMO ZAPIOLA
Es curioso. Para su respetable minoría de seguidores, se trata de "la mejor serie de televisión de la historia". Ha llegado a su quinta (y última) temporada, y actualmente se la ve en Uruguay a través de HBO los sábados a las 22.
Y sin embargo The Wire, que si no es la mejor resulta en todo caso una de las mejores series policiales de la pantalla chica, nunca ha alcanzado los primeros niveles de `rating`, y sólo ha tenido alguna presencia ocasional en las candidaturas a los Emmy. En su última temporada ha sido candidata únicamente en el rubro mejor libreto de serie dramática, una distinción en la que ya compitió (y no ganó) en el 2005.
Las historias de The Wire transcurren en Baltimore, Maryland, y constituyen una de las visiones más adultas que la televisión haya aportado nunca del universo policial. Sus productores David Simon y Ed Burns se conocieron hace veinte años, cuando Simon era cronista policial del Baltimore Sun, y Burns trabajaba en el departamento de policía de Baltimore, en la división antidrogas.
ANTECEDENTES. Burns, que hoy tiene sesenta y un años, era un veterano de Vietnam con una licenciatura en Historia y un grado menor en Filosofía de la Universidad de Loyola cuando ingresó en la Policía en 1971. Simon trabajó entre 1993 y 1999 en la serie Homicide, y luego unió fuerzas con Burns para crear The Wire. A lo largo de sus cinco temporadas, la serie ha llegado a sesenta capítulos, desplegando lo que alguno de sus admiradores denomina "un carácter adictivo". Está armada de tal manera que cada capítulo resuelve una historia concreta, pero al mismo tiempo deja algún cabo suelto para despertar el interés de sus seguidores.
Por supuesto, es la fórmula inventada por Steven Bochco para sus clásicas El precio del deber y Departamento de Policía de Nueva York, y tiene un riesgo que quizás afectó su popularidad: obliga al espectador a estar todas las semanas a la misma hora frente al mismo canal de televisión, y ello tiende a correr a una parte del público.
Nada de ello afecta por cierto el juicio sobre la calidad de la serie, ni la valoración positiva que hacen de ella sus seguidores. Se trata, casi sin lugar a dudas, de uno de los acercamientos más creíbles y realistas que se hayan visto en la pantalla chica de la actividad policial, particularmente en lo que tiene que ver con el combate al tráfico de drogas. Muchos de los personajes en The Wire (políticos, policías, traficantes) se basan en figuras reales de la ciudad de Baltimore, y varios actores secundarios son de hecho aficionados que se interpretan a sí mismos ante la cámara.
Cada una de las temporadas ha estado centrada en algún aspecto diferente de la ciudad de Baltimore. El tema de la primera temporada se concentró en la lucha entre la policía y las bandas de narcotraficantes en el distrito oeste de la ciudad, observado desde ambos puntos de vista. La segunda temporada se ubicó sobre todo en el puerto de Baltimore, la tercera se organizó en torno a un retrato de la clase política y su involucramiento en actividades no siempre honorables, la cuarta se interesó en particular en la repercusión de todo ello en el sistema educativo, y la última, que ya terminó en EE.UU., ha elegido como blancos a los medios de comunicación de la ciudad.
El crítico español Carlos Boyero se formuló una pregunta certera: "¿Qué tiene de excepcional la serie que crearon David Simons y Ed Burns?", y con igual puntería ensayó la respuesta. "Todo", escribió. "Realismo de primera clase, personajes y situaciones que desprenden verdad, guiones en los que no falta ni sobra nada, un retrato de los mecanismos del narcotráfico y de la tan lógica como generalizada corrupción que crea un negocio tan sabroso como perdurable, actores enormemente veraces que jamás dan la sensación de estar interpretando, villanos inquietantes y policías muy humanos empeñados en dignificar su complicada profesionalidad, el ritmo que necesita cada historia, rechazo radical de los tópicos y del edulcoramiento, una atmósfera admirable, estilo, talento, complejidad emocional, mordacidad, acción gracia, tragedia peligro, magia horror, reflexión, todos esos dones con los que nos enamora ancestralmente el gran cine".
VARIANTES. La reflexión de Boyero se entronca con otra que sugería una nota reciente de Rocío Ayuso en El País de Madrid: la de que el cine norteamericano no ha muerto, se hace para la televisión, y se llama fundamentalmente HBO y Showtime. La creencia de que para ver buena televisión hay que esperar a que repitan Los gozos y las sombras o la próxima adaptación literaria de la BBC no es más que snobismo o pereza intelectual.
The Wire no sólo cuenta con admiradores como Barack Obama o Tom Waits (este último permitió que su canción Way Down the Hole fuera utilizada en los títulos iniciales), sino que ha apelado también a los talentos de guionistas de la talla de George P. Pelecanos, Richard Price o Dennis Lehane. El creador y guionista Simon ha sido muy claro con respecto a sus criterios: "Mis estándares en lo que a verosimilitud se refiere son simples y rigen mi prosa desde que empecé a escribir: que se fastidie el espectador medio", declaró en una entrevista concedida al escritor británico Nick Hornby en la revista The Believer. Allí Simon pudo agregar: "The Wire está violando un buen número de convenciones y tópicos de la televisión episódica", y eso lo gratifica.
Tras la clausura de The Wire, Simon y Burns se embarcaron en una serie no menos arriesgada. Están produciendo Generation Kill, para HBO, ambientada en la guerra de Irak.
Drama carcelario que regresa con una peculiar campaña promocional
Los submundos en televisión no son exclusivos de The Wire. Mañana, por ejemplo, comienza en Uruguay por el canal FX la tercera temporada de la serie carcelaria Prison Break.
Mientras la producción llega en Latinoamérica a su tercera temporada, en Estados Unidos se habla ya de la cuarta. La acción transcurrirá algunos años después, con varios "flashbacks" para cubrir los baches intermedios de la anécdota, y un énfasis en el papel de la doctora Sara Tancredi, "resucitada" pese a la forma bastante drástica en que fue sacada del programa en una temporada anterior. Algunos cínicos se preguntan si se la verá con una notoria cicatriz en la garganta.
La nueva temporada de Prison Break provocó una serie de campañas promocionales bastante insólitas. Es el caso de los responsables de la emisión brasileña que encerraron a un actor en una celda, como el personaje de Michael Scofield (quien simuló un asalto para ir preso y poder ayudar a su hermano, detenido y condenado a muerte por un delito que no cometió), y solamente saldrá de ella cuando alguien encuentre las pistas adecuadas en el sitio www. querosairdaqui.com.br. Mientras nadie dé con las pistas en cuestión, el prisionero deberá alimentarse con la misma comida que reciben los presos de la serie, no podrá bañarse ni cambiarse de ropa, y deberá hacer sus necesidades en su propia celda, cubriendo su cuerpo con un paño a la altura del cuello. La idea es que alguien logre liberarlo en un plazo cercano.