CARLOS REYES
Gustavo Espinosa (Treinta y Tres, 1961) acaba de ganar el Bartolomé Hidalgo en la categoría Narrativa. El hecho no sorprendió demasiado a quienes habían leído su atrapante novela "Las arañas de Marte", editada por Hum el año pasado.
Se trata de su tercera novela (después de China es un frasco de fetos y Carlota podrida, esta última también publicada por Hum) y el fondo histórico de la trama es uno de los efectos colaterales más absurdos de la Guerra Fría: el encarcelamiento y tortura de un grupo de muchachitos de Treinta y Tres durante el Año de la Orientalidad, es decir, 1975.
"El protagonista es un participante algo marginal de aquel grupo de adolescentes, que consigue un empleo como guitarrista en una especie de music hall miserable. Este personaje es el que, casi 40 años después, le cuenta la historia a un amigo para que escriba con ella una novela. Se intercalan en la narración, que habla de glam rock y de ciencia ficción, y las décimas de un poeta bizarro, que el protagonista conoce en el show donde trabaja", sintetiza el autor para El País.
Consultado sobre en qué medida su condición de olimareño pesa en su obra, responde: "Decía Roberto Bolaño que para escribir novelas no es necesario tener imaginación, sino tener memoria. Este precepto es algo exagerado y propicia la autoficción o la no ficción, pero se puede jugar con él. Mi memoria, o las fabulaciones de la memoria, ocurren en el lugar donde he vivido casi toda mi vida. Por lo tanto escribo sobre Treinta y Tres, o sobre el mundo (o lo que queda de él) desde Treinta y Tres. Creo que debería intentar salir de allí en el futuro: escribir sobre Melo o sobre Júpiter", dice con humor.
En cuanto a su propia prosa, Espinosa asegura que procura que ésta "sea un monstruo delicado, como decía Baudelaire: cada frase debe ser un pequeño espectáculo. Pero también debe tener exactitud y brutalidad, debe contar, debe hacer fluir la narración. Hay que buscar una prosa tensa, huir de la retórica de lo políticamente correcto, cuidarse de la mala sintaxis institucionalizada", agrega.
Ese camino lo tomó, como todo escritor, siguiendo a los grandes. "Los autores que me han deslumbrado en distintos momentos suelen ser extraños entre sí. Por ejemplo: Bioy Casares detesta explícitamente a Góngora, pero no es exagerado decir que son dos de mis escritores favoritos. Por otro lado, no soy muy novedoso ni heterodoxo en mis preferencias: Dante, Shakespeare y Cervantes son centrales o insuperables, a pesar de que lo haya dicho Harold Bloom. Me interesan más las traducciones de Esquilo o de Homero que la mayoría de los textos escritos originalmente en español. Debería mencionar también a Baudrillard y a Pappo", dice quien también es músico, periodista cultural y docente de literatura, actividad esta última que, según comenta, le ha restado escribir más ficción.
"En general no tengo tiempo de emprender ningún texto más o menos largo durante el año lectivo. Ahora estoy tratando de escribir algunos artículos de crítica cultural, y sobre todo tratando de cumplir con uno para una publicación colectiva que coordinará Óscar Larroca".
El escritor afirma con optimismo que la prosa ficcional uruguaya viene subiendo la puntería. "En los últimos tiempos ha aparecido gente más joven que yo, que lleva adelante una obra creativa y potente: Daniel Mella, González Bertolino, Ramiro Sanchiz, Leonardo De León, Mercedes Estramil. Se está escribiendo mejor que hace algunos años".
Espinosa considera que su flamante Bartolomé Hidalgo, "más allá de cierta inflación de la vanidad, me da una señal de que no estoy tan equivocado en creerme un escritor. Este oficio produce mucha inseguridad (al menos a mí), porque se escribe en absoluta soledad, como decía Arlt. Entonces, cuando llega un premio, siento alivio: hay otras personas que avalan mi delirio. Es de esperar, además, que el libro se vea más en las vidrieras, se mueva un poco, que la gente tenga curiosidad por leerlo y que no salga decepcionada".
Y sobre cómo lo han recibido sus vecinos de Treinta y Tres, contesta: "Mucha gente me felicita con alegría. Pero también es cierto que muchos no saben (ni en Treinta y Tres, ni en Paysandú, ni en Montevideo) qué cosa es el Bartolomé Hidalgo. No vayan a creer que hubo ofrendas o caravanas, como cuando Rosana Pintos salió Reina Nacional de la Juventud, o Ruben Darío Mesones ganó la Vuelta del Uruguay", remata con un dejo de ironía este destacado artista.
Una compleja síntesis del Olimar
La primera novela de Espinosa, China es un frasco de fetos (que ahora se buscará volver a sacar al mercado) fue escrita en los años 80, pero recién fue publicada en 2001, después de haber sido premiada en el concurso Posdata 2000.
En 2009 dio a conocer su segunda novela, Carlota Podrida, que Soledad Platero, desde El País Cultural, la describió como "un texto de agudeza sorprendente, uno de los libros más bellos, más dolorosos y más inteligentes de la narrativa uruguaya de los últimos 20 años".
"En Carlota podrida aparece la fascinación adolescente por una actriz; allí y en Las arañas de Marte están el rock (los protagonistas de las dos novelas son músicos) y la literatura; está también cierta cultura trash treintaytresina o vista desde Treinta y Tres: sintaxis de informativo, fotonovelas, poesía de payadores, películas. En fin, todo lo que algún aficionado al `slang` burocrático actual llamaría consumos culturales. Estoy pensando, repito, en cómo salir de tanta autoficción", promete.
También es autor de Cólico miserere, un libro de poesía que obtuvo el Premio Fondo Concursable en 2009 y que editó Trilce.