"Debo confesar que esta es mi preferida”, dice Griselda Siciliani antes del estreno hoy de la tercera temporada de Envidiosa, que se suma hoy a Netflix . Una temporada que, sin dudas, tampoco pasará desapercibida para la audiencia. Es que, en ella, podremos disfrutar de una “nueva” Vicky; una Vicky que, después de tantos años de psicoanálisis, por fin se enfrentará a los mandatos e intentará aplicar todo lo que fue trabajando en terapia. También, y aunque ya hay una cuarta entrega confirmada y grabada, empezará el camino hacia la despedida de este personaje que fue tan icónico e importante en su carrera.
“Envidiosa va a estar en el top de mi carrera porque es mi serie”, confiesa la también cantante y bailarina, a pesar de no tener nada en común con esta cuarentona soltera y sin hijos. “No soy una persona celosa ni envidiosa. No va por ahí mi neurosis (risas). Mi neurosis va más por el perfeccionismo, por querer abarcar mucho, por castigarme por las cosas que no llego a hacer, pero no por la competencia con los otros. Por eso me resulta tan lindo hacer a Vicky, porque no tengo tantos puntos en común y eso me permite jugar mucho más”, revela.
—¿Con qué Vicky nos vamos a encontrar esta temporada?
—Eso era una incógnita para mí porque después de dos temporadas uno se pregunta con qué nos metemos, qué le puede pasar a Vicky en una tercera. Pero cuando leí el guion me encantó. Siento que esta es la primera vez que Vicky hace un cambio, que descubre algo. Se empiezan a ver esas herramientas que tomó de la terapia, de su pareja, de su hermana y hay cambios en su vida. Y hacia el final de la temporada es cuando realmente descubre que aquello que creía que era un deseo era un mandato, un mandato muy poco conectado con lo que realmente quiere para su vida. Esos que hacen que no te puedas encarrilar con tu verdadero deseo porque no es lo que la sociedad espera de una mujer a cierta edad.
—La relación con Matías (Esteban Lamothe) se vuelve mucho más estable aunque atraviesa un montón de desafíos… ¿Cómo fue filmar esas escenas?
—Con Esteban tenemos una relación muy cercana, hay una amistad tan fuerte que nos resulta muy fácil confiar en el otro. Nos miramos y ya sabemos lo que el otro va a hacer. A veces, por las características de mi personaje, me doy la licencia de improvisar entonces él me sigue como si supiera lo que voy a hacer. Igual ensayamos antes de que empiece el rodaje, sobre todo, las escenas particulares que iban a marcar el vínculo de Vicky y Matías.
—Por momentos, la historia incorpora un recurso más poético, algo que no estaba antes...
—Eso fue idea de Daniel Barone, que dirige esta temporada, y Guillermo Zappino, el director de fotografía. Ellos trajeron la propuesta de incorporar estas imágenes más poéticas cuando a Vicky le pasan cosas que no puede manejar, y eso fue hermoso y conmovedor a la hora de filmar.
—También hay nuevas incorporaciones como Nicki Nicole, Agustín Aristarán, María Abadi, Sebastián Wainraich y Julieta Cardinali… ¿Cómo fue compartir el set con ellos?
—Fue increíble. Con Nicki tuvimos química enseguida y se armó algo muy lindo. Por momentos, Vicky y Virtudes (así se llama su personaje) tienen una relación muy maternal. Me dio mucho honor ser la primera persona con la que dé sus primeros pasos como actriz. Es una genia absoluta. Con “Soy Rada” y María también aunque Esteban tuvo más escenas con ellos. Lo mío era más pensar en ellos (risas). Pero nos reímos mucho juntos. Hubo que parar el rodaje muchas veces porque por momentos nos tentábamos mucho.
—¿Que Vicky sea una heroína “políticamente incorrecta” es lo que hizo que esta serie tenga tanto éxito?
—Sí, porque no es la típica heroína que conocemos. Todo lo que piensa y todo lo que dice es incorrecto, es cancelable. Vicky atrasa mucho en todo pero, a su vez, lo hace desde tal honestidad e ingenuidad que uno termina empatizando con ella.
—¿Hacer que el público empatice con alguien con puntos negativos fue el mayor desafío a la hora de interpretarla?
—¡Totalmente! Y creo que para que eso suceda estuvo muy a favor el humor. Vicky es un personaje muy cancelable por muchas cuestiones pero que te hace reír entonces hay algo de eso que nunca perdí de vista. Yo pensaba: “Vicky tiene que ser una mujer con la que tal vez uno no está de acuerdo pero hay que quererla”. A pesar de todas sus cosas negativas, estaba ocupada en generar humor y vulnerabilidad, y eso lo lográs con sutilezas en la actuación, en el libro y en la dirección.
—¿Cómo fue ponerle el cuerpo a un personaje tan intenso?
—¡Agotador! (risas) Estoy en todas las escenas y en todos los capítulos entonces eso se traduce en jornadas de trabajo de once horas por día, todos los días, durante muchos meses. Creo que ese fue el mayor esfuerzo. Estar actoralmente disponible, blanda y sensible para construir humor todos los días con todo lo que te pasa en tu vida. Sin dudas, es de los proyectos más agotadores que he hecho. Y también, de los más agradecidos por la gente.
—Sabemos que, además de esta temporada, hay una más pero que será la última. ¿Cómo es para vos despedirte de un personaje que fue tan significativo en tu carrera?
—Ese último día de rodaje fue muy sensible. Yo venía aguantando porque hasta el último minuto había mucha cosa que hacer, mucha cosa que filmar pero grabar ese final fue una mezcla entre lágrimas y euforia. Me acuerdo que ese día me fui con un montón de regalos que me habían hecho los diferentes equipos de vestuario, de arte, de sonido, y me subí al auto y lloré todo el trayecto despidiendo a este personaje.
Cynthia Caccia, La Nación/GDA