Con información de La Nación/GDA
Medicina letal, la miniserie de Netflixde los guionistas Micah Fitzerman-Blue y Noah Harpster —responsables, entre otros trabajos, de Un buen día en el vecindario— se adentra en un terreno bastante familiar para quienes estén interesados en cómo la empresa farmacéutica Purdue Pharma introdujo en el mercado un analgésico llamado OxyContin a mediados de los 90, lo que causó una de las epidemias de consumo de opioides más devastadoras en los Estados Unidos.
En primera medida, surge la inevitable comparación con Dopesick (está en Star+), otra miniserie que focalizaba en el mismo tema, concebida por Danny Strong y con protagónicos de Kaitlyn Dever y Michael Keaton, quien se llevó el Emmy por su interpretación de un médico que empezó a recetar el medicamento a sus fieles pacientes creyéndolo inofensivo, con un porcentaje de adicción del 1%, tal como Purdue lo había “vendido” en su campaña publicitaria.
Un año después, en 2022, la realizadora Laura Poitras presentó su documental All the Beauty and the Bloodshed, basado en la figura de la artista Nan Goldin y su activismo contra la farmacéutica. El trabajo de la directora cosechó una nominación al Oscar y el León de Oro, el premio principal en el festival de Venecia.
En HBO Max está, además, El crimen del siglo de Alex Gibney, quien figura como productor ejecutivo de Medicina Letal.
Y Netflix tiene en su catálogo otro documental que se centra en el mismo tópico, El farmacéutico, una bioserie de cuatro episodios sobre la batalla de Dan Schneider contra la epidemia de opioides en su comunidad, y con la trágica muerte de su hijo como motor para una lucha incansable. Si bien estos ejemplos no implican necesariamente que Medicina letal haya llegado tarde al debate, distinto hubiese sido el panorama si en sus seis capítulos se vislumbrase un intento de ofrecer algo diferente.
Con dirección del experimentado Peter Berg, la miniserie concibe su narrativa tomando como punto de partida el artículo publicado en The New Yorker, “La familia que construyó un imperio del dolor”, de Patrick Radden Keefe, y también en el libro Pain Killer: un imperio del engaño y el origen de la epidemia de opioides de los Estados Unidos, de Barry Meier.
Medicina letal —la segunda serie de Netflix más vista en Uruguay; la primera es Depp vs Heard— sintetiza toda la hsitoria en seis episodios y cuatro figuras: Richard Sackler (Matthew Broderick, que está poco tiempo en pantalla), director ejecutivo de Purdue Pharma, que está decidido a hacer cualquier cosa con tal de conseguir ganancias; Glen Kryger (Taylor Kitsch, actor habitual del director Peter Berg), propietario de una tienda de neumáticos, hombre de familia y adicto a OxyContin; Shannon Schaeffer (West Duchovny), una ambiciosa representante de ventas de Purdue y Edie Flowers (Uzo Aduba), una obstinada investigadora federal.
El de Sackler es el único personajes real; los otros fueron creados para la ficción. Se avisa que “ciertos personajes, nombres, incidentes, lugares y diálogos son ficticios con fines dramáticos”.
Cada episodio comienza con el padre de un joven que sufrió una sobredosis de OxyContin.
La historia aporta, ya desde el comienzo todas las referencias para quienes no conocen el tema. Así, se describe cómo el consumo de oxicodona fue aumentando progresivamente debido a sus componentes altamente adictivos generando, se ha dicho, un “mercado del dolor”. Cómo los médicos vendían el opioide para su beneficio y con plena conciencia de estar rompiendo su juramento hipocrático, y cómo los representantes de la farmacéutica ganaban millones de dólares anuales según cuantas dosis de oxicodona lograban vender a través de esos mismos médicos.
Purdue Pharmaes señalada como una de las grandes responsables de la crisis de los opiáceos en Estados Unidos, que ha matado a más de medio millón de personas, y en 2019 se acogió a la Ley de Quiebras, pero desde entonces ha habido una batalla judicial sobre su plan de compensación de los afectados.
En lo que no es el final de la historia, el 10 de agosto, el Tribunal Supremo de Estados Unidos bloqueó el acuerdo de bancarrota de Purdue Pharma, que imponía un pago de 6.000 millones de dólares a los Sackler, pero les protegía de futuras demandas por la vía civil.