Leah Greenblatt / The New York Times
En 2024, con Bebé reno, que creó, escribió y protagonizó, el escocés Richard Gadd de 37 años se hizo famoso prácticamente de la noche a la mañana. La serie ganó seis Emmy y es una de las producciones en inglés más vistas de Netflix.
“Fue una locura”, dijo Gadd sobre el impacto de Bebé reno, basada libremente en su vida. Interpreta a un mozo de Londres y aspirante a comediante cuyos recuerdos recuperados de una agresión sexual de un mentor se entrelazan con el comportamiento cada vez más perturbador de una clienta obsesiva (Jessica Gunning) que conoce en el pub.
A los pocos meses del estreno, Gadd comenzó a rodar otra serie en la que es el único guionista y uno de los protagonistas: la miniserie de HBO (está, además, en HBO Max y NSNow de Nuevo Siglo) Half Man. También explora la dinámica disfuncional entre dos personas solitarias y profundamente perturbadas, pero Half Man, un retrato a menudo volcánico de la rabia y el ajuste de cuentas masculinos, se mueve generalmente en un registro más oscuro.
La historia se centra en dos adolescentes escoceses llamados Ruben y Niall, dos hermanastros no del todo hermanastros cuya relación retorcida se prolonga hasta la adultez, cuando Gadd y el actor Jamie Bell (el de Billy Elliot) asumen los papeles. La actuación de Gadd le valió otra nominación al Emmy y provocó numerosos análisis en los medios sobre el estado de la masculinidad contemporánea.
En persona, la presencia amable y reflexiva de Gadd contrasta marcadamente con los personajes extremos que ha interpretado en pantalla. En una entrevista posterior a la sesión fotográfica, habló sobre las relaciones tóxicas y la política de la represión masculina. Estos son extractos editados de la conversación.
—En Half Man, Ruben y Niall mantienen durante años un vínculo psicosexual poco saludable. ¿Por qué no pueden dejarse?
—Niall y Ruben son versiones extremas de hasta dónde puede llegar una relación tóxica. Pero creo que todos conocen a esa pareja o dúo eterno que se hace mal mutuamente pero no puede separarse. Lo he observado en la vida y conozco ese arquetipo. Y creo que, a veces, cuando dos químicas cerebrales, corporales y espirituales están entrelazadas, resulta extremadamente difícil desenredarlas. Ruben entra en la vida de Niall en un momento particular, y ambos atraviesan juntos esa experiencia abusiva: Niall necesitaba que alguien estuviera allí para salvarlo. Había una deuda, había confusión, había atracción. Y a veces las relaciones de las que más cuesta desprenderse son las que se originaron en la infancia.
—Perdió una cantidad considerable de peso para Bebé reno y luego aumentó de volumen para Half Man. ¿Cómo influyó el aspecto físico en estos papeles?
—Es interesante. Bebé reno está basada en mi vida, cuando había atravesado una gran cantidad de traumas físicos y mentales, y recuerdo muy claramente que tuvo un gran impacto en mi apetito, o en su ausencia. Así que quería intentar recuperar cierto grado de verdad en ese sentido. Sentía que tenía que haber algo de fragilidad y vulnerabilidad. Y con Ruben hice lo contrario. Necesitaba sentir lo que significa tener ese tipo de poder en el cuerpo. Ahora soy más pequeño porque no me gustaba cargar con ese tamaño. Pero cuando estaba en mi mayor tamaño para interpretar a Ruben, recuerdo que caminaba por el pasillo central de un avión y la gente bajaba la cabeza. También tenía ese corte de pelo demencial y la barba. Pero es interesante la manera en que la sociedad reacciona ante el tamaño físico. Ruben obviamente hace muchas cosas malas -no estoy justificando su comportamiento-, pero está profundamente traumatizado y es vulnerable. Y su manera de protegerse del mundo era presentarse como alguien objetivamente aterrador e imponente.
—Convirtió la honestidad brutal en una marca distintiva de su trabajo. ¿Eso lo volvió un receptor de los secretos de desconocidos?
—Sí, sin duda. Y está bien, porque sería muy frío de mi parte decir: “Hice esto y ahora ustedes no pueden venir y hacerme eso a mí”. Siempre tengo que decir que no soy terapeuta, y creo que a veces la gente busca algún tipo de respuesta que yo no puedo ofrecer. Pero puedo escuchar. Puede ser intenso y nunca he dominado el arte de manejarlo. Especialmente en el apogeo de Bebé reno ocurría al menos una vez al día. Pero realmente me sorprendió la cantidad de hombres que se acercaban a mí para contarme algo que nunca le habían contado a nadie. Me di cuenta de que la gente carga con mucho dolor.
—Hay mucha cobertura de la llamada manosfera en la cultura popular. ¿Cómo es ver que su trabajo queda atrapado en ese debate?
—Es interesante porque nunca partí de una agenda social o política. Quería explorar las relaciones entre hombres, particularmente la represión masculina, pero, de manera innata, la gente piensa que es una obra política que habla de nuestro tiempo. ¡Nunca había oído hablar de la manosfera! Prefiero que la gente simplemente experimente la serie y tome de ella lo que necesite, porque creo que uno de los errores que puede cometer la televisión es hacer demasiado obvio lo que quiere que sintamos y pensemos.