Sebreli y el "vale todo" de la posmoderni dad

Vuelta. "El olvido de la razón" retoma la tradición ilustrada

GUILLERMO ZAPIOLA

Lo han llamado "el gran provocador". El argentino Juan José Sebreli es el tipo de pensador heterodoxo que suele enojar a mucha gente. Su último libro, El olvido de la razón (Sudamericana, 2006) está ya en la librerías y lo prueba una vez más.

La cuatrocientas doce páginas de texto más notas e índice onomástico integran un libro en el que Sebreli (nacido en Buenos Aires en 1930, antiguo colaborador de las revistas Sur y Contorno, redactor de Perfil y columnista de La Nación) prolonga su reflexión sobre los movimientos políticos y artísticos contemporáneos iniciada en trabajos previos como El asedio a la modernidad (1991), El vacilar de las cosas (1994) y Las aventuras de la vanguardia (2000).

La idea básica que atraviesa la reflexión de Sebreli es aquella tan cara a Habermas de que la modernidad, entendida como el movimiento que arranca con la Ilustración y reivindica los principios de la libertad individual, la racionalidad y la afirmación de valores universales, es un proyecto inacabado. La posmodernidad habría sido en cambio un retroceso neorromántico, la vuelta a posturas irracionalistas y en último término reaccionarias, aunque se vistan con ropajes de izquierda.

POLÉMICAS. Si Los deseos imaginarios del peronismo (1983) era una implacable desmitificación de algunas leyendas acerca de ese movimiento político, El vacilar de las cosas oponía al Marx más desconocido con lo que los autoproclamados marxistas han perpetrado en su nombre, y Las aventuras de la vanguardia denunciaba como un fraude al setenta por ciento del llamado "arte moderno", El olvido de la razón apunta a las raíces irracionales de lo que puede bautizarse como el "vale todo" posmoderno.

Sus blancos abarcan desde el psicoanálisis post freudiano, con particular saña contra Lacan (al propio Freud lo rescata, con reticencias, como un "iluminista heterodoxo"), hasta el estructuralismo (Levi Strauss) y sus "post" (Barthes, Deleuze, Althusser, Derrida), o la irresponsable reivindicación de la locura por parte de Foucault y epígonos. Tras varias de esas escuelas de pensamiento detecta la sombra irracional de los idealistas alemanes del siglo XIX, sus herederos Nietszche y Heidegger, y mucha tontería ocultista y esotérica.

Los virajes políticos de Sebreli (ex-izquierdista reciclado a votante de López Murphy) han generado ataques "ad-hominem" que eluden la discusión de ideas. Éstas son empero lo que importa en el autor, no sus opciones electorales: las banderas de la razón (el "logos" griego), la historia, la convicción de que el mundo tiene sentido y puede ser comprendido por la mente humana. Con cierta resignación reconoce al final sentirse parcialmente acompañado por "extraños compañeros de ruta": Sartre, el marxista Habermas, el elitista conservador Allan Bloom... y Benedicto XVI. No hay que estar de acuerdo necesariamente con todo lo que dice, pero uno cierra el libro y sigue pensando.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar