GUILLERMO ZAPIOLA
Dos estrellas latinas se reúnen pistola en mano y unen fuerzas para combatir el mal en Bandidas, comedia de aventuras protagonizada por Salma Hayek y Penélope Cruz que Halven ha editado en DVD.
Si la expresión "globalización" tiene algún sentido, ésta puede ser una de sus más acabadas ilustraciones. No solamente hay una actriz mexicana (Hayek) y una española (Cruz) al frente del elenco, sino que su productor y guionista es el francés Luc Besson (Subway, Nikita, Juana de Arco) y sus directores son dos noruegos, Espen Sandberg y Joachim Roenning, que han hecho más de trescientas piezas publicitarias, debutan en el largo de ficción con esta película, y reconocen haber crecido viendo "westerns".
La acción se ubica en México, en 1888, cuando los magnates ferrocarrileros ayudaron a establecer y expandir la red ferroviaria. Sara Sandoval (Salma) y María Alvarez (Penélope) son dos mujeres que pertenecen a diferentes clases sociales. La primera es una dama de sociedad, la segunda una hija de campesinos. Al conocerse se repelen de inmediato, pero el destino las une: cuando una banda de pistoleros a sueldo roba las tierras de sus respectivas familias, atacando y asesinando a sus seres queridos, se convertirán en vengadoras y asaltantes de bancos por una buena causa, la versión femenina y latina de Robin Hood y sus Alegres Muchachos del Bosque de Sherwood.
DESQUITES. En más de un sentido, también, el film debe ser entendido como una bienhumorada revancha. Mientras sus villanos son magnates norteamericanos (quienes por supuesto tienen hoy una pésima prensa), sus heroínas son latinas y mujeres, es decir representantes de sectores tradicionalmente subordinados en el cine industrial. Puede no ser casual, tampoco, que los directores Sandberg y Roenning reconozcan como su principal fuente de inspiración a los films de Sergio Leone con y sin Clint Eastwood (Por un puñado de dólares, Por unos dólares más, Lo bueno, lo malo y lo feo, Érase una vez en el Oeste) antes que los clásicos norteamericanos del género. Hay siempre algo de cinismo y de sarcasmo en esos films que un, digamos, John Ford jamás se habría permitido ejercitar. Tal vez por ello, en los Estados Unidos, Bandidas no fue un gran éxito comercial.
PASATIEMPO. Pudo serlo, por cierto. Nadie piensa que sea una gran película, pero corre con agilidad, tiene cierto humor, y la suficiente inteligencia como para no tomarse a sí misma demasiado en serio.
Hayek y Cruz eran amigas fuera del cine antes de hacer Bandidas (de hecho, la mexicana fue uno de los principales apoyos que la española obtuvo para lograr insertarse en la industria norteamericana), pero ésta fue la primera oportunidad que tuvieron de aparecer juntas en la pantalla. La idea fue de Besson, se la propuso a Cruz durante un almuerzo en un restaurante, y la española aceptó a los gritos.
Hay buena química entre las dos, y de ella depende parte de la diversión que proporciona el resultado. El resto lo hacen la acción física, no demasiado violenta ("en realidad más bien disparo tiros al aire", señala una de las protagonistas), el paisaje, y el placer culpable que suscita todo melodrama maniqueo: los héroes (en este caso heroínas) son queribles, los malos son odiosos, y el espectador disfruta cuando unos ganan y otros pierden.