Desde hoy y hasta el mar- tes 23 de noviembre inclusive se desarrolla en Sala Dos un ciclo de películas sobre la Revolución Mexicana, justo en el año en que se conmemora el centenario de ese acontecimiento histórico.
El ciclo abarca títulos que arrancan en los tempranos años treinta y llegan hasta los tardíos setenta, proporcionando un abanico de considerable variedad a propósito de las diversas visiones que el cine ha aportado sobre la revolución.
Puede ser interesante constatar, por ejemplo, que las visiones más realistas y maduras son que el olvidado pionero Fernando de Fuentes dedicó al tema en la década del treinta (El prisionero 13, 1933, que inicia el ciclo; El compadre Mendoza, 1934, que va mañana; Vá- monos con Pancho Villa, 1936, jueves 18), mientras luego el tratamiento derivó más bien hacia la idealización romántica (hay buen romance, épica y comedia en Enamorada de Emilio Fernández, 1946, que se exhibe el viernes 19).
En años posteriores, el cine incurrió con frecuencia en el acartonamiento y la caricatura, aunque cabe todavía un destaque para La negra Angustias (1950, de Matilde Landeta, que aporta un inesperado punto de vista femenino y acaso feminista); para De todos modos Juan te llamas (1976, directora Marcela Fernández Violante, lunes 22), que no trata estrictamente de la Revolución sino del alzamiento cristero); para Ora sí tenemos que ganar (1978, director Raúl Kammfer, martes 23), que evoca una rebelión minera, contemporánea de la Revolución, contra explotadora patronal norteamericana; y especialmente Memorias de un mexicano (1950, directora Carmen Toscano, domingo 21), un formidable documental que no abarca únicamente el período revolucionario sino, de hecho, buena parte de la historia mexicana de la primera mitad del siglo XX, a partir de materiales filmados por el pionero Salvador Toscano Barragán.