CRITICA | FABIAN MURO
Neil Young siempre fue uno de los rockeros más díscolos y heterodoxos. Reacio a cualquier forma de clasificación, Young se encargó de "defraudar" expectativas a troche y moche, editando discos que incluso lo llevaron a ser demandado por un sello discográfico, que lo acusó de deliberadamente grabar trabajos "invendibles".
Incluso fuera de lo estrictamente musical, los pasos de Young han desconcertado a más de uno. En los años ochenta, cuando el músico respaldaba en entrevistas y declaraciones a Ronald Reagan, muchos de sus seguidores expresaban descontento y desilusión. Cabe imaginar que otra parte de sus admiradores debe sentir algo similar hoy, cuando el cantante y compositor se pronuncia en contra de George W. Bush y sus aventuras bélicas.
Volviendo a la música: Young ha sido tan constante en esa actitud que ha acostumbrado a su público a esperar que cada disco nuevo sea diferente al anterior. Y Prairie wind no es la excepción. Luego de un ambicioso proyecto conceptual como lo fue Greendale, un álbum que incluso fue acompañado por una película, el canadiese regresa con este álbum, un trabajo más llano y directo, cuyos tópicos son en extremo personales y autobiográficos.
NASHVILLE. Grabado luego de que Young sufriera un aneurisma y también después de haber experimentando el dolor por la muerte de su padre, Prairie wind remite desde la tapa misma a un ambiente pastoral e idealizado. Cuando este disco salió a la venta, a fines del año pasado, la prensa especializada de EE.UU. establecía paralelismos entre el nuevo trabajo y títulos clásicos en la discografía de Young, como Harvest y Harvest moon. Y algo de eso hay en Prairie wind.
Bastante lejos de la furia sónica que es capaz de conjurar junto a Crazy Horse, o de la mirada retrospectiva sobre el rockabilly como en el disco Everybody’s rockin, el más reciente disco de Young se regodea en otra de sus facetas más notables: el country-rock. Casi como corresponde, Young se trasladó a la Meca del country, Nashville, para grabar Prairie wind. Fue acompañado por un experimentado equipo de músicos, entre ellos la cantante Emmylou Harris, una de las más importantes intérpretes del género. Otro que se destaca en la banda que en esta grabación acompaña a Young es el guitarrista Ben Keith, quien además es co-productor artístico del álbum. Keith es una leyenda en la guitarra ‘pedal steel’ y en el disco sus aportes tienen un brillo particular.
Con un espíritu reflexivo y sereno, Young desgrana canciones sobre el paso del tiempo, la ineludible y cada vez más cercana Parca y los recuerdos de la infancia en las praderas de Canadá. En esa tarea, Young se muestra particularmente inspirado en lo que hace a su canto. Con una fragilidad exhibida sin complejos, la voz de Young sobresale como protagonista absoluta del disco, incluso cuando está cerca de lo inaudible, como en algunas partes de Falling from the face of the Earth, donde su falsete casi se quiebra.
Sin embargo, no se trata de un disco enteramente de country-rock. De vez en cuando, Young se permite breves incursiones en terrenos más cercanos al soul, como en la sección de vientos que dan comienzo a Far from home. En No wonder, en tanto, el tono introspectivo y sereno es cortado intermitentemente por unas guitarras filosas y una actitud más agresiva por parte de Young en la interpretación vocal.
Aunque es difícil rebatir que, por momentos, Young se entrega a la nostalgia y cierta auto-compasión en las letras, las canciones de Prairie wind están entre las mejores que haya compuesto e interpretado este músico en los últimos años. En su totalidad, Praire wind supera con creces la impresión causada por discos anteriores como el mencionado Greendale y Are you passionate?. Aunque no alcance el nivel de discos como This note’s for you o Harvest, Prairie wind prueba que Young aún es capaz de componer canciones por las que vale la pena esperar.
PRAIRIE WIND
Autor. Neil Young
Producción. Ben Keith, Neil Young
Edita. Reprise/Warner